LINA Me puse mis pendientes de diamantes. Me miré en el espejo una última vez antes de girarme. Leo entró en la habitación y le sonreí. Esperaba un cumplido, algo, pero se quedó parado, boquiabierto. Fruncí el ceño. —¿Qué pasa? ¿No te gusta mi vestido? —pregunté, un poco cohibida. —¿Que si me gusta? Quiero empujarte contra la cama y comerte hasta que te tiemblen las piernas y no puedas aguantar más, y luego quiero follarte sin sentido hasta que lo único que recuerdes sea mi nombre. ¿Responde eso a tu pregunta? Solté una risa. —Gracias… —le dije, sonriendo. Lo miré al ver cómo alzaba las cejas. —¿Solo eso? —Calma, que mas tarde te doy tu dosis—respondí con orgullo. —Justo cuando pensaba que no podías estar más sexy, me sorprendes hablando de esa forma… Sentí cómo se acercaba por de

