ST: So Cold - Ben c***s, Nikisha Reyes-Pile
Mi corazón late al mil por hora. Aprieto mi boca en un intento de controlar mis emociones y verme tan tranquila como una chica atolondrada como yo puede ser. Primero veo a Randy, con una falda corta muy femenina y una boina que le queda increíble, intentando bajar su pesada maleta de la camioneta. Randy ha intentado parecer lo más femenina posible desde hace un año, en que decidió que su nombre no era nada femenino; ahora la veo como la hermana menor que enseña de maquillaje a la hermana mayor. Luego aparece Thomas detrás de ella. Lleva una chaqueta de piel falsa que le queda ajustada a los hombros y unos botínes con dibujos a pluma del escudo de la universidad a la que acude. Me pregunto si el corazón en el borde lo dibujó él...o alguien más:
—A ver, déjame hacerlo—le dice. Randy se hace un lado y gira lentamente en mi dirección.
—¡Morgan!—grita y abre los brazos para comenzar a correr en mi dirección. Ya no soy la clase de chiquilla que se averguenza por abrazar a una amiga, así que corro hacia ella y nos estrechamos en cuanto nos encontramos. Randy se aferra a mí y procura dar vueltas de felicidad conmigo. Yo rio y miro sobre su hombro. Tom ya ha bajado las maletas y me mira con una amplia sonrisa. Entonces, Randy me suelta y me encamina hacia su hermano con su expresión de "sé que pronto estarán juntos". Tímida, alargo la mano para estrechar la suya como una tonta. Tom ríe abiertamente, toma mis brazos y me atrae a él.
—No te voy a morder, Mor. No seas tan cuidadosa de repente—Acepto el abrazo y hundo mi rostro en su hombro—. Incluso me parece raro que no me abraces. Me dan celos, ¿por qué abrazas a Randy como si nada y a mí me ves con recelo?—musita mientras se aparta de mí. Yo quisiera que no lo hiciera.
—No es eso..., no es que no quiera abrazarte.
—¿Entonces?
—Es que eres un tonto, hermano.
—¿Por qué?
—¿No ves que eres un chico?—me sonrojo y miro a Randy suplicante. Le encanta lanzar las indirectas que yo no me atrevo, porque siempre temo que Tom las entienda, aunque...
—¿Y eso qué? ¿Acaso te doy asco como a las niñas pequeñas?—Randy me sonríe traviesa, pone los ojos en blanco y avanza en dirección a su casa. Yo río con ella; afortunadamente, Tom nunca parece entender indirectas. Tomo las maletas más pequeñas de Randy y la sigo dentro de la casa. El padre de ambos sube las escaleras con el celular sobre el hombro mientras lleva sus propias maletas. Parece que está discutiendo, pero Randy lo ignora.
—El día en que entienda será como el final del mundo, donde ya no servirá de nada que sepa tus sentimientos— murmura—. Será que se lo digas tú misma antes de eso.
Levanto los hombros.
—No. Creo que soy tan cobarde que esperaré al final del mundo para decirle. Ya sabes, la escena romántica donde todo se acabará y se besan con la ola del tsunami detrás....—Randy levanta las cejas. Para empezar, ni siquiera vivimos cerca de la playa y sé que parece que he visto demasiadas películas. Pero en lugar de comentar eso, Randy coloca una mano sobre mi hombro.
—¿Entonces debemos esperar a que ocurran las peores cosas para decir lo que queremos? ¿Y si no estuvieran juntos en medio de ese tsunami? ¿Se lo vas a decir en el cielo?—Trago saliva. Me recuerda al sueño de la maestra llora-moco que me dijo que era mi culpa, que no hice lo suficiente antes de que asesinaran a mi padre. Pude haber cambiado las cosas. Randy me mira, esperando una respuesta, pero yo agito la cabeza y me rio como tonta.
—Sólo lo dije por decir. Tampoco me gusta pensar más allá del hoy, Randy. Darle demasiado peso al futuro incierto me pone muy... ansiosa—replico. También es parte de mi problema. He podido evitarlo, pero creo que aventurarme al futuro me hace empeorar. ¿Y si su sucede lo peor? ¿Y si no soy capaz de hacer lo que debo? Puedo pensar en mil situaciones, que tienen casi nulas probabilidades de ocurrir, pero en mi cabeza, siempre será muy probable. He pensado en que algo malo podría pasarle a Tom en su camino a la universidad, aunque su carro esté nuevo y el camino sea seguro. También en que el paciente de mi madre podría matarla sólo porque sí, aunque no tengo más detalles al respecto. No importa qué tan probable sea, para mi cerebro, parecerá que es definitivo que ocurrirá. Carraspeó, eludiendo mis pensamientos. Lo de mi madre se convertirá en un disparador de compulsiones pronto, y empeorará si no consigo información.
