LO QUE FUIMOS AÚN DUELE

1001 Palabras
El pincel se deslizaba por el lienzo como una respiración contenida. Cecile mezclaba tonos como si quisiera sacar algo de sí. Dolor. Deseo. Confusión. Pintar era lo único que todavía le pertenecía. No su cuerpo. No sus decisiones. No su deseo. Solo el silencio del trazo, ese gesto íntimo y secreto donde aún no existía Lucien. Donde aún podía fingir que era libre. Vestía una camiseta vieja de Nirvana. Sin sostén. Los pezones marcados por el frío. Una taza de café ya tibia en el suelo. Cuando sonó el timbre, supo que era él. Bruno. Y el corazón le dio ese vuelco... no de deseo. Sino de recuerdo. De nostalgia. Abrió la puerta. Allí estaba, con su chamarra desgastada, una bolsa con pastelillos baratos y una sonrisa tímida. El mismo chico que la besaba en la frente después de cada examen difícil. El que le decía "la vida es menos dura si me sonríes." —Hola, Ceci. —¿Hola? —¿Molesto si paso? Ella se hizo a un lado. Lo dejó entrar. Como se deja entrar a un recuerdo. Él miró su taller improvisado. —Pintas más oscuro ahora. —¿Y tú? ¿Sigues sin llorar en público? Bruno soltó una risa. Esa risa que alguna vez la enamoró. —Solo cuando me dejan. Se sentaron en el suelo, como solían hacerlo. Comieron pastelitos. Se pasaron el café. Hablaron de clases, de tonterías, de libros que no habían terminado. Y por un momento, Cecile se sintió en casa. ⸻ —¿Puedo decirte algo sin que me mandes a la mierda? —preguntó él, sin mirarla. Ella alzó una ceja. Jugaba con el asa de su taza. —Depende. —No quiero sexo esta vez. No vine a acostarme contigo. Vine porque me haces falta, pero no como carne. Como alma. Ella parpadeó. Sintió algo moverse dentro de sí. Bruno siguió, con voz queda. —Yo sé que la cagué. No se en que pero te pido perdón, trate de darte lo mejor de mi, mi alma mi cuerpo mi ser. Y luego volviste... rota. Extraña. Como si alguien te hubiera tocado por dentro y ahora ya no pudieras encajar en el mismo cuerpo. Cecile bajó la mirada. Se le formó un nudo en la garganta. —¿Y aún así quieres volver? —Sí. Porque te conozco. Y porque aún te amo. Se hizo un silencio largo. De esos que duelen. De esos donde se escuchan los recuerdos. ⸻ —¿Te acuerdas de cuando llovía y fingíamos que era el fin del mundo? Y tú decías que si todo se acababa, querías morirte desnuda, en mi cama. Ella rió. Y luego, sin pensarlo, lo besó. Fue suave. Fue lento. Fue eso que alguna vez les salvó. Bruno la tomó del rostro. Le acarició la mejilla. Le susurró su nombre. Se besaron de nuevo. Y esta vez con más hambre. Se abrazaron. Se cayeron al sofá entre risas. —¿Por qué haces esto? —preguntó ella contra su cuello. —Porque quiero que sepas que aún hay alguien que te ve sin querer romperte. ⸻ Bruno empezó a quitarle la camiseta. Ella no lo detuvo. Su piel quedó a la vista. Y por un instante, su respiración se calmó. Pero entonces... Flash. —"Ábrete más." —"Quiero verte tragarme mientras lloras de placer." —"Eres mía. Nadie te toca, nadie te lame, nadie te folla sin que yo lo permita." Lucien. Su voz. Su peso. El sabor de su cuerpo. Su puta maldición metida en cada músculo. Cecile se apartó con brusquedad. —No puedo. Bruno la miró, herido. —¿Qué pasa? Ella lo abrazó por la cintura. —No es que no quiera. Es que... hay una parte de mí que ya no sé cómo cerrar. Hay un monstruo dentro. Uno que gime, que arde, que se abre sola para él. Bruno la sostuvo. No dijo nada. Solo la abrazó. Con ternura. Y por primera vez, Cecile se permitió llorar sin odio. ⸻ Más tarde, él ya se iba. Y ella, sin planearlo, dijo: —Quédate a dormir. Él la miró, confundido. —¿Segura? —Sí. Solo esta noche. Solo dormir. Bruno se quitó los zapatos. Se metió en la cama con ella. La abrazó por la espalda. Le besó el cuello. —Gracias por dejarme ser un recuerdo con piel —susurró. La noche era silenciosa. No había sexo. No había gemidos. Solo dos cuerpos bajo la misma cobija, respirando el mismo aire... como si compartieran los últimos vestigios de un amor que alguna vez fue perfecto. Bruno dormía abrazado a Cecile, una mano sobre su cintura, su respiración tranquila sobre su cuello. Se había dormido con una sonrisa en los labios. Pensando que, tal vez, tenía otra oportunidad. Pero Cecile estaba despierta. Ojos abiertos. Mirada fija en el techo. Afuera llovía. Lento. Como si el cielo también estuviera limpiando recuerdos. Ella pensaba en cómo su piel no había reaccionado con fuego, sino con ternura. En cómo Bruno la había tocado sin querer poseerla, sin querer marcarla. Y eso... la confundía. ¿Eso es amor? ¿O solo nostalgia disfrazada? De pronto, el celular vibró bajo la almohada. Notificación anónima. Solo decía: "¿Dormida, princesa?" Su cuerpo se tensó. Lucien. Aunque no respondiera, él siempre sabía cuándo su mente lo traicionaba. Cecile se quedó en silencio. Bruno murmuró algo dormido, y la abrazó más fuerte. Y en ese momento, ella se dejó abrazar. No por amor. Sino por humanidad. Porque incluso las mujeres rotas necesitan, a veces, sentir que alguien las abraza sin romperlas más. Cecile no respondió el mensaje de Lucien. Ya se había dormido. Pero soñó. Y en el sueño, Lucien la miraba desde la oscuridad. —"Puedes correr al pasado, princesa. Pero siempre terminas goteando mi nombre entre las piernas." Y entonces supo... Lo que fue con Bruno aún la abrazaba. Pero lo que era con Lucien... ya la poseía. Y eso le encantaba más que La Paz.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR