LIVIA Lorenzo empuja la puerta de la sala de juntas y yo me acomodo de inmediato. Mis ojos se clavan en ese rubio que parece sacado de una pasarela. Está sentado, serio, con esa mirada de hielo que dirige primero a mi esposo... hasta que me ve a mí. La expresión que pone cuando me reconoce no tiene precio. Lo pillé desprevenido. Y a Lorenzo se le nota en la cara que está tragando veneno mientras me escolta adentro. —Espero que no hayan estado esperando mucho, Dante, Kerem —dice él, dándoles la mano con esa sonrisa de tiburón que pone cuando quiere intimidar. Yo me fijo en la ex de Lorenzo. Esa mujer lo mira como si todavía soñara con tenerlo entre sus sábanas. Patética. —Para nada, Lorenzo. Estoy seguro de que estás igual de ansioso que yo por terminar con esto, así que vayamos direct

