LORENZO Esperaba, aguantando las ganas de irme, mientras Livia se peleaba con su propia cabeza. ¿Qué va a decidir? Ya le puse el corazón en bandeja. Ahora solo falta que ella elija: ¿va a dejar que esto crezca o lo va a dejar morir? Me mira. Esos ojos llenos de lágrimas que ni siquiera cayeron. Y entendí todo. No solo me estaba frenando a mí… se estaba frenando a ella misma. Negó con la cabeza. —No quiero que te vayas, Lorenzo. Ya no quiero seguir peleando contra esto. Se acabó. Todos los días me despierto con un dolor en el pecho que no se va, un vacío que solo tú llenas —me confiesa, diciéndome justo lo que yo le había dicho antes—. Lo dijiste tan claro, tan igual a lo que siento... y recién ahora caigo en lo egoísta que fui pidiéndote que actuáramos como si nada. tu hiciste tanto por

