- ¿Bella? -murmuró Adam cansado. Sullivan se levantó y caminó a paso firme hacia él, tenía la intención de golpearlo por lo que Adam simplemente lo esquivó y lo miró con rabia-. ¿Qué carajo haces aquí?
- Eres realmente un idiota, ¿lo sabes? -espetó Sullivan.
- Hey, Sullivan, está bien -hablé acercándome a ellos-. Te dije que no importaba...
- ¿Por qué permites que él te trate como si fueras no sé qué? -me dijo furioso-. Cuando quiere te trata bien, cuando quiere se acuerda de ti y cuando quiere te dirá que te ama. Pero si al idiota no le apetece, te ignorará.
- Eso no te incumbe -gruñó Adam.
- Sí me incumbe porque Bella es mi amiga. Y la quiero demasiado como para quedarme aquí parado mientras la veo llorar porque tú haces cada estupidez.
- ¡Cállate! -gritó Adam.
- ¡No!
- ¡Ya basta! -grité interponiéndome entre ambos. La casa quedó en silencio-. Enserio está bien Sullivan, en verdad. Fue un... Asombroso cumpleaños y estoy bien. ¿Hm? ¿Lo ves? No hay hipo. No miento -sonreí.
- Bella -suspiró mi amigo pasando una mano por su cara.
- Solo ve a casa, ¿sí? Estás muy cansado -balbuceé nerviosa ante la mirada de Adam.
Tras unos minutos, Sullivan se despidió abrazándome con fuerza y prometiendo verme en la universidad. Sin embargo, ignoró a Adam.
Me quedé callada observándolo de reojo. Se veía demasiados molesto... ¿Qué debía hacer?
- ¿Cómo... Estuvo el trabajo? -murmuré absolutamente nerviosa. Solté una pequeña risa para aliviar el ambiente-. Espero que bien, oh, adivina, ahora tenemos un compañero para Batman, se llama Tony Stark.
- Cállate.
- ¿Disculpa? -pregunté atónita. Adam me miró con rabia.
- ¿Acaso estás sorda? He dicho que te calles.
- Tú... ¿Crees que tienes derecho a hablar me así? -espeté-. ¡No tienes ninguna razón para hablarme de esa maldita manera, Adam!
- Como digas -bufó caminando escaleras arriba-. Realmente no me interesa lo que hagas o digas con Sullivan, pero ten la decencia de no hacerlo en mi casa.
- ¿Qué? -pregunté incrédula mientras lo seguía-. ¡Tú! ¿Acaso crees que Sullivan y yo...? -Adam no habló y entró en la habitación-. ¡Eres increíble! ¡No te soporto enserio!
- ¡No me interesa! -gritó volviéndose-. ¡No me interesa si estás encantada con el idiota de Sullivan y sus absurdos regalos y palabras!
- ¡No tienes derecho de molestarte! ¡Sullivan sólo trataba de hacerme feliz porque tú...! ¡Olvidaste mi cumpleaños! ¡Él no!
- ¡Pues vete con el!
- ¡No estás siendo justo!
- ¡Nunca lo he sido! ¡Soy un maldito egoísta, soy malo, nunca pienso en nadie más que en mí! -habló en un tono sarcástico.
- ¡En realidad es así!
- ¡Qué bien! -gritó.
La puerta de la habitación se abrió y Roger apareció. ¿Qué hacía aquí...? Es de madrugada y... A menos que viniese con Adam. O acabará de llegar.
- Sal Adam -habló en un tono duro. Al no obtener respuesta hizo un movimiento de cabeza indicando que saliera ya-. Deja a Bella descansar, ha tenido un largo día, tú también. Solo duérmanse y dejen de discutir. Cuando consigan su propia casa podrán gritarse lo que quieran y no los molestaré.
Adam suspiró y salió molesto. Roger me sonrió en una mueca y salió cerrando la puerta.
••••••••
- Ten cuidado, puedes cortarte -murmuró Sullivan-. Presta atención a la práctica o nos volveremos a quedar hasta tarde -rio. Asentí cansada.
