Al día siguiente Gael volvió a su trabajo para confrontar a su jefe por lo del dinero de Lidia. No buscaba pelear, tan solo aclarar qué estaba ocurriendo.
—Si planeaba entregártelo. Es solo que hemos estado teniendo problemas de captación de clientes desde hace un tiempo. ¿Recuerdas cuando esa gorda se puso a llorar en la zona de trotadoras? Pues resulta que alguien la grabó y se empezó a esparcir con el rumor de que maltratamos a las de su clase.
“Supongo que la gente de internet esta vez no están equivocados. Es solo cosa de escucharlo. O ver mis publicaciones…” —pensó Gael.
—Usé ese dinero para hacer algo de publicidad y cambiar la imagen del gimnasio. —Resumió.
—Espera. ¿Pagaste eso con el abono de un mes y medio? — Gael sabía que Lidia pagaba bien, pero eso no significaba que el dinero fuese suficiente para hacer lo que el encargado del gimnasio quería.
— ¿Mes y medio? ¡No! —Se apresuró a corregir— Ella había pagado la membresía anual y decidió pagar tus clases por el mismo periodo. No pudo pagar todo de una vez cuando se inscribió así que por tres meses pagó mensualmente. Cuando decidió retirarse me llamó para pagar lo restante. Tres clases semanales por un año. Y como te estaba pagando el triple, fue un pastizal que me vino muy bien para pagar esa publicidad.
Estaba claro, Lidia no planeaba volver. Gael siguió su día de trabajo sintiéndose molesto con eso. ¿Acaso el no significa nada para ella? Sabe que no es el culpable el alta del gimnasio por parte de Lidia, pero al menos le habría gustado ser la causa por la que no se fuera.
Se había estado comiendo la cabeza todo el día pensando en ello, y para cuando terminó su día ya tenía claro que haría sobre todo este asunto.
En casa de Lidia Mariela está aspirando la alfombra mientras que Lidia está concentrada en su computadora. Por casi un mes no le había permitido tocar nada del departamento, Lidia solo quería enterrarse en chatarra y no ver la luz del sol nunca más. Mariela no sabía exactamente cómo manejar la situación, por lo que por ese periodo se limitó a mantener su dieta lo más sana posible. Ahora que por fin le había permitido limpiar no pararía hasta dejar todo reluciente.
Lidia se vistió con el primer camisón gigante que encontró en el armario, no trae pantalones ni medias y trae el cabello mojado. Hace veinte minutos salió de la ducha y lo primero que hizo fue tomar el ordenador.
Tocan a la puerta varias veces antes que Mariela logre escuchar. Apaga la aspiradora y camina hasta la puerta principal. Es otra vez el chico guapo del gimnasio, Gael. Viste camiseta de tirantes y unos shorts deportivos hasta las rodillas. Desde la mirilla lo detalla fascinada. Le abre la puerta sonriendo.
— ¡Que lindura de sorpresa! — dice, recalcando con su entonación que por lindura se refiere a él.
— ¿Puedo pasar? — Pregunta Gael pasándose el pelo por el cabello, a sabiendas de que es un gesto tal efectivo para conseguir un sí como lo es para un cachorrito ladear la cabeza.
— ¡Por supuesto! — Le contesta Mariela abriendo la puerta y dándole espacio para entrar sin dejar de mirar descaradamente los músculos tonificados del chico.
Lidia levanta la cabeza para ver de quién se trata. Está desconcertada al verlo nuevamente, aunque en su interior guardaba una mínima esperanza de volverlo a ver, por él se duchó después de casi un mes de no prestar atención a su propio aspecto y le dejó a Mariela echarle mano al departamento. Obviamente ni ella ha notado sus propias acciones tan repentinas.
Quiso hacerle un montón de preguntas, pero una llamada de trabajo se lo impidió.
Mariela sabía que esa llamada tardaría veinte minutos mínimo en acabar, así que le ofreció algo de beber a Gael y lo acompañó mientras esperaba sentado en la mesa de la cocina, al costado derecho del sillón en que está Lidia.
