Marcus no estaba por completo seguro cuál sería el paso para seguir a continuación. La que se había comportado por mucho tiempo como la madre y protectora de niños, ancianos y adultos se encontraba ahora absorta en sus propios pensamientos y dolor impidiéndole siquiera articular palabra. El tiempo afanaba y hacía unas horas que su amigo había partido en solitario hacía el bosque sin brindarle alguna explicación. La gente, quien seguía asustada por los acontecimientos de los últimos días, requería una respuesta inmediata y no vio conveniente preocuparlos con el estado de Irina.
Hacía mucho tiempo que no había sentido el peso de asumir tanta responsabilidad y se sintió solo y desesperado. No sabía si organizar ahora el plan para migrar del territorio o esperar pacientemente a que Irina estuviera repuesta por completo. A decir verdad, nunca había tenido una actitud de autonomía ni consideraba que su liderazgo fuera su punto fuerte. Siempre, toda su vida había actuado en solitario y de esa manera era como se mantenía más cómodo. Su circulo más intimo se limitaba a su amigo y a las ocasionales entrevistas con la matriarca. No los odiaba a todos, pero le fatigaba estar rodeado de personas, por lo que pasaba la mayoría de sus horas en su consultorio improvisado, cuando no había nadie a quien curar salía a recolectar plantas u observar insectos como había sido su afición desde hace mucho. No le gustaba permanecer inactivo, pues los malos pensamientos y el pasado lograban alcanzarlo. Detestaba tomar en sus manos cuchillos y otros utensilios que pudieran ser usados para asesinar a la gente, pero sabía lo necesarios que eran para su trabajo como medico improvisado. Aun así, el asco por la sangre jamás se fue de su mente.
De nuevo las preocupaciones llegaban a su mente, pero sabía que no había tiempo que perder y preocuparse por las nimiedades del pasado. El olor putrefacto del bosque se intensificaba de forma progresiva y sabía que pronto podría llegar a alterar aún más los ánimos de lo que ya estaban hasta el momento. Preparó entonces su voz y diseño un plan para que todos se encontrasen listos a más tardar al amanecer del próximo día. Todos empacarían aquello que fuesen capaces de cargar y los animales de granja serían sacrificados esa misma tarde para salar la carne y tenerla como provisión durante el viaje.
Pero ¿cuánto tiempo duraría el viaje, y con que destino irían? Este era un problema del que se ocuparían a su debido momento y que pensaría junto a Irina. Aún no entendía por completo la situación con Frigila, pero, según había comprendido, Galem la había ido a buscar, tal vez perdida o tal vez devorada por las fieras del bosque. No importaba y no tenía por ahora mucho tiempo ni espacio en su mente para pensar en lo que estaba pasando. Cuando Irina reaccionara querría ver todo organizado.
Lejos de reaccionar con asombro, las buenas gentes de la aldea iniciaron con las tareas de traslado al instante y no dieron ningún espacio a la duda o a los cuestionamientos. Al menos por aquel espacio todo estaba bien, listo y organizado. No podía demostrar o dejar que alguien observase ningún reflejo de duda o miedo de su parte, él era lo mejor que tenía la aldea por el momento y no iba a permitir que la duda llegase en ningún momento.
Al menos, por ese asunto tema estaba arreglado, pero a Irina no se la había visto en todo el día y era probable que siguiera en su casa aturdida por los eventos de la noche anterior. Era importante hacerla reaccionar y que por lo menos entendiera la situación. Ella siempre había sido una mujer fuerte y era importante que lo demostrara ahora más que nunca. En realidad, no tenía ganas de continuar con esto de ser el dirigente, prefería ir a adentrarse al bosque y encontrar las respuestas a los últimos acontecimientos por sí mismo. En realidad, sentía una gran curiosidad por la fetidez, los cambios en los animales y el extraño suceso con el no muerto. Permaneciendo como el líder interino no podría lograr ninguna de estas cosas. Su espíritu aventurero, aunque oculto, lo impulsaba a dejar todo listo para su propia partida.
No obstante, cuando llegó a la habitación de la matriarca encontró todo muy distinto a lo que tenia en sus planes. En realidad, las maletas de Irina estaban hechas y la mujer había recuperado la fortaleza que parecía haber perdido la noche anterior. Se recogió el cabello y vestía ahora un abrigo de pieles moviéndose inquietamente por entre la habitación ultimando detalles.