Hoy usábamos las herramientas principales que un médico debería saber utilizar, en caso de cualquier emergencia. Era realmente difícil para mí, porque tengo un pulso del asco, pero bueno.
El día era totalmente nublado a pesar de ser Navidad. ¿Qué hacía en la universidad en esta fecha? Sullivan y yo debemos prácticas, y esta es la única forma de reponerlas.
- Bien hecho -dijo el coordinador pasando por nuestra mesa. Suspiré dejando de lado las cosas y pasé mi brazo por mi frente.
- ¿Pelearon? -preguntó Sullivan.
- Sí...
- ¿Mi culpa?
- Eh, no. O bueno, Adam lo hizo ver así. No sé cómo decirlo -murmuré. Mi amigo asintió preocupado-. Pero no te preocupes, ya lo resolveremos -sonreí.
El celular de Sullivan sonó. Lo miró unos segundos antes de contestar.
- ¿Qué quieres, primo? -habló-. ¿Yo? Yo no hice nada, déjame tranquilo, Gastón. Le diré a tu novia que me molestas -me miró de reojo e hizo una cara graciosa-. Si, sí. ¿Por qué? Porque me cae mal. A ti también te desagradaba... ¿Y quién dice que a mí no? -la mirada de Sullivan se tornó sería-. Solo bromeo, Gastón... Ajá. Adiós, primo -y colgó.
- ¿Qué cuenta Gastón? -pregunté.
- Ah, hablaba de su madre -rio-. Ya sabes, mi tía está algo... Loca.
- Me odia -me encogí de hombros-. Ya sabes, por golpear a su hijo y eso.
- En realidad, te odia más por no dejarlo ser la princesa en su fiesta de cinco.
- ¡Pero lo dejé ser la princesa a los ocho y las demás fiestas!
- Ya, ya. ¿Qué dices? ¿Vamos a caminar por ahí?
- Seguro -asentí.
••••••••
- Necesito eso para mañana. También los planos de las habitaciones... ¿Qué? No, olvídalo. Solo haz lo que te pido -escuché a Adam hablar en la sala. Me detuve en la entrada preocupada, pero al ver a Gastón correr por el pasillo jugando con Tony me calmé.
- Llegué -balbuceé. Ambos alzaron la mirada y solo Tony junto con Batman me recibieron emocionados.
- ¡Bella! -chilló Gastón abrazándome-. ¿Dónde estabas?
- ¿Eh? ¡Ah! Estaba terminando una práctica en el colegio junto con Sullivan -reí agachándome para acariciar a los perros-. Hola corazón -besé la cabeza de Tony-, hola gordo -acaricié a Batman. Aún le tenía cierto miedo...-. Pero, ¿qué haces aquí? -le pregunté a Gastón curiosa. Él sonrió y miró a Adam.
- Digamos que el señor viejo del sillón de allá, necesita de mi asombrosa ayuda para su proyecto -habló orgulloso. Adam resopló y se recostó por completo. Batman corrió para tirarse sobre él.
- Eso es asombroso -lo felicité. Gastón asintió con euforia mientras que Adam carraspeó.
- ¿Podemos hablar, eh, Bella? -preguntó sin mirarme. Gastón hizo una mueca y se tiró en el sofá, siendo rodeado por los perros.
- Seguro -respondí.
••••••••
- No digas nada por ahora, solo escucha -comenzó-. Sé que jodí todo, y no solo por olvidar tu cumpleaños, también por... La forma en la que te hablé. Pero es solo que, si no hubiese estado ahí Sullivan... -se encogió de hombros. Lo miré incrédula.
- O sea que, técnicamente Sullivan tiene la culpa por tu actitud, ¿no? - Adam asintió-. ¡Eres...! ¡Increíble! -gruñí negando-. Realmente pensé que ibas a disculparte, como solías hacer, aunque te estuvieras muriendo. ¿Qué te ha pasado? ¿Tan rápido cambias? -resoplé. Adam frunció el ceño.
- Estás comenzando a alzar la voz, basta.
