El viejo Simón era un hombre meticuloso en su trabajo, por lo que tomó en sus manos la pieza de joyería que James le estaba dando y la examinó, primeramente a simple vista, la miró por todos lados dándole vueltas con sus manos. Su rostro adusto no demostraba nada en particular, pero sus ojos brillaban con un inusitado interés en la joya. —Es una pieza magnífica esta que tenemos aquí —fue su primer comentario— Y es muy antigua. —¿Antigua?, pero si no se le ve desgaste alguno —dijo James bastante sorprendido— Es como si no tuviera más de unos diez años. —Sí, eso aparenta, está muy bien cuidada —dijo hablando con lentitud mientras buscaba la lupa monocular como las que usan los relojeros. Cuando la consiguió se la puso en el ojo derecho y continuó examinando la joya, y así estuvo por vari