-Marcus-. Dijo fría y apuradamente -que bien que te veo, has hecho un excelente trabajo hasta ahora, te felicito. Pero tendré que pedirte un pequeño favor antes de irme-. La anciana estaba tan atareada con sus cosas que siquiera se detuvo a observar la aturdida mirada del médico.
-Cómo que antes de irte, no lo entiendo, esta gente te necesita y lo sabes-. En menos de un día ya dos personas se habían ido y se encontró en una situación que parecía deja vu.
-Marcus, no puedo quedarme todo el día sentada. Necesito alcanzar a Galem e ir a buscar a mi hija, no detendrás a una madre que va con ese propósito ¿no es así?
-Por lo que entiendo, él fue a buscarla. Desconozco la situación, pero estoy más que seguro que él por sí mismo se las empañará. Además, que yo sepa no tienes las dotes de rastreadora y poco o nada harías a su lado.
-Me subestimas muchacho, sé más cosas de las que crees. Ellos lo lograrán estando a tu lado, los pudiste coordinar hasta ahora y encontrarás un buen sitio donde puedan empezar de nuevo. No sé cuanto tiempo me vaya a demorar así que no te preocupes por mí.
-Por el contrario, eres la persona más capacitada para saber que es lo que nos conviene, así que no vengas con tus sermones de que no eres la líder o que eres prescindible, sabes que no es así.
-Entonces qué se supone que haga ¿Pretendes que me vaya y deje a la niña que he estado cuidando como si fuera mi hija por años para irme en busca de aventuras? -. Irina no estaba para sermones ni pretendía escuchar razones
-Entiendo por lo que pasas, pero sabes que lo que se esconde más allá de los limites del bosque es muy peligroso. Esto no es solo por tu hija. Galem no se fue solo por amabilidad contigo, lo que se esconde más allá es algo que posiblemente no soportarías, ni alguien como Galem pudo aguantar en su tiempo.
-De nuevo me subestimas muchacho. He sobrevivido a peores cosas que muertos que caminan arrastrando hachas o comida podrida. Me sé cuidar por mí misma
-Por eso mismo necesito que te quedes y guíes a esta gente ¿Tú crees que ellos lograran sobrevivir a lo que se viene? Mírame a mí, a penas y logro mantener el orden en mi propia casa. Quédate, soy un excelente rastreador, cuando la encuentre los buscaré a ustedes.
-Ya dije que no. Lo estás haciendo bien, el liderazgo puede salir de cualquiera con voluntad. Así que quítate-. Irina había terminado de empacar sus cosas y se decidió a salir, aunque fuera por la fuerza
-Yo no tengo a donde ir, a mí no me queda fácil buscar soluciones. Por qué no entiendes que solo tú puedes hacerlo. Te lo prometo, la encontraremos y la traeremos de vuelta. Iré en tu lugar, me disté un lugar en el mundo y es hora de que te lo regrese. No te dejaré salir de acá, así que tu verás a qué atenerte
-Ya estoy harta, Marcus, si te quieres largar hazlo, pero yo también me voy, contigo o sin ti a cargo-. En el momento en que Irina se giró para recoger su última maleta Marcus le asestó un duro golpe en el abdomen quitándole la conciencia de inmediato.
-Lo siento, pero no me dejaste ninguna opción.
Marcus tomó las maletas y se fue corriendo a su propia casa. Justo debajo del entablado de madera encontró los objetos que nunca fue capaz de desechar y que había prometido no volver a utilizar. Este era un asunto de vida o muerte y, aunque lo intentará reprimir con dudas, su sangre ardía de la emoción por descubrir lo que existía en la oscuridad del bosque. Vistió sus viejas ropas marrones, se enganchó sus espadas a la cintura y en la correa del viejo escudo de madera sujetó una larga daga. Se colocó una larga capa y salió de casa.
Al encontrarse con uno de los aldeanos que continuaba ultimando detalles con las provisiones del viaje, le informo que Irina se encontraba exhausta y que al siguiente día la podría encontrar en su casa. No supo si informarle de su partida o darle algún tipo de explicación. Se decidió que cualquier cosa que le dijera podría causar algún tipo de pánico o dudas. Hasta el momento lo había hecho bien.
-Iré a preparar el camino. Irina me envió así que no me esperes para mañana. Estoy seguro de que ella sabrá qué hacer. Adiós, mi buen amigo-. Sin esperar ninguna contestación, el medico se subió la capucha y partió rumbo al bosque.