La lluvia golpeaba la ciudad con fuerza, el viento era terrible y los truenos y relámpagos no se detenían, parecía que el cielo se iba a caer a pedazos, los internos y sus familias habían tenido que quedarse en el auditorio, los especialistas, el personal de enfermería, administrativos y yo nos cambiamos la ropa por pijamas quirúrgicos o nuestro uniforme de trabajo, Javier se tuvo que despedir de mi porque dijo que le habían hablado de su oficina y era urgente, al parecer las casas que había construido en una parte delicada de la ciudad estaban despedazándose, le di un beso en los labios, prometiéndole que hablaríamos después de que todo pasara, o que en su defecto, nos veríamos en casa, el enojo por verlo llegar con una mujer aún no se iba pero no era momento de hablar de eso. Tuvimos q