— ¿Y qué te trae por aquí hoy? —Pregunta Mariela mientras pasa un paño desinfectante por la superficie de la mesa. Da la impresión de ser una barista aseando su espacio de trabajo mientras el cliente bebe
—Quiero decirle algo a Lidia…—Gael no tenía intención de darle muchos detalles a Mariela, después de lo que pasó ayer era claro que solía entrometerse demasiado en la vida privada de Lidia, o al menos esa impresión le dio.
— ¿Por qué no le escribiste o llamaste? No era necesario que vinieras. Como verás — le señala a Lidia Hablando por teléfono— Ella puede resolver prácticamente cualquier asunto con una llamada.
—No tengo su número —Soltó sin pensarlo mucho y dio un sorbo a la lata de cerveza que Mariela le dio minutos antes.
— ¿Conseguiste su dirección, pero no su número telefónico? pff…— Mariela echa a reír— No le vayas a dar esa excusa tan tonta… — Miró a su amiga con cierta pena, viendo la entrega con la que habla de su trabajo— …no te va a creer.
Gael bebe otro sorbo. Mariela tiene razón, nuevamente subestima a Lidia.
—Ayer no sabía lo que se ahora. Pensé que se ausentaría un tiempo, no que abandonaría el gimnasio.
—Traté de persuadirla, pero nuevamente está en esa etapa de autoflagelación. De hecho, ya empezaba a notar efectos de su esfuerzo, no sé si físicamente. Porque se viste con sacos de papa gigantes sin forma y tampoco es que se pasee desnuda por el departamento, pero si podía notar su respiración menos breve, tenía menos insomnio y menos impulsos por comer…—Suspiró sintiendo que podía sincerarse un poco con él— Temo que engorde más, su corazón ya no resiste más problemas emocionales no creo que sea capaz de resolver problemas físicos.
Se quedaron en silencio mirándola preocupados. Lidia hablaba sin parar al teléfono explicando sus planes para el proyecto y a quienes planeaba contactar. Reía genuinamente con algunos chistes entre discusiones serías Gael se dio cuenta que en estos meses de conocerla nunca la vio reír así. Solo reía nerviosa cuando él la regañaba.
¿Qué tan indolente podía llegar a ser que no le importó ver una sonrisa en su cara sólo porque estaba gorda?
En el fondo, desde que la conoció sintió un desprecio inexplicable por ella, algo dentro de si le hacía odiarla porque sentía que estar gorda era la causa de todo problema que pudiese tener, y por lo tanto se los merecía. La pensaba descuidada de sí misma por gusto, todo debía ser indudablemente culpa de lidia por comer con obscena gula.
Debido a su origen el jamás lidió con gente con sobrepeso, todo el mundo a su alrededor era bien parecido y practicaban algún deporte. Por lo que siempre pensó que la gente engorda porque quiere y son demasiado patéticos como para remediarlo.
Pero Lidia no es patética en lo absoluto, y tal vez nadie lo sea en realidad, es solo que nunca se dio el tiempo de pensar en que existían razones detrás de ello. Que comer puede ser un escape para algo mucho más complejo.
—Adiós—dijo Lidia colgando la llamada— Lamento haberte hecho esperar tanto Gael —Intentaba no parecer nerviosa frente a la presencia de Gael— ¿Qué es lo que necesitas? ¿A qué has venido?
Con esas dos preguntas en la mente Gael entendió que no había planeado esta parte del asunto, impulsivamente había tomado una decisión sin tomar los pasos para alcanzar su objetivo.
—Mi jefe me explicó que abandonaste el gimnasio— Se decantó por una especie de introducción al asunto. Tuvo que fingir que bebía cerveza porque al empinar la lata notó que ya estaba vacía. Lidia hizo una mueca con los labios queriendo transmitir su desconcierto, el día anterior ella le había dejado bastante en claro que no volvería. No era necesario venir a su casa a discutir un asunto ya cerrado
—…También dijo que pagaste mis clases por adelantado un año completo —continuó Gael— y ya que solo has tomado una en vez de las tres semanales desde… prácticamente el comienzo...creo que me debes alrededor de 40 clases.
