LIVIA Apenas me giré y vi a Lesbia, se me desbordó el pecho. Mi gemela, mi reflejo, mi otra mitad. No aguanté, la abracé fuerte y aspiré ese olor tan suyo. —¡Lesbia! —grité. Tenía la cara algo inflamada, la panza ya se le notaba, pero seguía caminando siempre con ese porte de reina. —Tres meses sin verte y mírate, hecha toda una diosa —me dijo. Le di un manotazo juguetón en el brazo. —Sabes que esto no era lo que imaginaba para mis últimos meses —le dije con esa mezcla de sarcasmo y resignación. Pero su cara cambió, se le apagó la sonrisa de golpe. —Ay, perdón, Les... —No, no, tranqui. Me lo merezco, y con creces —me interrumpió, agarrándome las manos con fuerza. —Livia, yo te empujé a esta vida, y eso no se me va a olvidar nunca. Nunca creí que la familia me reemplazaría por ti. S

