A Gael lo confunden con un sexo servidor

2230 Palabras
Luego del trabajo se duchó en el mismo gimnasio, usó la ropa limpia que guarda en su casillero en caso de emergencia y se dispuso a visitar a Lidia. Prefirió salir directamente desde el gimnasio hasta el departamento de Lidia pues este se encontraba más cerca que su propia casa.   Gael seguía firme en su idea de visitar a Lidia, pero en el camino empezó a dudar un poco de qué es lo que le diría exactamente. Se paró en el exterior del edificio mirando lo alto que es en comparación a todo a su alrededor, parecía un sitio demasiado ostentoso para ser el hogar de una chica tan sencilla. Subió las escaleras sin cuestionamiento de nadie, el edifico no tiene guardias ni conserjes y los primeros pisos fueron reacondicionados para convertirse en oficinas de todo tipo de negocios.   Sus ojos se posaban en cada puerta y letrero sin ser capaz de prestar atención a ningún detalle. Empezaba a acobardarse, dudaba incluso de estar usando ropa deportiva en una ocasión como esta, y, de todos modos, aunque su ropa no era la apropiada era claro que algo más formal o diferente de lo que lleva puesto regularmente en el gimnasio habría sido sospechoso.   Ya en el décimo piso frente a la puerta de Lidia sintió un cosquilleo raro, la indecisión comenzó a crecer con forme subía escalones. No se dejó amedrentar por sus propias dudas, tocó la puerta y se quedó impaciente esperando alguna reacción.   Tardaron en abrir, no supo cuánto tiempo esperó exactamente y no le dedicó más tiempo a ese pensamiento. Se descolocó un poco al ver a Lidia usando la misma ropa con la que se fue esa mañana hace casi un mes del gimnasio. Su largo cabello n***o estaba enmarañado, parecía imposible de volver a peinar otra vez. Era claro que ni la vestimenta ni quién la vestían habían sido lavados en mes y medio.   — ¿Qué haces aquí? Preguntó Lidia restregándose los ojos. Se veía soñolienta y muy cansada.   —Yo…—titubeó un instante al verla tan descuida— …quería saber por qué no has ido al gimnasio. —Declaró, se escuchó a sí mismo como el tonto más grande en el edificio y tuvo deseos de voltear e irse.   Ella lo miró confundida   —Creí haberle transferido a tu jefe tu dinero.   Lidia interpretó la aparición de Gael como una visita del departamento de cobranzas del Gimnasio.   — ¿Mi dinero? —Gael no entendía de qué hablaba Lidia, su trabajo en el gimnasio seguía igual que de costumbre y su sueldo también. Entonces pensó que tal vez ella ha estado pagando sus clases a sobreprecio, aunque no está asistiendo No sé si es muy buena o solo tonta…—Se dijo a si mismo   — ¿Puedo pasar? — Trató de usar el tono más amable que conocía.   —No... —Respondió ella como si le hubiese preguntado acerca de cometer un crimen.   —Quiero saber cómo te encuentras, charlar un poco, eso es todo.   —Estoy bien… —Se apresuró a contestar mecánicamente mirándose los pies. Y continuó con una simple palabra: Bye   Lo dijo en voz muy suave y cerró la puerta en la cara de Gael. Lidia se sentó en el piso, apoyando su espalda en la puerta, creyó pasos alejándose y se sintió aliviada pensando que Gael se había ido.   Ya estoy aquí, no iré a ninguna parte —Se dijo Gael a sí mismo y volvió golpear la puerta.   — ¿Que? Dijo ella molesta al tiempo que erguía y abría la puerta nuevamente.   —Quiero entrar. Dijo Gael con cierta autoridad, rezando internamente que funcionara. Ella suspiró y me dejó pasar.   El interior estaba desordenado y había un intenso olor a encierro. El sillón de dos cuerpos que tiene frente a la cocina estilo americano estaba lleno de migas de galletas.   —Perdón por el desorden, yo...no quería que entraras por eso —Dijo sobándose el hombro derecho en señal de incomodidad.   Supongo que has estado ocupada— replicó Gael camuflando sus verdaderos pensamientos, si unía todos estos signos el resultado era un estado de depresión intenso.   —La verdad, un poco. Mis amigos están teniendo problemas para hacer su trabajo y han necesitado mucha ayuda.   