Día trece: Techo

266 Palabras
Estaba escribiendo un correo para mi profesora en el que le preguntaba sobre los utensilios que llevaría mañana para la práctica, cuando un sonido en el techo me interrumpió. —¿Oíste eso? —me preguntó mientras se escondía en mis brazos. —Tranquila, es solo nuestra invitada. —¿Qué hace un invitado en el techo? Esos no son buenos modales, Edward —se levanta del mueble y se dirige a la puerta. —Ella ya no es responsabilidad tuya... —¿A qué te refieres? —se gira a verme. —Dijiste que ella te molestaba todos los días en el trabajo... —¡Edward!, no puedes secuestrar y matar a todos los que me molestan y usar sus cuerpos para tus prácticas... —Creí que te alegraría que ella... —Edward —se sentó a mi lado mientras me miraba con ojos de madre—, ¿qué haremos cuando su familia la comience a buscar? o ¿cuándo tu profesora te pregunte la procedencia del cuerpo? —No hay nada que mi dinero no pueda... —Me voy a mi cuarto. —Espera —me levanto y la detengo del brazo—, tengo algo que decirte. —Me dirás que la soltarás y que no lo volverás a hacer. —No puedo soltarla, mañana es la práctica final que determinará el rumbo de mi profesión —la abrazo—, pero te prometo que no volveré a secuestrar a alguien. —¿Lo prometes? —Sí, no quiero volver a perderte —beso su frente gélida—. Prenderé la calefacción.
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