Asustado salió corriendo entrando a su casa, no entendía qué era lo que había visto, sentía frío por todo su cuerpo, sentía que sus órganos se congelaban, aunque hacía mucho calor. David no podía hablar, gagueando comenzó a llamar a sus padres y en su mente decía: “Los fantasmas no existen, he visto un fantasma, he visto un fantasma ¿Quién era ese niño? ¿Por qué despreció?”, aunque no hallaba respuestas a sus preguntas acerca del niño, pensó que tal vez era su cabeza que quería jugar con él. —¿Por qué gritas? ¿Qué te pasó David? —le preguntaron sus padres al llegar —Maa-a-maa, pa-a-pa… —Estás temblando hijo, ¿Qué tienes? ¿Aún te duele la herida? —le preguntó su padre y lo cargó. —David, ¿Por qué gritabas? ¿Qué pasó? ¿Te lastimaron? —preguntó Esther preocupada asustándose d

