33. Le pedimos el celu a mi padre y él nos lo dio sin hacer las típicas preguntas que un padre haría a su hijo. Elegimos entre los dos lo que queremos comer y para mi padre le pedimos una docena de sushis que salen un ojo de la cara. —Simón, ¿estás bien? Te noto agobiado. Se giró completamente el cuerpo hacia mí. —Sí, tranqui. Lo que estoy es aburrido. Muy aburrido... —Podemos ir a dar una vuelta… —me fijo en el celu de mi padre—. La comida llegará en cuarenta y cinco minutos. Ponele que más… siempre tarda un poco más de lo que dicen… podemos ir a dar una vuelta, claro si te parece bien. Simón esbozaba una sonrisa que no le llega a los ojos. —Ok. Suena bien. Me guardé el celu de mi padre en el bolsillo del pantalón y se me cayó algo. Era la prescripción del doc Roche. —Olvidé

