CAPÍTULO XLVII Por los siguientes dos días Selene no se despegó ningún momento de Aidán, no podía estar mucho tiempo con él en la habitación, ya que el joven se encontraba en terapia intensiva, no obstante hacía guardia día y noche afuera, observando atenta a Aidán a través del vitral. Selene no cedió ni a los ruegos de su madre, ni a las recomendaciones del médico que atendía su embarazo. Quería estar ahí cuando Aidán despertara, no se perdonaría nunca el no hacerlo. —Selene, ¿cómo sigue?—preguntó Solomon, parándose a un lado de ella, venido a Aidán por el vidrio. —Solomon, hola —ella apenas y lo miró. —Se ha estabilizado o al menos eso dice Trevor; pero sigue sin despertar — Selene dejó salir un pesado suspiro. —Lo peor que ya pasó Selene, Wexford es … — No me digas que es fuerte

