Día dieciocho: Luna

243 Palabras
La luna estaba hermosa hoy, y aunque me hubiese gustado estar‌ en otro lugar no podría, era mi obligación terminar mi jornada‌ para que la empresa familiar no quebrara. Desde que‌ murió el abuelo, toda la responsabilidad cayó sobre mi padre y aunque era el hombre más fuerte que conocía, muchas veces no sabía cómo pedir ayuda. —¡Suéltame! —gritaba sin control mientras intentaba escapar. —La luna está hermosa hoy, ¿no lo crees?. —¡Estás loca! Exijo que me sueltes. Todos deben conocer la verdad... —¿Qué verdad? —pregunté mientras daba vueltas alrededor de su cuerpo tendido sobre el piso. —Que toda tu familia y la empresa que manejan son una farsa. —¿Estás seguro que lo somos? —acaricio su gélida mejilla con el filo de mi cuchillo—. La noche es joven y te recomendaría que la disfrutes, porque una vez que se esconda la luna, tu cuerpo quedará tendido de la soga en tu cuello. La cruda realidad que le esperaba silenció hasta su última esperanza de sobrevivir. —¿Ahora no hablas? Lo ayudo a sentarse dejando sus piernas colgando en el precipicio. —Aunque hable, nada evitará que muera el día de hoy. —Es una pena, tienes un cuerpo envidiable. Beso su cuello y siento como brinca ante mi tacto y antes de que se escondiera la luna, empujo su cuerpo hacia el vacío.
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