Lidia tenía una gigante, estaba feliz de saber que realmente Gael no la veía como un cachorrito perdido al que cuidar, no seguía allí por lástima, tenía un interés genuino. Lidia se da cuenta que se ha metido en un asunto del que no sabe cómo salir. No esperaba tener que hacer otro movimiento luego de los que ya hizo sin planear. También sabe que dejar a Gael así, con el ánimo tan en lo alto por nada sería la peor injusticia que jamás ha cometido. Debía pensar algo pronto. No tiene intenciones de obedecer la sugerencia que le ha dado el chico, le toma ambas manos para devolverlas a su posición anterior. A excepción de una, a la que evitó dejar sobre la mullida cama y remplazó esa sensación por la de tener agarrada una nalga de Lidia, la piel fría de la zona contrastó enormemente con la