—Bueno, tampoco quería incomodarte. Mira lo que te traje—dice Randy. De su bolsa extrae una película en blueray, "Los asesinos seriales del siglo XX". Salto del gusto y tomo la película.
—¡No estaba en ningún streaming! ¿Cómo lo conseguiste?—Randy levanta los hombros.
—Hay tiendas de discos muy viejas en la ciudad de mamá. Este era el último.
—Genial—digo sonriendo.
***
Recargo mi cabeza sobre la de Randy, que está recostada sobre mi hombro, y sonrío ante el documental. Hace solo media hora que la pusimos, pero Randy se aburrió horriblemente. Nos sentamos en el suelo de su habitación y Tom decidió venir con nosotras. Él se encuentra a mi izquierda, abrazando sus propias piernas. Puedo ver, por su rostro, que está tan aterrorizado como si mirara una película de terror. Cuando el documental muestra una escena del crimen poco a poco, con grandes cantidades de sangre, Tom aprieta mi muñeca y se aferra a mí.
—¿Tienes tanto miedo?—le pregunto riendo. Tom gira la cabeza y hace una mueca sin soltarme, está tan cerca de mí como para que le robe un beso, pero no me atrevería a hacerlo.
—Sí, pero es que... ¿no es increíble? Estas personas lucen como gente normal, pero mira lo que son capaces de hacer. Además, no tienen motivos para hacer daño... "solo lo hicieron". ¿De un momento a otro te da la gana de hacer daño a los demás y sólo lo haces? ¿Y el remordimiento? Dicen que lo tienen con esos ojos de cocodrilo, pero aún así, siguieron matando. Qué miedo. ¿Cómo reconocerías a un asesino que comenzará contigo?
—Supongo que por eso son seriales...—murmuro. Tom se apresura a colocar su mano sobre mi frente a modo de consuelo, el mismo gesto que siempre tiene con Randy. A veces me moletsa, ¿acaso es que me considera como otra hermanita menor? No tengo la edad de su hermana, pero tampoco tengo diecinueve como él. ¿Eso basta para que no me tome en serio?
—Y que no sé manejar, ni voy a la universidad...—murmuro—. Ah, qué frustración.
—¿Qué?
—Nada.
—Oye, Mor. No había encontrado el momento de decírtelo, pero el otro día vi a tu madre....—Salto y miro a Tom asustada.
—¡¿Con otro hombre?!
—No, claro que no—Tom ríe abiertamente—. No creo que tu mamá tenga tiempo de ver hombres sin que tú te enteraras por ti misma—Suspiro del alivio—En realidad la vi antes de irnos a casa de mi mamá. Estaba arrodillada en su jardín, trabajando con una pala. Sé que no le encanta la jardinería, por eso me pareció extraño que enterrara algo.
—Como un cuerpo—bromeo. Tom asiente—. Bueno, como estoy segura de que me lo dices porque esperas que yo vaya a husmear para que te cuente lo que hay ahí, te invitaré cuando lo haga.
—Excelente—murmura y ofrece su puño para chocarlo con el mío. Antes de que pueda responder, mi celular vibra en mi bolsillo.
— Perdona, es Mizuki.
—¿Mizuki, tu mejor amiga que te odia?
—Justamente, aunque es raro que me llame—Pongo el celular en mi oído mientras miro el rostro expectante de Thomas; su flequillo desordenado le cubre la mitad de la cara. Es un chismoso de primera y, por alguna razón, luce adorable.
—¡Morgan! ¿Dónde diablos estás? ¿Necesitas ayuda? ¿Ya llegaste?
—¿Qué? ¿De qué diablos hablas?
—¿No lo sabes? Vamos, Morgan, prende la televisión y cambia al canal de las noticias—Tom puede escuchar la voz alterada de Mizuki, de modo que la obedece—. Tienes que apresurarte, Morgan.
