Cuando Gael descubre que la gorda es una persona.

1496 Palabras
Lidia no volvió al gimnasio la semana siguiente, ni la siguiente. Los días pasaban y la rutina seguía siendo la misma, la usencia de Lidia no significaba nada en ese sitio. Excepto para Gael, que de pronto se vio sin mucho que hacer pues la mayoría de sus clientes no requieren mucha atención y le buscan para aclarar una que otra duda. Su trabajo nunca conllevó poner en práctica demasiado de sus conocimientos, porque trabajaba para gente que tiene conocimientos similares. Pero al tratarse de Lidia las cosas eran un poco diferentes, esa hora a la semana juntos le estudiar sobre posibles lesiones y cómo prevenirlas. No es alguien que se tome a la ligera su trabajo, tampoco quería que Lidia manchara su historial de trabajo impecable con su bajo desempeño. O que le culparan a él por alguna lesión que se provocase al efectuar mal un ejercicio. En estos tres meses su enfoque del deporte había mutado un poco y empezaba a pillarle el gusto a la prevención de lesiones y ejercicios relacionados a rehabilitación física. La echaba de menos. No quería ni pensar en ello, pero en cada espejo por el que se cruzaba o máquina que iba a revisar le evocaba una imagen de Lidia con el rostro colorado tratando de completar una serie. En un punto de su día llegó a la conclusión de que se había acostumbrado a verla haciendo el ridículo con el rostro colorado por el sobreesfuerzo en cada actividad. Había pasado un mes y no sabía nada de ella. Tampoco podía preguntar a alguien por ella, jamás se tomó la molestia de pedirle su número o alguna red social por lo que no tenía forma de enterarse de su bienestar en este momento. Recordó las fichas que se hacen de cada cliente y fue por la de Lidia a la recepción, en su camino se cruzó con Ruth, la única clienta con la que Lidia cruzó palabras durante sus visitas. Gael se alegró, tal vez Ruth tendría algún tipo de información. Comenzaron una charla en el pasillo bastante trivial, Gael no sabía cómo guiar la conversación hasta el punto de que necesitaba y Ruth parecía muy alegre hablando de sus avances en la cantidad de seguidores en sus redes. Su carrera de Influencer promete un futuro brillante. Pensando que ya no había forma de sacar el tema de Lidia a colación terminó siendo Ruth quien dio el primer paso al hacerle una gran confesión. ¿Sabes? Cuando Lidia comenzó a venir me impactó bastante. Había rumores de que aquí no dejaban entrar “cierto” tipo de personas. Nunca me enteré a que se referían, y cuando pude entrar lo olvidé. Yo creo que nadie de aquí sabía a quién estaban ignorando, y es una suerte, porque si no mis barras energéticas jamás habrían podido venderse. Gael estaba confundido. A qué se refería con que, gracias a Lidia, ¿es que acaso esa mujer le estaba comprando todos sus productos o algo así? Ruth pareció adivinar el desconcierto de Gael, por lo que siguió hablando para darle más detalles. —Lidia sabía que yo era influencer y me pidió hacer una campaña para su empresa. Yo no tenía idea de que fuera empresaria, después de decirme de que se trataba le conté sobre mi receta de barras energéticas y sugirió que podríamos fabricarlas en una edición limitada como colaboración con su empresa para testear el mercado ¡Es lo más guay que me ha pasado en la vida! El teléfono de Ruth comenzó a sonar, Gael le dedicó una sonrisa amable y Ruth se perdió de vista entre las maquinas del fondo. Ahora estaba más curioso que antes, ya no se trataba de saber cómo está sino de enterarse quién es. Entonces se fue al mesón a buscar la ficha de la chica. Lidia Moreno 129 kilos, 1,60 de altura. 