Capítulo 5: Burla

1044 Palabras
Las miradas curiosas siguieron al imponente hombre que pasaba con la cabeza en alto. No parecía la sombra que era antes, él había retomado su intimidación y el semblante era ese cruel que todos conocían. Tobal fue consciente de las miradas, pero él tenía un objetivo y no se detendría hasta llegar. Al entrar en la pequeña cabaña arrugó un poco su nariz por el penetrante aroma de las plantas, siempre se le ha hecho desagradable estar en ese lugar. —Alfa. —La hechicera de la manada hizo una reverencia, no lo había visto desde hace días cuando pisó su cabaña después de tantos años.— ¿En qué puedo ayudarle? —Mantuvo la mirada al suelo, sabe perfectamente que no puede sostenerla. —Necesito que me hagas más del brebaje. —La mujer incapaz de ocultar su asombro lo miró.— Tienes suficiente sangre de mi luna, así que no hay impedimento alguno. —Como era de esperarse, no lo cuestionó. —Como ordene, majestad, hoy haré más. —Tobal asintió satisfecho. —Cualquiera que pregunte. —Hizo una pausa para indagar un poco más en los ojos oscuros de la mujer, pero al no ver dudas continuó.— Debes decir que es mi esposa. —Suspiró.— Dile que volvió de la muerte. —Como ordene, Alfa. —Lo siguió con la mirada hasta perderlo de vista. No sabía lo que tenía planeado, pero no era ella la que diría la verdad. Todos en el castillo estaban tensos, es como si su alfa en cualquier momento se volviera loco y todos debían estar preparados para huir. Los últimos meses fueron un infierno donde más de uno perdió la vida y a pesar de que ahora el alfa parecía estar mejor, nadie se relajaba. —Alfa. —Las mujeres encargadas de la limpieza y la cocina se reverenciaron.— ¿Envió por nosotros? —Tobal las miró desde su altura y asintió. —Quiero que hagan una gran fiesta, debe haber mucha comida y alcohol. —Las mujeres lo miraron con asombro.— Presentaré a mi luna después de todo lo que pasó, así que les exijo perfección. —Su tono de voz las hizo encogerse en su lugar. —Estará todo listo para esta noche, alfa. —Respondió la jefa de cocina un poco desconcertada. Todo el mundo sabía que la luna Mielir había muerto, ellos mismos estaban ahí cuando su cuerpo fue quemado. Se habían esparcido rumores y ahora que el alfa se estaba comportando así era evidente que había perdido la razón por completo. Se habían visto a lobos poderosos perder la cordura y convertirse en unos salvajes y otros se llevaban a sí mismos a la muerte, pero eran lycans que habían perdido a su destinada, sin embargo, el alfa no había perdido más que a una enamorada y no había razón para que quedara tan fuera de sus cabales. —Alfa. —Farid entró al despacho. —Ya hicimos el patrullaje y no hay salvajes, los guerreros se encuentran en sus prácticas y el alcohol fue puesto en el almacén. —Tobal tomó un trago de su bebida y después le dio frente. —Hoy presentaré a mi luna después de todo lo que pasó. —Farid ya sabía que su alfa estaba actuando como un loco, así que no le asombraba sus palabras. —Quiero que hagas correr la voz y que todo aquel que muestre su compasión por la pérdida de mi hijo pagará con su vida. —Así lo haré, alfa. —Farid se reverenció. —Hoy no habrá guardia, diles a los guerreros que ellos también están invitados al banquete. —Farid dio media vuelta y se apresuró a cumplir las órdenes de su alfa. Kalha había sido liberada de su encierro hacía un par de días al igual que todo aquel que fue encerrado por mencionar a la luna Mielir. Todo indicaba que el alfa había perdonado a quien lo ofendió, pero ella lo veía como lo que era, un gran castigo. Mirarse al espejo nunca fue tan difícil, ya no es ella, el reflejo que le regresa el espejo es el de otra mujer y eso la pone triste. Ahora viste ropas caras y hermosas, tienen una enorme habitación y todo tipo de lujos la rodea, pero no se siente bien. Ella lo tiene todo porque se parece a otra mujer, no por ser ella misma. El brebaje que Tobal le obligó a beber es para cambiar su aspecto, al confirmarlo lloró como nunca antes, pero no podía hacer nada, ella como siempre no era escuchada. —Luna del alfa. —La sirvienta la llamó con voz alta y condescendiente. —Es hora. —Kalha miró a la mujer y asintió. Tenía que asistir a una fiesta, misma en la que se presentaría como la luna de la manada y no podía haber algo más humillante para ella que eso. Escuchaba los murmullos, las personas hablaban de ella sin importarles que estuviera cerca, la menospreciaban y culpaban por hacerse pasar por quien no era y eso la mataba poco a poco. —Luna del alfa. —Las reverencias y las falsas sonrisas no pasaban desapercibidas para Kalha. A pesar de tener un corazón bondadoso y demasiado inocente podía ver la falsedad de todo aquel que se acercaba a ella para mostrar sus respetos. Esas sonrisas de aparente alegría no eran más que burlas, todos ahí sabían lo que estaba pasando y solo fingían no darse cuenta para humillarla más. —Majestad. —Gente que antes la miraba con asco ahora lo hacían con una falsa amabilidad. No había persona que no quisiera saludarla y sonreírle, todo el que estaba a su alrededor parecía pelearse por un momento con ella y lo que una vez fue su sueño, ahora estaba siendo una pesadilla. Ella rogaba por ser vista, por tener amigos y personas con las cuales reír y ahora que lo tiene desearía estar sola como acostumbraba a estarlo. —Lobita mía. —Con una ternura que era de envidiarse, la acercó a él y como si estuvieran solos acarició su rostro, la miró a los ojos con amor y besó sus labios con una pasión desconcertante para cualquiera en ese salón.
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