En la televisión se emite la altísima figura del edificio del hospital psiquiátrico al que tantas veces fui cuando era más pequeña. Puedo ver ambulancias y patrullas en las faldas del edificio. Hay decenas de personas mirando con horror hacia arriba y muchos policías intentando impedir que se acerquen demasiado al edificio. Las luces que han instalado en el suelo para enfocar lo que ocurre arriba se mueven como los faroles de una escena de teatro, tanto o menos dramática de lo que estoy viendo. Iluminan a un muchacho que camina de una viga estructural a un costado del piso diecitantos. Le llaman, intentan decirle que no lo haga, pero no se dirigen a él. Hay otra persona siguiéndole, alargando la mano en un intento ridículo de sostenerlo antes de que el caiga por la borda.
—¡Es tu madre!—grita Mizuki a través del teléfono—¡Es tu madre, Morgan!
No tiene que decirme nada más. No siento cuando salgo del cuarto de Randy, parece que levito. He visto la figura del padre de mis amigos, pero no escucho nada, parece que una malla alrededor de mi cabeza hace que todo rebote. No disntingo lo que veo ni escucho, sólo sé que estoy corriendo. Tampoco siento cuando una mano más sensata me levanta por los aires para detenerme y me conduce al asiento copiloto del auto de Tom. Prende las luces y nos disparamos hacia la ciudad.
***
Dejo la puerta abierta y corro. El piso resbaloso me hace trastabillar, intento patinar entre la multitud. La gente ve, con pánico, el noticiero que logra captar el momento. Mi madre está en el borde del marco de un balcón, tratando de alcanzar al chico s*****a, mientras él parece seguir otra cosa. Alza sus brazos sobre de él, como si quisiera recibir algo, pero no hay nada. Pareciera que le suplica algo al cielo, a los rayos y a la lluvia. No entiendo lo que hace, pero tampoco comprendo a mi madre. Hay hombres detrás de ella, en la ventana, pero sólo ella sale a las vigas. Cada vez más, sigue al muchacho en el camino donde las vigas no tienen el marco protector del balcón del piso de abajo. El muchacho parece un tipo drogado que se tambalea; si cruza a esa zona, no vivirá para contarla. ¿Qué diablos piensa hacer mi madre?
Seguramente está intentando tranquilizarlo. Nunca se perdonaría no poder salvarlo. Ya están más cerca del borde de las vigas más seguras. Entrarán en la zona donde el mínimo error les costará todo. En el último segundo puedo ver que el muchacho voltea bruscamente a mi madre y le grita algo. Debo subir. No sé cómo, pero debo impedirlo. Empujo a la gente durante dos calles, en un tiempo en el que no sé cómo está la situación. Los recepcionistas están alterados tratando de calmar a la multitud que se amontona alrededor. Han marcado cintas amarillas para evitar el paso, y hay tres patrullas, reporteros y una ambulancia. Logro escabullirme y empujo la pesada puerta de cristal mientras un policía grita que me detenga. No lo escucho y el elevador está once pisos arriba.
Lo mejor es que soy nieta de una entrenadora olímpica, pienso mientras suplico que el tiempo que me haga llegar detenga el suyo por milésimas. Subo corriendo y mis pisadas hacen un eco macabro en el lugar. Nada se atraviesa en mi camino y la adrenalina se libera para ayudarme a subir con constancia. Llego al doceavo piso y abro la puerta de la habitación con fuerza. Ni siquiera sé cómo he atinado al cuarto correcto, cuando se miran cientos de cuartos similares desde el exterior. Hay mucha gente reunida y otros tantos que tratan de evitar que otros pacientes vean la situación. Me acerco y un hombre enorme me bloquea el paso.
—¡Le exijo que me deje pasar!
—¿Qué quieres hacer? ¿Salvarlo? ¡Empeorarás las cosas, deja que los profesionales lo resuelvan!
—¡Si él quiere morir, que lo haga, pero mi madre no es ningún súperhéroe para impedirlo!— El hombre me ve con desconcierto y antes de volver a intentar impedírmelo y causar que lo golpease, un hombre aparece detrás de él y lo aparta.
—Manda a sacar a los reporteros que están allá abajo, y no permitas que nadie intente subir para lo que sea— pide con el sudor aun perlándole la frente. El hombre de cabello rubio y ojos marrones me mira y luego suspira; me recuerda. Se trata del jefe administrativo de sucursal, Lawrence.
—No puedes pasar, es peligroso.
