No tomó mucho tiempo para que Gael la librara de ese instrumento de tortura que se vende como accesorio de belleza. Mientras Lidia estaba en la cama semidesnuda con el cabello revuelto dispuesta a conceder a Gael cualquier deseo. Lo mira erguido frente a ella lanzándole una vibra de estar en modo enfermero, sin mucho tacto le toma uno de los tobillos y le levanta el pie en el aire para poder desinfectarle las heridas a profundidad. Lidia sigue con la vista en él, intentando enfocarse más en cómo está respirando más profundo de lo normal, haciendo que sus pectorales sobresalgan y se hundan en cada ciclo respiratorio. Su mente poco a poco se va a un sitio más ameno, en donde Gael le propone dejar las curaciones para más tarde y dedicarse a probar la resistencia del colchón con unos delic

