Peligro

1140 Palabras
El hombre entró sin miramientos ni pizca de timidez como un león en su sabana, seguro de que todos los animales lo respetaban y que ninguno crearía una revuelta por su puesto. Vestido con un traje azul grisáceo, camisa blanca y corbata azul índigo, sus ojos azules mezclados con su seguridad, lo hacían parecer un modelo de revista de los 100 más famosos y sexis del planeta. Cassie tenía un problema, uno muy grande. Ella siempre fue segura, incluso cuando sus padres fallecieron y ella decidió quedarse en su pueblo natal sola y a punto de graduarse. Su hermano ya no vivía con ellos y ella le pidió no dejar su vida por cuidarla. Podía hacerlo sola. Igual como podía hacerse cargo de esa molesta situación con Jason James. —Buenos días, señor James. ¿Qué puedo hacer por usted? —La mejor táctica en combate era adueñarse del campo y la situación. ¿O era dejar que el otro golpeara primero? Mierda, no recordaba ninguna película que pudiera refrescar su mente ahora. —¿Señor? —Con una sonrisa de sorna, se acercó, tomó asiento frente a ella y cruzó las piernas—. ¿Cuándo cruzamos la línea de amistad para tratarme de usted? —Cuando te acostaste con tu secretaria. Ahora debo soportar verte en mi lugar de trabajo, aunque lo que realmente quiero hacer es hervir agua y tirártela encima. —Lo observó. Ella no bromeaba, no lo hacía, en verdad quería ocasionarle cualquier tipo de dolor. —Lástima que no lleves la vena asesina. —Sonrió incómodo. Sabía que había fallado pero a fin de cuentas él era un hombre con necesidades. —¿Qué puedo hacer por usted? Si no se le ocurre nada importante, por favor, ¿me deja trabajar? Para eso estamos aquí, ¿o no? —No te conviene tomar esa actitud conmigo, Cas. —Se notaba tan arrogante y seguro de tener el control. Cassie subió los ojos al cielo y se agarró el puente de la nariz. Intentó suavizar su incipiente dolor de cabeza. —No tengo ninguna actitud, soy eficiente como siempre, solo que aún no se habitúa a mi forma. —Ya te capto. —Me alegra que estemos claros en algo, señor. —Solo quería decirte que espero que nuestra relación sea lo más liviana posible… dadas las circunstancias… —No tienes por qué mencionarlo. Creo que ambos somos adultos. Conseguiste un puesto, estás por encima de mi cargo, así que debo respetarte como mi superior, no como persona ni mucho menos como el hombre que una vez conocí. —Se levantó de su silla; las cuatro ruedas se giraron un poco—. Si me disculpa, tengo trabajo que hacer. —Bien. ¿Así es como vamos a trabajar? Que así sea. —Se incorporó del sillón y se abrochó el botón del saco que en algún momento se quitó—. Lamento haber sido quien te causara tanto daño. —Que tenga buen día, señor James. Había tantos detalles en él que Cassie comenzó a ignorarlos en ese tiempo que tenían separados. Lo mejor que podía sucederle era perder la pista de sus acciones. Dolía menos el estar sola. Ella le sonrió hipócrita. Era una facha que debía comenzar a implementar, aunque no le iba para nada lo doble cara. —Que tengas buen día, Cas. —Salió callado. Era un león. Nunca lo vio en acción. Siempre habían trabajado por separado, sabiendo cada uno de lo que el otro era capaz, pero sin intervenir en sus respectivas vidas laborales. Cassie miró su oficina blanca total, desprovista de la típica y absurda decoración que solían tener las oficinas de arquitectos y diseñadores de interiores. La empresa se especializaba en la fachada y también en la decoración interna de las construcciones. Podían darse el lujo de ser la principal empresa de arquitectura en MeadVille y de las mejores en toda Pensilvania. Se pasó las manos por la cabeza y masajeó la parte de la nuca. Su encuentro con Jason fue mejor de lo que imaginaba. Pudo manejarlo. Mejor hubiese sido tragarse una granada sin gancho. De pie frente a su escritorio colocó las manos en el borde. —¿Todo bien, señora Blake? —Era Persie. —Sí, solo es agotador tenerlo cerca y parecer que su traición no me duele más. Persie la pescó llorando al día siguiente de su ruptura con Jason. —Lamento eso —soltó la chica sin moverse de la puerta—. ¿Quiere una aspirina? —le preguntó antes de dejarla sola. —No. No dejes que nadie más me moleste. —Se sentó de nuevo y escuchó cómo la puerta se cerró con lentitud. Cassie se sentía más sola que nunca, incluso rodeada de personas como su hermano, que la llamaba dos y tres veces por semana. Era aún más intenso desde que Mel fue a vacacionar a su casa. Se sentía como si no formara parte de una vida. Tenía meses que no salía a ningún lado, de la casa al trabajo y viceversa. Era como si su mundo hubiese terminado cuando decidió dejar a Jason después de una ardiente discusión. Aun tiempo después podía escuchar sus palabras vacías. —Solo fue cosa de una vez —le dijo Jason cuando lo encontró minutos antes con la boca sobre uno de los pechos de Jenine, su secretaria, en plena oficina y a la luz de la mañana. Como una tonta, pidió un permiso de unas horas a Brown para ir a sorprender a Jason en la oficina. Vaya sorpresa que se llevó. Cassie sintió cómo el mundo se movía a sus pies y las lágrimas comenzaron a bajar a caudales sin poder controlarlas. La mujer se abrochó los botones sueltos y cruzó los brazos. No estaba arrepentida en absoluto. Jenine contempló a Cassie y cruzó los brazos sobre su pecho. —Vamos a hablarlo. Esto no tiene ni pies ni cabeza. No te enojes, Cas… Él se había acercado a ella. Estaba a tan solo unos escasos pasos de tocarla. —¡Cállate! —le interrumpió. Ella nunca había perdido los estribos, pero ese momento fue fulminante para sus nervios—. ¡Continúa chupándole hasta los dedos, maldito cerdo traidor! Y cuando acabes con ella, considérate soltero. Tiró chispas al salir de la oficina y sintió cómo todo su cuerpo temblaba. Lo único que escuchó que comentó Jenine fue: —¿Cuándo pensabas decirle que estabas conmigo? Ahora estaba condenada a revivir la escena en su mente una y otra vez mientras tuviese que ver a Jason todos los días. Su iPhone vibró con el zumbido de que había recibido un mensaje. Danger 12:30 p.m. ¿Segura que no quieres que nos veamos hoy? Ahí estaba el peligro. El diablo nunca dormía en su casa.
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