Día doce: Atrapado

264 Palabras
—¿Estás seguro de que funcionará? —pregunté. —Sí, ese desgraciado nunca más volverá a ponerte una mano encima. —Vamos cariño, él no se volverá a acercar —coloco mi mano sobre su‌ hombro—. Así lo dictaminó el juez. —Aún así no confío en ese tipo —se da la vuelta y me mira fijamente—.‌ Nunca más te dejaré sola, nunca más. —Cariño debes tranquilizarte —sostengo de su mano y lo dirijo al‌ interior de la casa—. Te prepararé café caliente. —Gracias, esperaré en la sala. —Por favor cierra las ventanas, hace demasiado frío allá afuera. Asintió y se sentó en el mueble junto a la ventana como si esperara una‌ visita. Le llevo el café caliente y me siento a su lado. —Ve a dormir —dijo mientras me acariciaba el rostro—, te ves muy‌ cansada. —Los dos debemos ir a dormir, sobre todo tú que tienes trabajo‌ mañana. —Por mí no te preocupes solo quiero asegurarme que esta noche‌ dormiremos seguros. —Él no vendrá, y si lo hace tu trampa lo detendrá. —Tienes razón. Nos levantamos del sillón y nos dirigimos al cuarto principal.‌ Compartimos la bañera y nos acostamos bajo las sábanas. El grito de un hombre y el crujido de unos huesos romperse nos‌ despertó en medio de la noche. —Tu trampa funcionó —dije al sostenerme de su mano—. Quedó‌ atrapado en su estúpida obsesión.
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