Habíamos perdido la noción del tiempo y no estábamos seguros del lugar en el que nos hallábamos. Todo estaba oscuro y silencioso, nunca nos habíamos perdido en medio de la nada. Seguimos caminando recto, pero no llegábamos a ningún camino que nos diera un indicio de que había vida humana. Detuve mis pasos por un momento y esperé que él lo hiciera también.
—¿Quieres que te cargue?
—Qué caso tendría si no sabemos ni a dónde ir —me siento sobre la maleza y tapo mi rostro con mis rodillas.
—Lo siento Andrea, es mi responsabilidad protegerte y no lo estoy haciendo —se sienta a mi lado y soba mi espalda.
—Ese choque nos pudo haber matado como sucedió con los que venían en sentido contrario...
—Pero sobrevivimos y ahora debemos caminar hasta encontrar a alguien que nos ayude.
—¿Y si nadie nos encuentra? Y si morimos de hambre —me acuesto y comienzo a llorar desoladamente—. Era mejor morir...
—No quiero que lo vuelvas a decir, tenemos suerte de estar con vida y no haber muerto decapitados o desollados por el fuego.
—Carlos —me siento y coloco mi cabeza sobre sus piernas—, sigue sin mí, solo soy una carga, esperaré aquí mientras vas por ayuda.
—No me iré sin ti —besa mi cabeza y me ayuda a levantarme—. Debemos evitar chocar con cualquier cosa que nos haga perder el equilibrio o que nos lastime.
—Lo intentaré.