—Lo siento Lawrence, pero la verdad es que no te pedí permiso—Antes de que Lawrence pueda hacer nada, me lanzo y lo evado con un fuerte golpe de cuerpo contra cuerpo. Justo cuando alcanzo el marco de la ventana por donde han salido, un muchacho se deja caer sobre mí. Nos damos un golpe frente a frente y caemos junto al borde de la cama; sus extremidades enredadas con las mías. Puedo verlo claramente mientras se queja del dolor. Tiene mi edad, ojos almendrados color avellana... ya lo he visto. ¡Es el mismo que se robó mis Chipichops en la tienda de mi pueblo!
Los médicos se acercan para levantarlo y tratar de alejarlo de la ventana, mientras mi madre, quien ha entrado detrás de él, hace guardia frente a ella. El muchacho se repliega hacia atrás. Por un instante parece que protege a mi madre de quienes los rodean, pero sólo la pone en más peligro al colocarla tan cerca del borde de la ventana.
—¡Ma..!—Nadie me hace caso. El muchahco ha comenzado a golpear para saltar de regreso.
—¡Es que ese maldito gato sigue ahí! ¡Tengo que sacarlo o se pondrá triste!—Mira hacia atrás, sobre su hombro. Tiene el puño cerrado detrás de él, como si sujetara algo.
—¡Tienes que tranquilizarte!— le exige Lawrence justo después de levantarme de un tirón. Trata de apartarme hasta acercarme al grandulón que me impidió la entrada.
—No sé por qué hacen esto. Solo fui a salvarla y debo cuidarla o volverá a escaparse. El maldito gato se me escapó antes de poder entrar. Deben cerrar la ventana y alejarla de ella.
Pero no importa lo que diga, aquí no hay ningún gato. Esquizofrenia... el maldito loco tiene esquizofrenia. Ha puesto a mi madre en peligro por algo que sólo existe en su cabeza. Un hombre se acerca bruscamente a él pero él se voltea y abre los brazos como si estuviera abrazando algo, dentro de sus alucinaciones. El hombre lo controla, sujeta sus brazos y dos enfermeras se acercan para inyectarle la sustancia de la jeringa. Le tapan la boca mientras él intenta forcejear y poco a poco sus músculos se relajan. Comienza a balbucear locuras inconsistentes mientras lo recuestan en su cama, con cuidado, y amarran unos seguros desde la cama en sus brazos y piernas. Se ha quedado inmóvil.
Veo la escena con sorpresa, pero logro reaccionar. Me acerco a mi madre rápidamente.
—¿Qué estás haciendo aquí?—pregunta con un dejo de enojo en su voz.
—¡Te vi en el noticiero!—respondo con la voz temblorosa. Realmente me había asustado.
—Te pedí que confiaras en mí, él no me iba a hacer nada. Fue un descuido dejarle la ventana abierta. No pensé que lo había pedido para esto.
—¡Eso pasa porque lo ves razonable!—grito con frustración–. Odio tu trabajo, no sigas trabajando aquí.
—¿Qué?
—¿Sabes que tienes una hija? No te puedes poner en peligro de esa forma cuando me tienes—murmuro. Mi madre está temblando, yo también. El susto nada en nuestros nervios, y lo único que quiero es arrastrarla fuera de este sitio. Refugiarla lejos de este loco. Podemos ver el miedo a través de los ojos de la otra. Es tan repentino que no hay lágrimas además de las mías.
—Morgan, yo...—comienza, pero Lawrence la toma por el brazo.
—Anne, vamos a inspeccionarte, y también tenemos que calmar a los medios.
—Sí, permíteme— dice, mientras hace un ademan. Las enfermeras y ayudantes salen del lugar, mientras una mujer se queda y jala un asiento. Seguramente el muchacho se quedara en observación.–Regresa a la casa ahora mismo
—Por supuesto que no, me quedo hasta que te marches— respondo mientras Lawrence me ve con compasión.
—Puedes esperar en la sala de recreación— me sugiere Lawrence.
—No puedes— interfiere mi madre sin apartar su intensa mirada de mis pupilas. Creo que en realidad no sabe cómo reaccionar—. Vete a casa ahora mismo. Seguramente te trajo Thomas. Regresa con él, debe estar esperándote, y asegúrate de que tu abuela no se entere de nada. Si lo vio, deberías correr ahora mismo para cerciorarte de que su presión no ha aumentado peligrosamente y llevarla al hospital para controlarla.
—Te digo que me quedo. Ellos pueden ver por sí mismos, pero parece que tú no. Lo veo porque te cuelgas detrás de un maldito s*****a, como si tú no tuvieras familia. ¿Es que yo valgo menos que él?—inquiero, señalando al muchacho. La memoria del dibujo que le robé hasta hace poco regresa a mí en un parpadeo—Pe-Peter... Él debe ser Peter. ¡Lawrence, este tipo es peligroso... él..!
