LIVIA Me tiré de panza en la cama, muerta. Hoy fue mi primer día en Cambrigde y sentí que bajé como mil calorías solo de lo ansiosa y estresada que estuve. No sé si la ansiedad quema grasa, pero algo quema, fijo. Mi cerebro, por ejemplo. Jimena está en otra liga, la loca estudia literatura a nivel alto. Yo no aguantaría ni cinco minutos en esas clases. Pero como ella es una genio con las letras, eso le cae como desayuno. Al menos alguien tuvo el valor de venir a hablarme. Se llamaba Alberto Sacasa, y la verdad, súper buena persona. Sí, del clan Sacasa de Escocia, y asquerosamente millonario, pero ni se tiró el rollo de presumido ni quiso impresionarme. Cero necesidad de hacerse el interesante. Supongo que ayuda que sea abiertamente gay. —¿Día pesado? —me dice Lorenzo con una sonrisa bu

