Era de noche y no podía reconciliar el sueño, Aldo aún no llegaba a casa lo que me preocupaba cada vez más. Llamé a su celular más de 4 veces, pero nunca recibí respuesta. Me levanté de la cama y me senté en el mueble de la sala con la luz apagada y la cortina entre abierta. Mi celular suena.
—Cariño, lo siento, estoy atrapado en el tráfico —me dijo preocupado.
—¿A esta hora?
—Hubo un gran accidente en el campo, y el jefe ordenó que todos los del departamento teníamos que venir.
—Pero ¿ya estás de regreso?
—Sí, por favor prepárame mi chocolate caliente que tanto me gusta.
—Así será.
Las horas pasaron y el sonido de las llaves hicieron que me levantara rápido a recibirlo.
—¡Aldo, llegaste! —lo abrazo por el cuello—, te extrañé demasiado.
—Estoy bien, no hay de qué preocuparse...
—Aldo... —miro en dirección hacia su mano—. ¿Por qué siento pegajoso en la pierna? Hemos hablado de no...
Cuando miré detenidamente no podía creer lo que estaba frente a mis ojos, el casco aún no había sido retirado de quien lo portaba.
—Por favor no te desmayes.
—Explícame...
—No puedo, es un experimento confidencial —agacha la cabeza en remordimiento.
—¿Él te ordenó traer una cabeza a tu casa?
—Sí.
—Tu chocolate está sobre la mesa, iré a tomar aire fresco.
—No te vayas...