«¡Esto es inaudito!, ¿desde cuándo se le niega a un inculpado el derecho a realizar una llamada telefónica a su abogado?», escucho decir a una voz notoriamente molesta y que me resulta conocida. «Nadie le ha negado su derecho», otra persona le responde muy malhumorada. «Que no le permitan acercarse a un teléfono para que realice su llamada es igual a negárselo», vuelvo a oír la voz conocida. La fiscal mira al comisario con una expresión de confusión y este solo desvía la mirada. Luego me enteré que ese comisario tiene la costumbre de no conceder sus derechos a los presuntos infractores de la ley, y que yo no fui la excepción. - ¡No digas nada más, Dante! –con cara de muy pocos amigos y haciendo mucho ruido ingresa Carla con Maritza a la sala de interrogación-. Cuándo no el Mayor Sepúlveda

