Los últimos pasos conducían rumbo a lo profundo del bosque, allá donde pocos eran los osados para atreverse a entrar, en parte por las escalofriantes historias de viajeros que alimentaban el terror y en parte por los bandidos que aseguraban la zona para sus fechorías. No había ninguna duda que era ella, pues acompañado de las huellas había un rastro que a la luz de la mañana parecía un camino enchapado en oro por los cabellos dorados de Frigila. Nadie había notado su ausencia hasta varias horas después de su partida, hasta el día en que las señales se habían hecho por fin más claras.
Aunque los últimos años habían florecido los arboles y se pintaba prosperidad para todos, en los últimos meses los tiempos habían estado cambiando y todos los notaban. Poco a poco los vientos provenientes del bosque, que antes eran frescos y apacibles con un dulce olor a menta, había cambiado a un aliento de podredumbre. Los árboles parecían ahora más secos y marchitos de lo que fueron alguna vez y las mañanas mas oscuras. Todas estas señales podrían pasar por alto a los ojos de cualquiera, pero Irina, siempre tan despierta y observadora, interpretó los cambios del bosque como una señal de advertencia que también fue notada por el gigante y por Marcus.
Por algún motivo, últimamente Galem tenía pesadillas de forma reiterada y cada vez eran peores. Cuerpos decapitados, sangre, insectos y gritos de terror se colaban entre sus sabanas y lo hacían emitir gritos secos que lo despertaban a la mitad de la noche. Pronto notó que era el olor que en las noches brotaba de lo más profundo de los arboles y del cielo que ocultaba la luz de las estrellas en una extraña oscuridad. Aunque trataba de no pensar en ello, las imágenes de recuerdos perdidos eran cada vez más cercanas y aunque deseaba huir sabía que su honor no le permitirá abandonar a su suerte a gente que en algún momento lo podría necesitar, como hasta ahora. Sin embargo, decidió que era mejor comunicárselo a la matriarca que, contrario a la sorpresa, demostró una gran preocupación ante la confirmación de sus sospechas. También el médico, a su manera, había notado estos cambios.
En los últimos días Marcus recibió más casos de enfermedad en la aldea. Al principio estas no pasaban de simples dolores de estomago o de cabeza, por lo que al inspeccionar los alimentos se dio cuenta que, a pesar de salir directamente de la planta, estos se estaban pudriendo por dentro. Remitiendo aquel extraño caso a una posible plaga, tan solo se cortó la cosecha y se dio el caso por zanjado. Sin embargo, los casos por intoxicación iban en aumento sobre todo en las cosechas colindantes con el bosque donde las personas afectadas empezaban a presentar casos de sarpullidos con extraños puntos oscuros en la piel, vomito, sangrados y una inexplicable irritabilidad. Pronto, se dio cuenta que gran parte de la gente del asentamiento se encontraba tomando plantas medicinales para aplacar síntomas de una enfermedad desconocida y los casos de conflictos se habían aumentado. Sentía por primera vez algo más allá del miedo, un terror que le helaba la sangre y que también notificó y confirmó con Galem e Irina.
Por su parte, otra serie de sucesos ocurrían más frecuentemente, sucesos que ni siquiera los ojos más despistados eran capaces de ignorar. Los animales huían aturdidos del bosque, tanto fieras, aves, insectos o animales de madriguera migraban despavoridos del más allá. Así mismo, entre los cada vez menos frecuentes viajeros corrían rumores de inexplicables muertes por la zona y desaparición de personas. Sucesos que al fin de unos días los pobladores tuvieron la desgracia de comprobar por sus propios ojos cuando un hombre con túnicas raídas, posiblemente un bandolero, llego del sur medio muerto.
Más que un hombre parecía una criatura salida de una pesadilla. El hombre, esquelético y con una extraña mirada perdida traía ropajes raídos, un turbante deshecho por las polillas, una capa amarillenta y unos calzones hechos trizas. El extraño sujeto caminaba con dificultad y arrastrando una gigantesca hacha a pesar de tener una figura escuálida y desnutrida. Tras de sí dejaba una larga mancha de una sangre oscura y fétida que no paso inadvertida por nadie en los momentos en que este atravesó la mitad del asentamiento sin siquiera detenerse a mirar a alguien.