Cuando dijo “amigos” Gael sintió la urgencia de preguntar si de refería a quien le envío esa captura de pantalla, decidió guardarse su pregunta. Ambos se quedaron en silencio, claramente incomodos   — ¿Quieres comer algo? Dijo mirando el reloj de pared sobre el sofá. Debes haber salido recién del trabajo…— la vista de Gael se posó en los envoltorios de papas fritas en su mesa de te, Lidia lo notó— …No te preocupes, también tengo comida para gente normal — Aclaró.   Diez minutos después Gael estaba comiendo tallarines de zucchini con una salsa boloñesa deliciosa. Ella puso la boloñesa sobre un pan partido a la mitad y lo llenó de queso antes de meterlo al microondas . — ¿Tienes sed? Preguntó Lidia señalándole una botella de jugo de frutas natural. Gael asintió, ella tomó un vaso sirvió el jugo y luego lo guardó en el refrigerador. Después tomó una gaseosa, llenó un vaso con ella y sacó su comida del microondas.   Es curioso ver como tiene ingredientes para preparar platillos tan opuestos— pensó Gael   —Supongo que no puedo confiar en tu jefe — Dijo suspirando— Se suponía que te daría el extra que acordamos directamente…   —No sabía que seguías pagando, vine aquí para saber la razón de tus faltas.   —No me parecía correcto desaparecer y no hacerlo. Me refiero a pagar, no es tu culpa que cancele mi membresía.   Gael abrió los ojos, impactado, esa confesión no la esperaba.   — ¿No vas a ir más? —Ella ya había dicho que no, pero no pudo evitar dejar salir esa pregunta.   —Ya no tiene caso hacerlo —confesó— Camilo está saliendo con otra chica y la ha embazado. No tiene sentido que intente más.   No había mucha emoción en su rostro. Tal vez esta reflexión había ocurrido luego de llorar tanto…—pensó Gael. Y se vio de nuevo con ella en la parada de bus. Se recriminó por no haber si quiera dicho algo reconfortante, tendría que haber impedido que tomara ese auto y conversar un poco con ella. No era algo imposible de hacer de todos modos.   —Creí que era algo que querías para ti misma…—Que gran mentira, habían pasado tres meses y Gael no sabía nada en absoluto de ella, mucho menos habría sabido sus intenciones.   — ¿Por qué querría sufrir y sudar tanto por mí misma? No tiene sentido – Se sonrió nerviosa, a sabiendas de lo poco sano que se escuchaba— Además creo que eso ayudará a tu gimnasio. Nadie iba ahí en por problemas de peso, todos están esculpidos a mano. Seguramente yo hacía vez al sitio como ineficaz o algo por el estilo...y ya no quiero más miradas de asco de gente delgada. Saben cómo hacer sentir a alguien mal…   Supongo que soy ese tipo de persona —pensó Gael.   —No pienses que te estoy atacando. Yo solo, ya no quiero sufrir más —confesó escondiendo una lágrima que escapó de su ojo izquierdo— por esa clase de cosas…   Terminó de hablar y se tomó dos vasos más de gaseosa y le dio un par de mascadas a su comida, cerró los ojos mientras lo hacía. Ahí fue cuando Gael notó que Lidia saboreaba su comida intentando centrarse en el placer de las calorías para olvidar lo que estaba sintiendo.   Lidia recibió un mail en su celular, luego de leerlo hizo una llamada y se sentó en el sofá con la computadora portátil. Seguía hablando por teléfono. Su forma de hablar tan segura, confortando a otros era muy distinta de la imagen general tímida e insegura que tenía todo el tiempo en el gimnasio. En su trabajo se comportaba como una mujer resuelta.   Gael se quedó embobado mirándola. Hasta que de pronto la puerta principal se abrió sola. Otra chica —mucho menos gorda que Lidia— pero tampoco en su peso ideal llegó. Tenía el cabello lacio, en una coleta y vestía con ropa ceñida bastante favorable. Cargaba bolsas con compras de supermercado, Gael se le acercó para ayudarla y notó la mirada de esa extraña escudriñándolo. Ella aceptó el gesto de ayuda y mientas le entregaba las bolsas aprovechó la proximidad para susurrarle:   —Eres de la agencia, ¿no?   Gael la miró desconcertado. No conocía ningún tipo de agencia.   — ¡Sii! —Gritó emocionada, pensando que el silencio de Gael era una confirmación a sus pensamientos— No podía seguir "guardándose" para ese imbécil que hasta hijos va a tener pronto.   