LIVIA La verdad, nuestra primera semana en las Bahamas fue una hermosura. Lorenzo se lució con la casa: era una mansión de madera brutal, con cinco recámaras, ventanales gigantes, jardín que parecía selva, alberca techada y hasta un jacuzzi en la terraza. Nunca voy a entender por qué carajos se compró una casa tan enorme. ¿Cinco cuartos? ¿Para quién, si solo estábamos él y yo? Lorenzo seguía trabajando, pero todo era por Zoom y Skype, así que estaba en modo oficina-playa al mismo tiempo. Y sí, tenía razón en lo que me dijo: desde lo de Matteo yo no era yo. Estaba en caída libre, dejándome tragar por la tristeza y ni cuenta me daba. Fingía que todo estaba bien, incluso frente al espejo. Pero él lo notó. Para no quedarme congelada, decidí hacer mi ensayo sobre autoras que fueron silenciad

