A la mañana siguiente, el cuerpo de Cassie era un manojo de nervios. En definitiva, había cruzado una línea sin retorno. Tuvo sexo con Jonas Cortes, su empleado, su subordinado recién contratado.
¡Con solo un par de días conociéndolo!
¿Cómo pudo hacer una cosa así?
Se masajeó los extremos de la cabeza e intentó aliviar la presión que sentía. Debía ir al trabajo.
—Oh, no —murmuró al sentir cómo un dolor aún más grande la taladraba.
Jason sería parte de la plantilla.
Jason James, su exnovio, su primer amor.
Se levantó de la cama y miró donde hacía unas horas había yacido junto a Jonas. Sus cuerpos habían quedado agotados después de haber hecho el amor una segunda vez. Con cada toque Jonas la hacía volar, llegar a un clímax aún más fuerte e intenso. Perdió la cuenta de la cantidad de veces que ese hombre la hizo tener un orgasmo. Solo de pensar en él sus músculos internos se contraían y se humedecían, lo notaba en sus pezones, los cuales le recordaban cómo Jonas los comió una y otra vez.
—Al trabajo, Cassie.
No podía permitir que Jason notara cómo le afectaba su inclusión. Tampoco podía darle más poder a Jonas del que ya le había otorgado.
Jonas se fue en la madrugada diciéndole que algo se había presentado.
¿Qué se podía presentar a esa hora de la mañana?
Con una incógnita más, se levantó y se cambió. No podía llegar tarde a su primer día con Jason. Su cerebro se autoprogramó para lo peor. No sabía qué cambios vendrían con la integración de su ex al equipo, pero debía mantener su trabajo.
—Tía. —Era Mel.
—¿Qué haces despierto tan temprano? —Lo abrazó. Era como tener otro hermano menor.
Su hermano tuvo a su hijo a muy temprana edad, con apenas dieciocho embarazó a Melissa. De no haber sido por unos padres abiertos de mente, no sabía qué hubiese sucedido. Tampoco le interesaba pensar en eso.
—Vi salir a alguien hoy y no pude dormir más. —La confesión dejó a Cassie con los ojos abiertos de par en par—. ¿Fue el hombre que vino a buscarte anoche?
Jamás tuvo que dar una explicación a semejante situación. Estaba acostumbrada a vivir sola. Después de una sesión de sexo tan intensa, había olvidado por completo la existencia de su sobrino. Esos catorce años de Mel eran bien rendidos. Su sabiduría y forma de cuidarla causaba en ella un fuerte deseo de abrazarlo hasta sacarle todo el aire.
—Tía Cassie…
—Sí, ese mismo. Su nombre es Jonas. —La sinceridad ante todo. Debía lograr que su sobrino creyera y viviera con nuevos valores, al menos los que de su parte tocaban.
El joven la contempló y sopesó algunas ideas que cruzaron por su cabeza. Al final sonrió e hizo un gesto de desinterés simulado.
—¿Y? —Colocó sus manos sobre los hombros de Mel—. ¿Qué tienes que decirme?
—Nada. Espero que estés usando protección.
Después de terminar la frase, salió espabilado y dejó a su tía vuelta un mar de vergüenzas y alegría.
¿Cuándo su sobrino se volvió tan sabio y fresco?
Lo extrañaría mucho cuando se fuera en pocas semanas.
La soledad intentó acercarse, pero Cassie no la dejó.
Tendría un buen día hoy y nada podría evitarlo.
—Pásame los informes de la mansión G. X. —le pidió a través del teléfono a su secretaria.
—En seguida. —La respuesta inmediata era la acostumbrada.
El día transcurrió sin problemas. No vio ni de cerca a Jason, lo cual era bueno en un sentido.
No podía evitar pensar que su ex solo quería sorprenderla cuando menos lo esperase. Así siempre fue entre ellos. Cuando ella menos esperaba, él aparecía en su casa con una caja de cervezas y palomitas; noche de películas. Tuvieron tan buenos momentos que olvidaba por ratos que él le puso los cuernos con esa rubia odiosa. Jenine era todo lo opuesto a ella, incluso Cassie se daba cuenta, lo supo desde que la vio. Era aire fresco y nueva vista para Jason. Debió adivinar lo que se le avecinaba a su relación.
—Aquí tiene, señora Blake. —Persie le dejó los documentos y la miró azorada.
—¿Tienes algo que decirme, Persie? —Levantó las cejas y le instó a que soltara lo que fuese que ocultaba.
—Alguien envió una docena de rosas blancas para usted.
—¿Dónde están? —Se incorporó con rapidez y se dirigió al escritorio minúsculo de Persie en la salida de su oficina—. ¿Dice quién las envía?
—Tiene una nota sin remitente —respondió al llegar a su lado.
Cassie se acercó a las rosas colocadas en un florero transparente.
Le cautivaron.
Eran tan hermosas y llenas de vida.
Abrió la tarjeta y se sorprendió por la escritura.
Gracias por una noche magnifica.
JC
P. D. ¿Tienes planes para hoy?
Jonas.
Ese hombre era una caja de sorpresas.
Arriesgarse a que supieran que pasó la noche juntos era un desastre.
Toda la empresa se enteraría de inmediato.
—Puedes quedarte con ellas. —Se giró y volvió a su oficina.
La indiferencia era dura de sostener, pero debía mantener una fachada.
Se quedó con la tarjeta en la mano.
Después de mucho pensarlo, decidió escribirle al w******p.
Cassie Blake 10:05 a.m.
Gracias por las rosas, estaban hermosas.
Tengo un compromiso en la noche. ¿Cuadramos para otro día?
No era cierto. Se sintió falsa al escribirlo, pero no tenía opción, ya que se sentía coaccionada y obligada a responder con positivismo. Nunca fue la clase de mujer que le decían “¿A qué hora paso por ti?” y aceptaba sin previa anticipación. Debía ser cautelosa con una posible relación en el trabajo.
Luego de mucho esperar, Cassie se rindió y volvió a sus documentos de compra de artículos para la casa de tres niveles de la familia Tronce. Aunque su vida era simple desde que cumplió los veintidós, se obligaba a sí misma a mantener lo mejor posible cada aspecto que a su vida concernía.
Danger 10:25 a.m.
OK.
La respuesta fue cortante.
Cassie subió los ojos al cielo y rogó que Jonas comprendiera que debía darle su espacio.
O quizá solo debía dejar que pensase lo que le diera la gana.
«No tengo responsabilidad con ese hombre», pensó sin miramientos.
Tuvo una noche de sexo con consentimiento mutuo. Ella nunca prometió más que eso.
—Señora Blake, el señor Jason está aquí y desea verla. ¿Lo hago pasar?
Así que ya había llegado.
Cassie no sabía qué responder, no lo supo durante poco más de un minuto en línea en silencio.
—¿Señora Blake?
—Sí, sí, dile que pase.
A fin de males, era su superior designado por el tonto de Brown.