Me acerqué al espejo, mostrando mi pequeño cuerpo. Casi no podía reconocerme, tenía aproximadamente cinco años y una piel pálida. Media un metro y lucía un vestido rosado, con una falda acolchada, estilo princesa. Me acaricié la barbilla, era suave y estaba enrojecida. No pude analizarme más, ya que algo me llamó la atención. Mis ojos eran rojos, y mis colmillos comenzaron a crecer en ese mismo momento. Era vampiresa, una niña vampiro. Quizá mi destino siempre había sido ser vampiresa, quizá desde el principio estaba escrito en mi camino. —Jesica, ¿tienes hambre? —Le preguntó una sirvienta joven a la chica que tenía al lado. La estudié en silencio. Era hermosa, alta y esbelta. Tenía una sonrisa bonita y unos labios gruesos. Su caminar era impecable, parecía de la nobleza, mostraba segu

