LIVIA Lorenzo entró tambaleándose al cuarto y me quedó viendo justo cuando yo estaba brincando como loca en la cama. Frunció el ceño y me dijo: —¿¡Qué pasa, Livia!? Me escaneó. —¿Otra vez viste una araña o qué? Dejé de brincar y me lancé directo a sus brazos, pero no podía ni hablar de la emoción. —Yo... Entré...— le dije entre respiraciones entrecortadas, casi sin aire, viendo cómo su cara cambiaba cuando por fin procesó lo que acababa de decir. —¿¡Entraste a Cambrige!? — gritó, y yo asentí tan duro que sentí que se me iba a zafar el cuello. Me levantó y me hizo dar vueltas mientras yo me reía como loca. ¡LO LOGRÉ! ¡Entré con puro trabajo mío! Sin influencias, sin favores. Bueno, con ayuda de unas citas, pero eso no cuenta. Y aún así, lo conseguí. Se me salieron las lágrimas de fel