La mujer empezó a tocarle los brazos y apretar sus músculos de la misma forma que alguien elige una verdura en el mercado. Gael no podía creer con el descaro que la mujer le tocaba y las cosas extrañas que decía.   —No sabía que tan "alta" podía ser la calidad de los chicos, son muy reservados en sus descripciones. Pero tú te ves muy bien. ¿Ya se acostaron o aún es incapaz de soltar el trabajo?   Definitivamente ella cree que me prostituyo…—Pensó Gael.   —No he podido sacarla de su trabajo— Respondió fingiéndose deprimido, pensó que seguirle la corriente un rato y ver cómo terminaba todo sería divertido.    Caminaron hasta la cocina, Gael puso las bolsas sobre el mesón en el que no hace mucho había estado comiendo. La mujer se dispuso a guardar todo en su sitio. Al ver lo que sacaba de cada bolsa pudo entender que ella es la responsable de que haya ingredientes saludables para platos como el que Lidia preparó antes. . —Creí que debería darte algunos consejos para que, ya sabes ...cuando empiece tu trabajo lo hagas bien— Gael escuchó esto intentando no soltar una risa estrepitosa. Esta mujer ni si quiera le había preguntado cómo se llamaba y quería darle consejos íntimos sobre Lidia.   —Ella realmente lo necesita —continuó— he estado insistiendo en que vea a otras personas, pero ese desgraciado la embrujó. Primero refuerzo positivo, dile que es buena, pero no le mientas. Sabe cuándo alguien es condescendiente, excepto con ese imbécil, a él le cree todo. Otra cosa, mírala de vez en cuando, si no la vas a mirar con deseo no lo hagas, ella es muy insegura… y por último…   De pronto sienten la mirada de Lidia caer sobre los dos. La llamada al fin ha terminado y sigue teniendo el teléfono en la mano. Ninguno sabe cuánto habrá escuchado, pero luce aterrada   — ¿De qué mierda le estás hablando, Mariela? — Lidia pregunta histérica.   —Solo quiero que valga el dinero que le estás pagando— respondió la amiga encogiéndose de hombros, como si toda su actitud encajara en la definición de inocente.   — ¿Y para qué crees que le estoy pagando? — preguntó irritada   —Para follarte, que más— Habló con tanta soltura que Lidia no podía creer lo que le estaba diciendo, dejó caer el teléfono al piso por la conmoción. Miró a Gael quien estaba fingiendo sorpresa e indignación.   —Mariela él es... ¡mi entrenado personal! ¿Qué mierda tienes en la cabeza?   Mariela guardó silencio y miró a Gael entrecerrando los ojos. Como si estuviese reprochándole la broma que le jugó. Él sonrió divertido y con falsa inocencia se excusó   —Lo siento, no me diste tiempo de explicar…   Lidia cubrió su rostro y susurró: Salgan   Ambos la miramos desconcertados y preguntaron al mismo tiempo ¡¿Qué?!   ¡Váyanse! —Gritó y a empujones nos sacó de su departamento.   Una vez fuera Mariela empezó a reír a carcajadas.   —Así que tú eres Gael. Le dijo, mirándolo divertida.   — ¿Si sabías quién soy? Preguntó dudoso.   —Oh, no solo te conozco de nombre. He visto tu perfil en las redes, pero solo subes fotos de tus abdominales. ¡No me quejo de eso!, pero no conocía tu rostro, no tenía como adivinar que eras tu. Es solo que Lidia hablaba mucho de ti.   Gael se alegró de saber lo último.   —Al principio yo hacía chistes de cómo llegaba ella despeinada y colorada. Cuando ella decía "Gael hoy fue muy duro, me hizo sudar mucho" yo solía hacer chistes sexuales del tema...bueno, eso hasta que subiste esa foto...—Suspiró.   —Te refieres a esa en la que dije que…—Intentó decir con algo de vergüenza.   — Que estar con ella es un martirio —Confirmó Mariela.   —Estoy muy arrepentido de eso…—Hace tiempo que Gael quería decir eso, pero no había encontrado a nadie que quisiera escucharlo.   —Yo también —suspiró Mariela— Ella no revisa las redes desde que empezó a tener problemas con Camilo. Y cuando publicaste esa foto me emocioné tanto de saber que alguien la tomaba en cuenta…no leí la descripción...pero ella sí.   Mariela sacudió la cabeza como si tratara de dejar aquello atrás.   — ¿Por qué viniste? Ella renunció al gimnasio hace un mes y medio.   Gael guardó silencio. No habría sonado nada sincero admitir que la extrañaba luego de lo Mariela acababa de recordar.  
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