- De acuerdo, pero ahora escúchame tu. ¿Tienes idea de... Tus acciones? Tú tratas a todos a tu alrededor como si fueran empleados, solo das órdenes y excusas, eso es lo único que haces desde... ¡No sé! ¡Desde que te apartaste de mí!
- No me he apartado de ti -replicó.
- ¿No?
Su celular comenzó a sonar en ese preciso momento. Lo sacó de mala gana y al ver la pantalla hizo una mueca.
- Del trabajo, ¿no? -murmuré.
- Es importante.
- ¿Desde cuándo eso es más importante que los demás? Adam, tienes una vida.
¿Desde cuándo eso es más importante que yo? ¡No es que no quiera que trabaje! Pero... ¡Se ha olvidado del mundo! ¡Se ha olvidado de tantas cosas, de mí!
- Necesito contestar -gruñó.
- Y se suponía que necesitábamos hablar -murmuré sin ganas. Me senté en la cama y señalé su celular que continuaba sonando-. Anda ya, responde.
Adam dudó unos segundos antes de contestar. Habló por unos minutos sobre construcciones, planos, y demás. Esperé paciente que terminara y cuando lo hizo suspiró relajado.
- ¿Podemos seguir hablando? -preguntó.
- ¿Sobre qué? ¿Vas a seguir culpando a Sullivan?
- ¿Y tú a mi trabajo? -lo miré unos segundos, entonces ambos negamos. Adam se sentó a mi lado y tomó mi mano-. Jamás el trabajo ocuparía tu lugar -bromeó. Resoplé y miré nuestras manos.
- Jamás Sullivan ocuparía tu lugar.
- ¿Y yo sí puedo? -intervino Gastón recargándose en la entrada-. Tengo novia, pero -me guiñó el ojo-, no tiene por qué saberlo.
- Se lo diré, aunque sea broma -lo amenacé. Gastón negó preocupado y reí.
- Ah, interrumpí su linda conversación de odio porque necesitamos irnos, Adam -dijo dudoso-. Tienes que firmar unos papeles y eso...
- En unos segundos bajo -asintió mi esposo. Suspiré nerviosa por cuarta o quinta vez. Para cuando Gastón se fue, Adam continuó-. Quita esa cara... Esta vez regresaré temprano, ¿sí?
- Sí -asentí con una mueca que trataba de parecer sonrisa. Adam me miró por un par de segundos y besó mi frente.
- ¿Estarás bien? -asentí y contuve el aliento. Adam sonrió y salió de la habitación.
- ¡Hip! Ah, vaya -bufé tirándome en la cama.
••••••••
"¿No puedes?" insistí por mensaje.
"Enserio no, Bella. Tengo una junta muy importante, en verdad lo siento" respondió Adam.
Le había pedido que me acompañara a una simple reunión de estudiantes de medicina. Las familias de la mayoría asistirían... Incluso Sullivan llevaría a Gastón. ¿Y yo...?
"Ah, está bien. Ya veo que estás muy ocupado. ¡Suerte en tu junta! Nos vemos por la tarde..." escribí para luego enviárselo.
Bueno, iría yo sola. ¡No estaría tan mal!
Eso creí hasta que entré en el restaurante en el que habíamos quedado, y vi a todos riendo con sus acompañantes. Sullivan y Gastón me recibieron con cariño y entre los tres estuvimos hablando un buen rato.
Comimos y comenzamos a platicar entre todos. Trataba de entrar en los temas de conversación, pero normalmente comenzaban a hablar sobre sus familias y demás... Así que me mantuve un tanto alejada al igual que Sullivan.
Él había perdido a sus padres en un accidente automovilístico. No hace mucho, cuando él apenas tenía once. No sabía mucho de sus padres adoptivos, pero contó que discutió con ellos acerca de irse a estudiar al extranjero y como ellos estaban en desacuerdo, Sullivan escapó.
Había varias cosas que no entendía sobre él aun, pero… Al igual que Adam, supuse que necesitaba espacio.
- ¿Una copa más? -balbuceó torpemente ya por la noche. Negué mareada.
