Se han llevado un par de sillas desde la cocina hasta el balcón. La ciudad disminuye el ritmo frente a sus ojos y el cielo empieza a convertirse una pintura compleja llena de sombras, luces, dorados y purpuras. Lidia mira el horizonte como si algo por sobre las nubes tuviese la respuesta a preguntas que todavía ni ella conoce. Gael tiene la misma sensación al mirarle el rostro a Lidia. —Mariela me llamó preocupada por ti. Dijo que algo pasó por la mañana y… Lidia se levantó de su silla, caminó acercándosele lo suficiente como para posar una de sus manos en el hombro de Gael y se inclinó con la intención de besarle la mejilla, pero Gael miró la mano posada sobre su hombro decidido a tomarla con suavidad y darle un beso suave en el dorso antes que Lidia lograse alcanzar su mejilla. —Esta

