Jonas miraba las personas que conversaban con amabilidad unas con otras. Se había criado con la gran mayoría. Ninguno lo reconocía por el cambio drástico que dio al llegar a la adultez. Ya no más el desgarbado y tímido Jonas Cortes.
Su familia fue una de las más nuevas en llegar a ese pueblito de Pensilvania rodeado de árboles enormes y en tranquilidad.
Él y su hermano crecieron rodeados de amor, quizá con carencias que muchos de los allí presentes no experimentaron, como problemas eléctricos o filtraciones que hicieron enfermar a su madre en varias ocasiones. Sin embargo, sí tuvieron una infancia feliz.
—¿Jonas Cortes? —soltó alguien a sus espaldas—. ¿Eres Jonas?
Se giró y logró ver un atisbo de una adolescente llena de pecas y grueso pelo rubio.
—Jenine. —Estrechó su mano.
Ella poco desmedida le fue encima con un abrazo fugaz.
—¡Tenías tiempo sin volver! —Sonreía con tontera, como si volvieran a tener trece años y su padre los hubiera pescado besándose en la casa del árbol.
—Tengo unas semanas aquí.
—Lamento lo de tu hermano. Era un buen hombre. —Se entristeció un momento y se mordió el labio inferior.
La mujer parecía capaz de mantenerse sin hacer un movimiento.
Vestida con un elegante vestido rojo vino y unas sandalias oscuras parecía tan fresca como la primavera.
—Estás hermosa. —Cumplió con su papel de caballero y rompió un poco el hielo causado por la mención de la triste muerte repentina de su hermano.
Todavía no lo asimilaba, no había podido. Se embarcó en obtener la custodia de las niñas y evitar que fuesen a caer en las manos de su madre alcohólica, Catherine Miller.
—Jenine. —Era Cassie.
—Cassie Blake.
Él pudo notar sin reparos cómo ambas mujeres se miraron a muerte. Bueno, una con los ojos oscuros como la media noche y la otra indiferente.
—Déjame adivinar, Jason te trajo.
—¿Puedes superarlo ya? —contraatacó la mujer.
«Es obvio que ellas tienen alguna clase de pasado turbio e incómodo», pensó él y las miró.
Se podía sentir cómo Cassie quería atravesar con la vista a Jenine, lo cual solo podía significar una cosa: Jenine por alguna razón la sacaba de quicio a tal punto que dejaba de lado su barrera de frivolidad.
—¿Quieres bailar? —Sostuvo la mano de Cassie y la apretó con suavidad mientras la hacía mirarlo—. Jenine, ¿cierto? Discúlpanos.
Alejándose de la sorprendida mujer, Jonas condujo a Cassie a la pista pequeña, donde unas pocas parejas se movían al compás de Dive del artista británico Ed Sheeran.
—Gracias por salvarla —soltó ella y comenzó a bailar.
—No quería tener que ir a visitarte a la cárcel.
El comentario hizo que se riera.
—Es una estúpida —comentó sin vergüenza.
—¿Te robó algún novio? —Aunque lo preguntó con una sonrisa, ambos sabían que había algo más.
—No es de tu incumbencia.
Jonas siguió moviéndose por la pista y guio a una esbelta y decidida Cassie, la cual comenzaba a dejarse llevar por la canción y su cercanía.
Al terminar la canción se escuchó el sonido de una copa de cristal al impactar con algún utensilio fino. Indicaba que el anfitrión o algún otro quería hacer un brindis.
Jonas y Cassie se giraron y fijaron su atención en Fredreric Brown, que con su traje elegante sonreía como el gato que se comió al ratón y no podía ocultar la cola.
—Buenas noches a todos y gracias por venir. Haré muy corto esto, pues sé que todos prefieren escuchar a la banda antes que a mí. —El público sonrió—. Como saben, he dedicado toda mi vida a la arquitectura y a mi empresa. Construcciones Brown se ha convertido en más que mi vida, es mi razón de levantarme cada día. No obstante, todos saben que no es suficiente para mí. Necesito dedicarme un poco de tiempo.
Frédéric siempre fue enigmático y su pragmatismo lo caracterizaba.
En esta ocasión, Cassie por más que lo miraba no podía saber qué demonios estaba a punto de decir. Por el rabillo del ojo vio acercarse a James y su corazón comenzó a palpitar deprisa. Eso no era nada bueno. Su cercanía no pintaba nada bueno. Fue ahí cuando escuchó el resto del discurso.
—Pero conseguí quién me ayude y se encargue al menos de lo más relevante e importante de la empresa. Jason se hará cargo en mi ausencia en este año sabático.
Cassie se perdió gran parte de lo que su jefe había dicho, pero sus oídos se percataron de lo importante. Tendría a Jason en su vida de nuevo sin poder hacer nada para evitarlo.
—Vámonos. —Se dirigió a la salida.
Solo escuchó los pasos seguros y tranquilos del hombre con quien deseaba pasar la noche. Quería que le hiciera olvidar ese pesar tan grande y absurdo que abrasaba su maltrecho y lastimado corazón.
Su vida estaba a la deriva.