La misma tarde en que consiguió todos los ingredientes se dispuso a preparar casi diez tipos de galletas distintas. Para cuando terminó Gael estaba levantándose para ir al gimnasio, Lidia perdió completamente la noción del tiempo, estuvo toda la noche batiendo mezclas, leyendo recetas y mirando a través del espejo del horno cómo cambiaban de color las galletas a medida que se cocinaban. Absurdo, por la mañana probó todas sus variaciones y ninguna terminó de encantarle. Se echó una siesta breve en el sofá sabiendo que es lo suficientemente incómodo como para no permitirle dormir demasiado. Preparó siete recetas más que no lograron ver la luz, quemó cada horneada en su totalidad por no seguir su propia intuición respecto a los tiempos. El tercer día confundió la sal con el azúcar y