Para sorpresa de todos, la figura, que había llegado casi al extremo de la aldea, se terminó desplomando y sufriendo una fuerte explosión de hemorragia dejando una peste aun peor. Quienes se atrevieron a tocarlo sufrieron dolorosas quemaduras producto de la sangre que cubría casi por completo al sujeto. El cuerpo se fue deshaciendo poco a poco hasta que tanto él como su propia sangre de hicieron ceniza y se deshicieron con el viento. Aquel mismo día, todos estaban tan pendientes con la ultima extraña señal que nadie logró notar la ausencia de Frigila que ahora había partido con su extraña pareja.
Galen por su parte no se encontraba presente para observar el suceso con el extraño hombre no muerto. Sin embargo, cuando escuchó del suceso no le quedaron más dudas e intentó partir en la noche. Hizo sus maletas como pudo y tomó a prisas las pesadas espadas que guardaba ahora como una reliquia en su habitación. Así mismo, de un pesado baúl encontró los restos de su antiguo yelmo, unos guantes de caballero y unas pesadas grebas que se apresuró a vestir. Decidido a no volver jamás no llevó más que una mochila con comida y una vieja bufanda.
Sin embargo, al momento de abrir la puerta se topó con el rostro preocupado de Marcus, su único amigo.
-Irina quiere verte, parece que es algo importante-. Le dijo el medico asombrado al ver salir la gigantesca figura de su amigo por la puerta
-Me temo que tengo ahora prisa, pero mándale mis saludos y respetos-. En realidad, Galem no era capaz de mirar a la matriarca a los ojos y confiarle que se encontraba tan asustado que apenas si podía mantenerse en pie
-Entiendo si te quieres ir, supe lo del moribundo, pero este no es el mejor momento para dejarnos, somos una familia-.
-Me temo que lo que de allá viene no nos tendrá consideración, y si no quieres terminar como esa cosa es mejor que te vayas conmigo. Si de algo estoy seguro es que lo que sea que nos acecha se seguirá expandiendo y quiero encontrar un lugar en paz en el que mantenerme.
-Ya lo habíamos decidido, nos iremos, pero no aún. Quedan muchas cosas por preparar y no todos tenemos la misma energía y vigor-. Marcus se mostró irritado, no podía reconocer a su amigo en la cara aterrorizada del gigante que se alzaba delante de él -En fin, al menos podrías tener el descaro de ir a ver la cara de Irina, quien te cuidó como una madre al igual que nosotros, parece que es importante
A regañadientes Galem aceptó y acompañó al medico a la cabaña de la matriarca. Cuando llegaron no encontraron a la fuerte mujer que tanto admiraban, por el contrario, parecía reducirse a una figura esquelética y demacrada. Por primera vez, desde los años en que la conocía, Marcus encontró un resquicio de debilidad y vulnerabilidad en la mujer que ahora parecía una verdadera anciana. La encontraron acurrucada en una esquina con un montón de cabellos que ahora parecían paja por la marchitez y unos despojos de ropa de lo que alguna vez había sido su hija.
-No está-. Fueron las únicas palabras que lograron salir de sus labios sin que antes se cortara por completo su voz.
En ese momento los escalofríos cesaron, las dudas se disiparon y el rostro del caballero cambio por completo. No hacían falta más palabras, peticiones o suplicas con él. Se acomodó las vainas de sus espadas, se colgó un pesado escudo de hierro y se acomodó la bufanda que portaba. No hacían falta palabras ni despedidas. Todo llego a su mente como un flechazo en la cabeza y con un dolor que habría tumbado a al más entrenado soldado. Por fin logró recordar lo que escondían los bosques malditos y sin importar el peso del pasado salió de la cabaña rumbo a la oscuridad de la noche.