CAPÍTULO XLVI Un par de días más y Selene fue dada de alta, ella y Aidán se habían enfrascado en una larga discusión. Por qué la joven estaba empecinada a volver a la mansión, Aidán solo aceptó esa idea cuando ella accedió a tener seguridad las veinticuatro horas del día. —Sigo pensando que el que vivas aquí es una mala idea —refunfuñó él, mientras Selene lo despedía a las afueras de la mansión. —Aquí está mi madre y Tobías, la seguridad que mandaste traer y sin contar que también Oliver mandó patrullas —señaló ella. —Deberías irte a mi departamento—. Aidán se sentía muy intranquilo en la mansión, había decidido tantas cosas malas ahí, que no confiaba en ese lugar. —Con todo respeto amor, creo que estaré más segura aquí, además, tú no vas a estar ahí, aquí por lo menos no estaré sola—

