Tobal no tenía ni pizca de compasión por nadie y la maldad es lo que lo mueve, pero ese ser cruel y despreciable los salvó a ellos cuando no tenían a nadie para que los protegiera. Siendo él un simple jovencito se enfrentó a alfas, forasteros y salvajes así poniendo la manada a salvo justo cuando sus padres murieron y por esa razón todos lo apreciaban. Amaban a la luna Mielir porque ella logró que él fuera un poco menos duro. —Ya basta, por favor. —Imploró la mujer encadenada a la pared. —Ya máteme, se lo suplico. —Cada respiro que daba le quitaba más energía y cada palabra que salía de su boca parecía arrancarle la vida de manera dolorosa. —Ya no más... —¿Ya no más? —Tobal con una sonrisa chueca y macabra ladeó la cabeza. —¿Por qué debería matarte y darte ya una salida tan fácil? —Dio u

