LIVIA Mantuve la mirada al frente mientras esas enormes puertas de roble se abrían. Me tragué la ansiedad de un solo golpe. Ya estaba hecho. Iba a casarme con el idiota CEO arrogante, Lorenzo Bellandi. No había vuelta atrás. La música de la procesión ya sonaba. Me tocaba a mí entrar. La gente se paró cuando aparecí con mi papá en la entrada, y sentí cómo se me subía el calor a la cara. La catedral estaba reventada de gente que en mi vida había visto. Obvio, eran los invitados que habrían venido si Lesbia se hubiese casado con Lorenzo. Gente de apellidos de renombre, pura élite. —No te vayas a caer, Livia. Ni se te ocurra tropezar. Me lo repetía en la cabeza, deseando que, por arte de magia, me brotara la confianza mientras caminábamos hacia el altar. Cabeza en alto, gracias al cielo