Beber era una de las únicas formas qué él consideraba asombrosas para el olvido, y como yo soy mala bebedora, bastan dos copas para caer rendida ante la palabra del alcohol.
- ¡No! -hablé arrastrado. Todos se giraron y me miraron curiosa-. Si yo... Si yo bebo, Adam se molesta, él sim... Él siempre dice -suspiré-, si bebés... Es porque... ¿Porque qué? -reí-. ¿De qué les es... De que les hablo?
- Ya basta de beber -canturreó Gastón. Negué.
- ¡Dámela!
- Bella no.
- ¡Dámela! Es mi copa... No... No es tuya -balbuceé. Todos murmuraban curiosos así que me giré hacia Sullivan quien estaba desparramado en el suelo-. Oye tú, mocoso... Despiértate-eh -lo sacudí. Lo escuché quejarse-. Oye, me están viendo... Raro.
- Ya vámonos los dos -rio avergonzado Gastón.
- ¡No me voy a ir! -chillé-. Adam dijo, "si puedo voy" -cité recordando el último mensaje que me había llegado hace pocas horas-. Es... Espérate un tantitito más... Él va a venir porque no me va a dejar aquí, él tiene que venir -sonreí-. Porque él es mi familia, ¡eh! -agregué en voz alta-. ¡Si tengo familia! Mi mamá me dejó porque era mala, y yo... -me detuve mareada y luego sacudí la cabeza-. Mi papá me dejó también porque el vejestorio ya no quería estar aquí... ¡Y así fue! ¡Se largó!
- Bella, ya... -murmuró Gastón.
- ¡Y todos se van porque ya no me quieren! -continúe sin trabarme-. ¡Y ese vejestorio él...! -Sullivan se levantó y me dio un zape.
- Deja de llorar, ya -susurró abrazándome por la espalda. Apestaba a alcohol, aunque podría ser yo también.
¿Estaba llorando?
- ¡Solo falta que Adam me deje! -lloriquee-. Y no saben lo feo que es despertarse y darse cuenta de que, de que, de que estás sola en casa, y te llega el pensamiento de que nunca vas a volver a ver a quienes, a quienes quieres -tartamudeé.
Alguien apartó a Sullivan de mi espalda y me jaló por el brazo. Una figura grande pero delgada se posó frente a mí hincado.
- Ya, súbete a mi espalda -habló Adam. Hice lo que me ordenó sin rechistar y sollocé.
- Apesto a alcohol.
- No importa.
••••••••
- ¡Uy! -exclamé recargándome en el umbral de la entrada. Solté una risa pequeña-. Todo se mueve.
- Te dije que esperaras, puedes lastimarte -me regañó Adam. Lo miré con una sonrisa y piqué su mejilla-. ¿Qué haces?
Tras esto piqué ambas mejillas totalmente divertida. Adam se mantuvo serio, y hasta cierto punto exasperado.
- Sh -posé un dedo sobre sus labios.
- Ya basta -apartó mi mano y comenzó a andar escaleras arriba.
- Oye... No puedo subir -arrastré las palabras. Se detuvo en medio escalón y me miró expectante.
Resoplé y comencé a andar, no parecía ser tan complicado hasta que traté de subir los escalones y tropecé. Adam me sostuvo y farfulló mientras, con una fuerza brusca me tomó en brazos.
Reí, pero segundos después me callé al verlo tan serio.
- ¿Me quieres? -pregunté cuando entrábamos a la habitación.
- ¿Por qué lo preguntas?
- No me quieres -hablé atónita. Adam rodó los ojos y me dejó sobre la cama.
- Sí te quiero -lo escuché murmurar. Sonreí-. Anda ya, cámbiate y vete a dormir.
- Ayúdame -estiré mis brazos-. Por favor...
Adam se acercó y me golpeó con la almohada. Sostuve su brazo y lo jalé accidentalmente tirándolo sobre mi casi por completo.
- Esta noche dime que me quieres...
- ¿Qué? -preguntó alarmado.