Lidia abrió los ojos de par en par. No entendía qué pretendía Gael. Ella ya había pagado todo, ¿Qué más podría querer?
— ¿Estás diciendo que quieres que asista a esas clases? —Preguntó Lidia esperando que la respuesta fuera un no rotundo.
—No —soltó Gael encogiéndose de hombros— sé qué no quieres volver al gimnasio…
Lidia suspiró internamente aliviada por esa respuesta.
—… y ya que no deseas ir—continuó— vendré después de mi horario en el gimnasio para hacerlas aquí.
Después de escuchar eso último ser dicho con tanta seriedad, Lidia miró a Mariela buscando algún indicio de complot o chiste muy bien elaborado. Mariela notó esa mirada tan clara que parecía gritar ¡si esto es un chiste u obra tuya, te vas de esta casa y no vuelves más!
Mariela agitó las manos, desesperada, como si esas palabras flotaran a su alrededor y tratase de disiparlas
—Yo no sabía nada, lo juro —Dijo Mariela temiendo ser regañada como el día anterior por lo de confundir a Gael con un trabajador s****l.
—Es mi idea —complementó Gael— No me siento cómodo recibiendo un pago por un trabajo que no se me deja hacer…
Bueno, en realidad sí. Bastante cómodo de hecho, pero la situación aquí es que quiere pasar más tiempo con ella y es difícil poder confesarlo cuando ni si quiera él entiende bien la razón.
Lidia se enrojeció avergonzada ante la idea de tener a Gael en su casa tres veces por semana. Era una linda imagen, pero al mismo tiempo las bocinas de peligro sonaban con fuerza en su cabeza y estómago. Gael interpretó el profundo silencio de Lidia como una negativa que no sabía cómo comunicar. No se iría con las manos vacías, nuevamente usó su técnica de rascarse la cabeza fingiendo incomodidad al tiempo que luce sus bíceps para decirle: Solo pienso que es lo correcto para ti.
—Si te incomoda, ¡Devuélveme el dinero y ya! —Dijo Lidia casi gritando, la visión de un chico tan guapo siendo incomodado por sus acciones le revolvió las emociones y estrujó su corazón. No tenía idea cómo reaccionar a eso. Al fin tomó conciencia de su cabello mojado y se excusó diciendo que debía ir a secárselo.
Abandonó la habitación.
Gael miró a Mariela y esta le hizo un gesto tratando de decirle que esperara un poco, conocía los arrebatos espontáneos de su amiga. Se sentaron en el sofá a esperar.
— ¿De verdad quieres hacerle clases? Porque si es por el dinero ella…
Rápidamente Gael le interrumpió.
— No es por el dinero, yo…
Estaba a punto de confesarle a Mariela que desea ver más seguido a Lidia, pero Lidia volvió con el cabello envuelto en una toalla, frotándolo con furia.
—Perdón por pedirte de vuelta el dinero— Se disculpó Lidia un poco más calmada. Pero no me parece correcto hacerte venir hasta aquí fuera de tu horario de trabajo. Además, no tengo implementos para hacer ningún ejercicio y recibo llamadas a cada tanto que arruinarían tu plan de trabajo…
Gael recordó lo exigente que solía ser con ella cuando miraba el teléfono en vez de prestarle atención. Y como él siempre se reía internamente pensando que ella perdía el tiempo viendo a qué pastelería correría después de cada entrenamiento.
"Supongo que si alguien me hubiese dicho que eso lo hacía por su empresa me habría reído igual o peor que mi jefe"— se dijo a si mismo
—Lidia deja de poner excusas tontas. Él ya sabe todo eso que le estás diciendo. Vino a ofrecerte su trabajo a domicilio y ¿Vas a negarte? No fuiste tú la que dijo que empezabas a sentirte bien haciendo ejercicio. Si lo abandonas justo ahora que empiezas a notar los beneficios sería una gran estupidez.
Gael agradeció que Mariela se pusiera de su lado. Nuevamente llamaron a Lidia. Quien titubeó en contestar.
