LIVIA Las Knight me clavaban la mirada cuando me les acerqué. Tenían el ceño fruncido como si ya supieran que venía con un buen chisme. Me senté frente a ellas, y ahí fue cuando se desató el desastre. —¡Perdónanos, señora Bellandi! —¿Estás casada, Livia? ¿Y no dijiste nada? Solté un suspiro, bajé la mirada. —No fue algo que yo eligiera, ¿ok?—. Lo dije con esa mezcla de rabia y tristeza que ya me viene siendo costumbre. Y sí, terminé diciéndoles todo lo que había pasado estos últimos seis meses, pero solo después de hacerlas prometer que lo de Lesbia quedaba entre nosotras. Palabra de hermanas. —¡Ay por Dios, te casaste con el papacito de Lorenzo Bellandi!— dijo Zayda, desmayada de la emoción. Yo solo giré los ojos. —¿Papacito? ¿En serio?—. La miré con cara torcida. Guapo es, no voy

