Abigaíl ayudó a Sharon a entrar en el cuarto y cerró la puerta mientras la llevaba hacia la cómoda y amplia cama. Se sentaron en el suave colchón tomadas de la mano, cada una miraba a la otra mientras se transmitían un poco de ánimo. —No sé qué voy a hacer, Abby —dijo con voz preocupada. —Tranquila, cariño —le dijo con voz suave, buscando reconfortarla un poco— Ahora cuéntame qué fue lo que pasó. —La verdad es que no recuerdo muy bien, Abby —le dijo— Después de que las chicas pidieron la otra botella mis recuerdos son confusos. —Sí, lo recuerdo, ya te veías un poco ebria, pero no querías parar de beber —le dijo. —Bueno, recuerdo que me habías dicho que esa noche me divirtiera y dejara escondida a la chica seca y aburrida —le recordó Abigaíl. —Es cierto, Sharon —replicó— Pero no creí