—Bueno, mientras contestas esa llamada Gael y yo iremos a comprar lo que haga falta para tus clases aquí. Así cuando vuelvas estará todo listo. Siempre te dejan de llamar alrededor de las ocho, faltan cuarenta minutos para eso… sigue con lo tuyo y al volver tendrás tu clase.
La amiga de Lidia hablaba rápido sin darle tiempo de réplica. La conocía tan bien que sabía que la indecisión en ciertos aspectos acababa paralizándola y le impedía tomar decisiones. Mariela solía tomar decisiones arbitrarias por Lidia cada vez más seguido desde que empezaron a vivir juntas. Esta vez le dejó sola con sus llamadas, tomó el bolso, las llaves y sacó a Gael del brazo sin desaprovechar la oportunidad para sentir sus músculos trabajados.
Fuera del apartamento Mariela miró a Gael y le habló con honestidad.
—No sé porque decidiste hacer esto, pero gracias. Significa mucho para ella, por eso puso tantas excusas. No sabe que decir cuando alguien es atento con ella, siente que no lo merece.
El edificio de Lidia está bastante cerca de las grandes tiendas y servicios de todo tipo, por lo que no les tomó demasiado tiempo llegar al centro comercial más grande y entrar directamente en una tienda fitness.
Mariela miraba confundida cada ítem.
—Realmente siento como si esto fuera ciencia de cohetes, lo único que se para que sirve son esas botellas para el agua que están colgadas.
Gael sonrió. De un momento a otro Mariela sintió la necesidad de contarle más sobre Lidia mientras fingía juzgar la calidad de los productos.
—Lidia no era tan gorda como ahora. Empezó a subir sin control hace un par de años. Su empresa se volvió más grande y había más ojos en ella. Al principio ella misma empaquetaba e iba a dejar los pedidos, de un momento a otro todo cambió. Debía coordinar entregas en muchos sitios y debió acostumbrarse a la vida de oficina. No más cocinar ella misma, no más ver a los clientes.
Entonces separaron funciones con Camilo, que al principio solo era el chófer y quién pagaba los ingredientes. Aprovecharon sus estudios y cada uno cubrió un área distinta. Obviamente, como Camilo estaba menos involucrado necesitaba más ayuda con sus tareas nuevas y pidió una secretaria.
La secretaria era casi tan incompetente como él, pero astuta como una zorra y se ganó la simpatía de Lidia haciéndola su amiga, cada tarea que no entendía acababa haciéndola Lidia. Hasta que Lidia me lo comentó y le dije que no podía aumentar su propio trabajo por ayudar a esa desconocida. Eso hizo, dejó de ayudarla y la muy maldita, que nunca se tomó la molestia de aprender, cuando sus errores se volvieron más graves le dijo a Camilo que siempre le pedía ayuda a Lidia, pero que cuando Lidia descubrió que ellos salían comenzó a sabotearla.
Pero hasta donde Lidia sabía Camilo seguía siendo su novio, y si, se habían distanciado un poco por trabajo, pero seguía habiendo amor.
En una junta Camilo solicitó sacar a Lidia de la empresa porque estaba saboteando su trabajo por celos, ya que no aceptaba que él y la secretaria fueran pareja ni asumía que tendrían pronto un bebé.
Ahí recibió cuatro golpes juntos, su subordinada le mintió, su colega no la respaldaba. El amor de su vida estaba con otra y no se tomó la molestia de decirle y querían quitarla de su propio negocio. Cinco si sumas al bebé en camino.
Obviamente la junta no sacó a Lidia. Solo le pidieron que dejara de ir a la oficina y se enfocara en el proyecto de expansión a otras regiones del país.
Cuando todo eso ocurrió en Lidia me contaba que se sentía vacía. Y que cuando comía hasta el hastío era el único momento en el que se sentía llena. Porque literalmente lo estaba.
Me pidió ayuda, porque dijo que sentía que lo mejor que podía hacer era morirse, pero no quería que ese sentimiento le quitara lo único bueno que tenía: su trabajo.
Así que acordamos vivir juntas y que yo la mantendría viva. Que la ayudaría con eso.
Y bueno, aquí estamos —concluyó tocando la tela de una colchoneta sin prestar atención a lo que era.