28 años. Tomó su celular y comenzó una búsqueda rápida. "El start—up nacional de alimentos saludables que se abre paso entre las empresas emergentes. Su cocreadora Lidia Moreno habla con nosotros" "Como verás claramente no tengo hábitos muy saludables, dejo que mi ansiedad me devore y yo me lo devoro todo por ella. Así que Camilo y yo decidimos comenzar este proyecto. La idea es que cada vez que sientes esas locas ganas de romper tu dieta pidas nuestra caja de productos a domicilio y te des un atracón de comida saludable y deliciosa. Se que es muy difícil evitar ese impulso, pero mientras estés de camino a lograrlo puedes contar con nosotros como aliado para evitar el autosabotaje" La internet está llena de elogios para una compañía emergente que ha logrado conseguir reactivar empleos de cocineros, empaquetadores y repartidores. Se deshacen en felicitaciones por la rápida expansión y cómo han manejado la demanda exponencial. En su búsqueda se encuentra con un titular distinto a felicitaciones. “El futuro de Yomiñami empañado por la salida de su cocreadora” Camilo Bahamondes habla sobre la separación laboral entre Yomiñami y Lidia Moreno: "En nuestra evolución como empresa hemos empezado a resentir las exigencias del día a día nuevo que se nos presenta. Y Lidia lleva prácticamente seis años sin dormir por ver en pie su sueño. Para nada está desvinculada de nuestros proyectos, simplemente es una merecida pausa. Esperamos poder reincorporarla a futuro, Camilo afirma: "las mejores ideas surgen en su presencia, es una gran líder" Gael deja de leer al darse cuenta de que estuvo trabajando para una empresaria reconocida y la trató por casi tres meses con la punta del zapato. A estas alturas parece que no está moralmente muy lejos de ese tal Camilo. De pronto recordó una foto que hizo de Lidia de espaldas y que publicó con la frase "martes de martirio". Le pareció gracioso descargar su molestia contra la mera presencia de Lidia en ese lugar, pero ahora, que no puede dejar de pensar en cada momento que pasó con ella piensa que tal vez ese acto fue el culpable de que las tres clases pactadas se convirtieran en una. Como si de un sueño se tratase, se quedó analizándose a sí mismo, recordando los momentos en los que Lidia estuvo cerca de él solicitándole ayuda, y el en una mezcla de frustración e incomodidad le escupía las respuestas secamente. Su mente siguió estancada en el asunto de la foto: ella solía pedirle ayuda los tres días que venía: martes, jueves y sábado. Pero de un momento a otro, aunque venía ese día, solo le solicitaba ayuda los sábados. —"Seguramente vio mi comentario" —susurró para sí Gael. Recordó también el momento en el paradero, porqué Lidia le enseñó un mensaje tan privado a buenas y a primeras sin casi vacilación. ¿Es que confiaba en él o solo está segura de que no lo volvería a ver ni tendría que hablar del tema? Probablemente Lidia no le mostró los dichos de Camilo porque se sintiera cercana a él, solo quiso sacarle la duda. Ya iba por el mes y medio sin aparecer Lidia. Y cada día sentía que la extrañaba un poco más, las pocas veces que no la regañaba, ella solía hablar emocionada de cualquier cosa, aun sabiendo que él se comportase indiferente. Las veces que ella hablaba de un nuevo concepto, idea o serie, sonaba como que había hecho una investigación exhaustiva, pero a la semana siguiente ya estaba interesada en otra cosa. Cuando eso pasaba Gael asumía que era una ociosa empedernida y se quedaba horas mirando el celular y comiendo chatarra, pero, aunque se llenaba la cabeza de prejuicios y suposiciones, en el fondo disfrutaba eso de ella. Sabía tanto de todo debido a lo mismo, nunca se quedaba con una duda por culpa de esa habilidad. Se sintió tonto de pronto al sonreír pensando en todas las virtudes de Lidia que emergieron de repente. Su jefe lo vio en el mesón sonriéndole a la nada y le dijo: —¡Al fin te libraste de esa gorda! Pensé que extrañabas su dinero, pero por esa cara veo que estás aliviado. Por ningún motivo le confesaría que, al contrario, estaba sonriendo al pensar en ella. —¿Sabías que es una empresaria? —preguntó Gael con una sonrisa divertida. —¿Quién? —respondió con el cejo fruncido el encargado. Le molestaban las adivinanzas sin pistas. —La gorda. Dijo Gael encogiéndose de hombros. Sabía que de usar otro calificativo no se daría a entender, sintió culpa al referirse así de ella. —¿En serio? ¿De qué? —Comida saludable a domicilio. El jefe se largó a reír hasta casi llorar, buen chiste concluyó y se fue a inspeccionar las máquinas. Gael quedó un poco descolocado por esa risa tan frenética, y quizás fue la causante de su siguiente decisión. Abrió otra vez el cajón con las fichas de los clientes y anotó en su celular la dirección de Lidia. Iría a verla.
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