—¿Estás seguro que es por este camino? —le pregunté mientras caminaba sujetada de su mano.
—Sí, la brújula me indica que nos estamos dirigiendo al norte.
—¿Y qué tan cerca nos encontramos de la fosa común?
—Según las indicaciones del doctor junto a la fosa están dos árboles unidos y uno de ellos tiene todas las ramas rotas.
—¿No pudo dar una mejor explicación? —pregunté irónicamente.
—Espera...
Nos detuvimos ante un árbol gigante que cumplía con todas las características que el doctor había mencionado. Nos miramos el uno al otro, y dimos la vuelta. La fosa común estaba ante nuestros ojos.
—Dios... —tapo mi nariz y me sostengo con fuerza de la manga de su camisa—, el edor es insoportable.
—Hemos llegado —me extiende una mascarilla de su maleta—. Póntela, tenemos que ponernos manos a la obra.
—¿Qué estás buscando entre estos cuerpos?
—A una mujer.
—Estoy segura que hay más de un cuerpo de mujer aquí.
—Estos cuerpos fueron arrojados hace una semana lo que facilitará nuestro trabajo.
—¿Las características de la mujer?
Me mira fijamente con arrepentimiento en sus ojos, y sin saber le devuelvo la mirada con una sonrisa.
—Si la conoces, su nombre era Adele.
—¿Qué le pasó? —fingí preocupación.
—Tuvo un accidente la semana pasada y nadie notificó a su familia ya que sus papeles de identificación se deshacieron con el fuego, por lo que me pidieron que identifique su cuerpo para darle una muerte digna.
—Aunque no se lo merece...