—Te mantendré informada si ella no lo hace…—asegura Lawrence, mientras me toma por los hombros–La voy a cuidar, te lo prometo.
—¡No, tú no entiendes!
—Morgan...—Lawrence agita la cabeza y mira adelante. Mi madre ya no está ahí; le ha dado tiempo de escapar de mí. Me suelto de Lawrence rápidamente y señalo al muchacho inconsciente. La mayoría de las personas han dejado la habitación y ahora sólo se encuentra un grupo de seguridad que está abarrotando la ventana con herrería improvisada.
—Este tipo es Peter, ¿no? Lawrence, mi madre trajo a casa un dibujo de él, asesinando a un bebé con un a cuerda. Él se encontraba complemente feliz... ¡este tipo es un asesino!—grito. Puedo sentir las miradas recelosas y discretas de las personas que aún están en la habitación, pero no me importa. Ojalá que todos se enteren. Recuerdo lo que Thomas me dijo hace menos de treinta minutos: parecen gente inocente, pero no sabes si serás su primera víctima—No voy a dejar que un tipo así esté cerca de mi madre.
Lawrence levanta las cejas.
—No sé por qué viste ese dibujo, Morgan, pero..
—Ah, ¡¿lo sabías?! ¿Y aún así permites que esto suceda? ¿Pones a mi madre en peligro intencionalmente o no entiendes lo que acaba de ocurrir?—Sé que estoy siendo muy brusca con un adulto que me vio crecer, un hombre que podría ser mi familia, pero esto me sobrepasa. No puedo creerlo; estoy horriblemente ansiosa.
—Tú madre conoce los riesgos, pero creo que eres tú quien no comprende la situación de Peter—Lawrence habla con voz grave pero controlada, como si sintiera decepción.
—¡Esto es incréible, en serio!—grito, antes de salir corriendo de la habitación, no sin antes lanzarle una mirada de muerte a Peter. Cuando miro afuera, los enfermeros guían a los últimos pacientes que salieron a ver lo que ocurría dentro de sus habitaciones. Personas de administración reciben llamadas, pero desatienden muchas. Esto es noticia, y no puedo ver a mi madre en ningún sitio, hasta que escucho su voz por medio de la televisión que cuelga en la recepción del piso.
—Nuestro paciente tiene esquizofrenia. Parece que vio a un gato en peligro e intentó salvarlo; no fue ningún intento de s******o—explica, pero los montones de reporteros se acercan a ella para hacerle las mismas preguntas., elogiándola por su acto de valentía. Pongo los ojos en blanco, me limpio las lágrimas y me apresuro al elevador. Cuando me encuentro fuera, dos o tres reporteros se me acercan preguntándome de todo acerca de la situación: “¿Reamente trato de suicidarse?” “¿Por qué lo hizo?” , y al no verme con ropa del personal me siguen preguntando acerca de mi persona: “¿Eres familiar del muchacho?” “¿Eres amiga o su novia…?”
La última pregunta explota mis nervios y hablo rápidamente:
—En realidad no me importa en lo más mínimo, tal vez debió simplemente hacerlo.
Estúpida. No debí haber dicho eso. Comienzan a decir muchas cosas, juzgándome y criticándome. Salgo corriendo. No sé si lo usarán en mi contra pero no me importa aclarar nada y salgo volando a la calle lejana donde Tom ha podido estacionar el auto. Me ve con ojos ansiosos cuando me aproximo.
—¿Estás bien? ¿Y tú mamá? ¿Cómo lo detuvieron?—No puedo decir nada. En su lugar, deslizo los brazos debajo de los suyos y me ato a él en un brazo de desesperación. Lloriqueo enseguida. Quiero regresar, tomar a mi madre en contra de su voluntad y llevármela a rastras si es necesario. Suplicarle a Tom que me ayude a hacerlo sin chistar, pero no sé si estoy exagerando. Lawrence me miró como una auténtica desalmada mientras mirada a mi madre como una superheroína, aunque sabía que no lo era, y que no podía hacer gran cosa sin importar si ponía su via en riesgo. Tom me abraza y no intenta hacer un sermón estúpido sobre el s******o o expresar alivio. Simplemente me estrecha, me sostiene sobre sus hombros, haciéndome sentir segura. El problema es que con mi seguridad no basta... necesito poner a salvo a mi madre, a salvo de Peter.