Las lágrimas empezaron a caer por las mejillas de Mariela.
—Si en el fondo solo quieres el dinero de Lidia porque ya sabes que lo tiene, solo te pido que al menos seas gentil con ella. Es una buena persona, y su único pecado es no ser capaz de admitir cómo se siente…
Gael se conmovió al ver lo buena amiga que Mariela es. Le quitó del rostro las lágrimas con sus pulgares y confesó.
—Creo que me gusta Lidia, aún no estoy seguro. Pero mientras tanto quisiera pasar tiempo a su lado, y ayudarla como tú lo haces.
Mariela carraspeó un poco tratando de quitarse el nudo de la garganta y alivianar un poco el aire.
—No creí que dirías algo así. Pensé que solo te sentías culpable por los rumores que rondan sobre el gimnasio —Mariela hablaba intentando recuperar la compostura.
—Lo que ronda sobre el gimnasio no son rumores, es la verdad. Aunque el vídeo haya sido sacado de contexto no quiere decir que no seamos crueles con las chicas como ustedes.
En casa Lidia intenta concentrarse en su trabajo, pero cada vez que cierra los ojos recuerda lo delicioso que se veía Gael al frotar su cabello así. Como la piel morena le sienta tan bien a sus músculos dibujados con tanto detalle. O su cabello algo ondulado que se sacude cada vez que le nubla la vista el flequillo. A veces sin querer miraba sus manos, lo masculinas y fuertes que eran, como al levantar peso se asomaban algunas venas a través de ella y podía seguirles el recorrido hasta el antebrazo.
Todavía no sabe si realmente abandonó esas tres clases a la semana por lo que el escribió en internet o porque cada vez le costaba mirarlo más a la cara, no se sentía digna de observarlo… y podía escuchar a las otras clientas decir
"la gorda lo mira como si se lo quisiera comer"
"pobrecita, seguro ni viene a hacer ejercicio, solo finge para pasar tiempo con el"
"como si fuera a prestarle atención, el pobre no pudo rechazarla porque pagó extra"
Podría admitir que un par de veces sitió electricidad al rozarse sin querer con él. Pero el sentimiento se fue apagando rápidamente al ver el desprecio con el que Gael le hablaba y lo mucho que intentaba ocultarlo.
Hace lo imposible por no sonar cruel y, de todos modos, es muy hiriente. No me quiero imaginar lo doloroso que podría ser para mí estar junto a él si no se contuviera. —confesó en voz alta sabiéndose sola.
Nuevamente piensa que debería haberse negado con más firmeza a esta locura del entrenamiento en casa. Tal vez Gael sí tenga una ética de trabajo que lo impulsó hasta incluso venir a su departamento con esa loca idea. Pero incluso aquí, en su territorio, sin esas personas de apariencia bonita hablando a sus espaldas de ella sigue sintiéndose juzgada. Ni apagando las luces, ni poniendo la música a todo volumen todos esos juicios de los demás desaparecerán.
Se imagina la primera clase en su departamento, como el odiará que ella haga algo mal y no poder ir a esconderse a ningún sitio, tener que estar a solas con esas miradas de resentimiento y decepción...puede que hoy haya sido amable, pero en el fondo, siente que el la odia con cada fibra de su bien parecido cuerpo.
Cerró el computador y se lo llevó junto al teléfono a su habitación. Puso el seguro, se recostó y colocó unos audífonos que le cubrían cada oreja a la perfección y cancelaban el ruido externo. Empezó a escuchar música y lloró hasta dormirse.
Gael y Mariela volvieron al departamento y al encontrarlo en silencio Mariela corrió hasta la habitación de Lidia y golpeó su puerta hasta el cansancio. Incluso pensó en ir por algo para romper la puerta si era necesario. Pero Gael la detuvo, tampoco se trataba de obligarla a hacer algo que ella no quería. Luego de guardar todo lo que compraron Gael se despidió de Mariela en la puerta y se fue a su casa decepcionado.
El corazón se le fue encogiendo con cada escalón que descendía.
—Así que así se siente ser rechazado— susurró sonriendo con tristeza.