Ha pasado más de un mes desde que conocí a León. Contra todo pronóstico, se ha convertido en alguien muy importante para mí. No en el sentido que todos suponen, sino de una forma tranquila y real. Somos amigos. Me ha demostrado que se puede estar sin presionar, sin exigir, sin herir. Me ha invitado al cine, hemos salido a caminar, y casi todas las tardes las paso con él en la oficina, trabajando juntos en el proyecto del centro turístico. También va con frecuencia a cenar a casa. Papá lo estima muchísimo; se nota que confía en él y lo considera casi como un hijo más. León incluso insistió en ponerme escoltas. Aunque no salgo demasiado —solo voy a la academia, al refugio y a la empresa—, me siento más segura. Además, estoy de vacaciones en la universidad; aún faltan unos meses para comenza

