LORENZO El ambiente estaba pesado. Tristeza por todos lados... Salimos de la iglesia rumbo al cementerio, Livia y yo al frente del cortejo. Desde que volvimos de donde su hermana no ha soltado ni una palabra. Y eso me tiene inquieto. Nuestra casa antes sonaba a su voz, a su risa… ahora es puro eco. Y lo sé, es por lo de mi madre. Por no haber hecho las paces antes del accidente. Livia tiene un alma dulce, siente todo al doble. Y eso la está destruyendo. A mis padres nunca les tuve mucha cercanía, pero ellos la amaban, sobre todo mi madre. Esa mujer vivía por Livia. Cuando llegamos al cementerio, le agarré la mano fuerte y la abracé. El panteón de los Bellandi estaba ahí, más cerca de lo que quería. Alcancé a ver a Riccardo y Lesbia acercarse a nuestro lado. El tipo parecía hecho trizas

