LINA —Cariño, sé que sigues enfadada conmigo, pero mañana hay un baile al que tenemos que asistir—, dijo Leo al entrar en nuestra habitación. Cerré el teléfono y lo dejé a un lado. —No quiero ir—, dije. —Sí que quieres. No hay discusión posible. Tenemos que hacer acto de presencia. —Tú no eres mi jefe, Leo. Si no quiero ir, no voy. Y punto. Se acercó a mí y se sentó en la cama a mi lado. Apretó la mandíbula, me di cuenta de que se estaba enfadando. —Deja de controlarme tanto y déjame en paz, no voy a tener esta conversación...—, empecé a decir, pero me detuve cuando él estrelló sus labios contra los míos y movió la mano para acariciar mi entrepierna. —Deja de jugar conmigo, j0der—, dijo mientras empezaba a frotarme por encima de los pantalones cortos. —Para—, intenté decir con ton