- Es un libro -reí ante su cara-. A menos que... -jugué con los botones de la camisa de Adam. Éste apartó mis manos.
- Estás ebria.
- Anda -lo jalé de nuevo.
Adam me miró irritado y negó. Me hizo a un lado y se sentó en la cama. Lo escuché murmurar y reí. ¿Qué tanto decía?
- ¿Huh? -murmuré.
Adam se giró y besó mis labios con cierta frustración.
Y de ahí, ya no supe que sucedió.
••••••••
- Ay... -me quejé sobando mis sienes. ¿Qué hora era? El sol ya estaba a todo lo que da, iluminando gran parte de la habitación. Qué molesto-. Me duele mi cabeza... -gruñí removiéndome en las sabanas-. ¿Huh? -miré por debajo de ellas-. ¿Qué estoy haciendo en ropa interior...? -balbuceé alarmada.
La puerta se abrió y Adam apareció. Se rascaba el cuello perezosamente y al verme despierta bufó.
- ¿Qué con esa cara? -dijo burlón.
- ¿Qué...? ¿Qué cara...?
- Ah, ¿estás avergonzada por lo de anoche? -preguntó. ¿Lo de anoche? ¿Eh? ¡¿Eh?!-. ¿De qué te preocupas? No es nada que no sucediera antes, ¿no?
- ¿Qué pasó anoche? -dije preocupada-. ¡Oh dios! No recuerdo nada, au -me quejé ante el dolor de cabeza.
- ¿Y tú qué crees que pasó? -sonrió de manera seductora, antes de entrar al baño y encender la regadera.
¿¡Eh?!
Escena extra:
- ¿Qué quieres, primo?
- Adam está encabronado contigo ahora mismo. ¿Qué hiciste, Sullivan? -gruñó Gastón. El chico del mechón azul miró de reojo a Bella.
- ¿Yo? Yo no hice nada, déjame tranquilo, Gastón.
- Ya dime.
- Le diré a tu novia que me molestas -bromeó Sullivan, tratando de aliviar la tensión. Volvió a ver a Bella e hizo una mueca chistosa, para hacerle creer que todo estaba bien. No quería preocuparla.
- Escucha Sullivan, sé que es algo entre tú y Adam, pero por favor, así como yo no me voy a meter con ustedes dos, no te metas entre él y Bella. ¿Entiendes? -Gastón suspiró-. Bella es feliz ahora... Y si están teniendo problemas, ellos lo arreglarán. ¿De acuerdo, primo?
- Si, sí.
- Y mira, Adam es un gran chico. Quiere con toda el alma a Bella... ¿Por qué tanto odio?
- ¿Por qué? Porque me cae mal -respondió fastidiado Sullivan.
- Qué infantil...
- A ti también te desagradaba.
- Pero a mí me gustaba Bella -Gastón esperó curioso a la respuesta de su primo. Después de todo, Sullivan no le había dicho qué sentía por ella.
- ¿Y quién dice que a mí no?
- No... Sullivan, está casada. Lo sabes, ¿no?
Algo dentro de Sullivan se oprimió. ¿Enserio era tan malo? Sí, estaba casada, pero...
- Solo bromeo, Gastón -Sullivan habló con una sonrisa, fingiendo estar bien.
- Maldito susto -gruñó su primo en respuesta-. Bueno, me voy. Cuídate, ¿sí?
- Ajá...
- Adiós, Sullivan.
- Adiós, primo.
Escena extra 2:
Entonces, Bella se quedó dormida. Adam bufó y se puso en pie para quitarle los zapatos.
- Tonta, sabes que el alcohol no te sienta bien -murmuró. Soltó un suspiro cansado y le quitó su ropa, simplemente dejándola en ropa interior.
Adam se dejó caer al lado de Bella y la observó durante un largo rato. Si no hubiera sido porque los latidos de su propio corazón incrementaban, no hubiera apartado la mirada.
La quería demasiado. Pero no sabía cuándo era el momento oportuno para decírselo, o demostrárselo.
Enserio moría por estar siempre con ella.