Sharon despertó sobresaltada, el teléfono sonaba una y otra vez con insistencia, aún tenía la cabeza confundida y una sed terrible le quemaba la garganta. Miró alrededor de su cuarto y respiró satisfecha, al menos esta vez se había despertado en el cuarto correcto y estaba sola. ¿Había sido una pesadilla? El insistente timbre del teléfono volvió a llamar su atención así que haciendo un esfuerzo se levantó sobre su torso y estiró la mano para agarrar el móvil que estaba dentro de la cartera. —¿Sí? —dijo con la voz más firme que pudo. —¡Por Dios, niña! —la voz de Abigaíl se escuchaba preocupada— ¡Ya estaba apunto de llamar a la policía! Estaba apunto de pensar que te habían secuestrado o algo peor. —Estoy bien, Abigaíl —la cortó ella— No tienes que ser tan dramática. —¡Y tú no tienes

