LIVIA Me aferro al brazo de Lorenzo mientras entramos. Y claro, todos los invitados ya están aquí. Frunzo el ceño. ¿De verdad le pidió al chofer que se diera la vuelta más larga o qué? Ver a tanta gente junta me deja rigida otra vez. Aprieto más fuerte su brazo. Él me clava la mirada. —¿Qué pasa? —me dice con ese tono altanero. Pongo los ojos en blanco. —Nervios, ¿qué más? —le digo sin mirarlo. Ni loca lo volteo a ver después de lo que pasó. —Vas a tener que acostumbrarte, mi amore. Ya eres mi esposa, así que todos van a estar pendientes de ti, señora Bellandi —dice con esa sonrisa burlona. Mamá siempre me llamó la rebelde de la familia, mientras que Lesbia era la refinada. Este cambio de papel me tenía la cabeza patas arriba. ¿Cómo se supone que cambie mi personalidad de un día par

