Capítulo 8: No quiero.

2831 Palabras
            -        ¿Podrías darme mi camisa? Está sobre la cama -habló Adam desde el baño, donde se encontraba cepillándose los dientes.             -        Ah, sí -afirmé nerviosa. ¿Qué había pasado anoche? ¿Acaso él y yo...? Demonios, estaba ebria. Santa madre, ayúdame a recordar.             -        Olvídalo -susurró Adam en mi oído, y tomó la camisa de la cama. Me estremecí e inmediatamente me aparté de él-. ¿Por qué tan sonrojada? -se burló.             -        Perdóname, no recuerdo nada de anoche -bajé mi cabeza apenada. Escuché a Adam reír y me arrepentí inmediatamente de mi disculpa-. Eh, pero, ¿qué haces aún aquí? Siempre sales temprano.             -        ¿Huh? Ah, hoy no tengo nada que hacer -se encogió de hombros-. Solo quería estar en casa, con mi esposa... -comenzó a acercarse cautelosamente y retrocedí.             -        ¿Qué haces? -reí aturdida-. ¿Te sientes bien? Justo estando cerca de mí, a solo unos centímetros, me golpeó con una almohada.             -        Tonta borracha -bufó-. Enserio deberías controlar la forma en la que tomas -gruñó dándome otro golpe con la almohada.             -        Si, si, ya. Está bien -me quejé. La vergüenza que sentía era demasiada.             -        No pasó nada. Te quedaste dormida tan rápido, así que no ocurrió nada. Oh bueno, te levantaste en medio de tu sueño para ir a vomitar -rio-. Pero no sucedió nada.             -        Ah...             -        ¿Qué pasa? Pareces decepcionada -murmuró apartándose. Se tiró sobre la cama y suspiró feliz-. Qué bien, puedo descansar...             -        No estoy decepcionada -resoplé.             -        Ya veo... Lo miré de reojo. Tenía su mirada perdida en el espacio y de pronto, la felicidad que había parecido en su rostro se fue. ¿Qué pasaba? ¿Se sentía mal?             -        ¿Todo bien? -pregunté preocupada. Adam sonrió y asintió.             -        Tengamos una cita.             -        ¿Eh?             -        Ya lo dije una vez, no lo repetiré -murmuró avergonzado. Sonreí y asentí aún un poco sorprendida.             -        ¡Tengamos una cita!             -        No grites -rio. ••••••••             -        Huh... Podemos ir a algún restaurante -repetí.             -        Acabamos de comer, ¿aún tienes hambre? -farfulló. Rodé los ojos y negué.             -        Con Sullivan solemos ir a jugar videojuegos, pero a ti no te gustan -me quejé. Al darme cuenta de lo que dije, lo miré arrepentida-. No quise decir eso, eh...             -        Ya entendí, Sullivan es más divertido que yo, déjame en paz -replicó. Hice una mueca y tomé su mano.             -        No quería decirlo -insistí-. En verdad que no, eh, ¿qué podemos hacer? A ver... ¡Ah! ¡Vayamos a algún parque! A ambos nos gusta la naturaleza, ¿no? ¿Verdad que sí?             -        ¿Qué más tenemos en común? -habló molesto. Sonreí, ¿eso era lo que le preocupaba?             -        Ya te gusta Ed Sheeran -susurré. Escuché a Adam reír.             -        Eso es tu culpa -contemplé su sonrisa y asentí.             -        Mm... ¿Nos gustan los dulces?             -        A ti te gustan más -respondió apretando mi mano-. ¿Qué más? Eh, bueno, nos gusta leer, aunque sean cosas diferentes, ¿no? Tú lees tus fantasías con Ed Sheeran, y yo libros que la gente cuerda lee.             -        ¿Me dices loca? ¿Eh? -bromeé. Adam sonrió nuevamente.             -        Nos gusta Dumbo...             -        Sí, ¿qué? Espera, ¿te gusta Dumbo? -Adam asintió incómodo-. ¡Ja! ¡Lo sabía!             -        También te culpo por eso -bufó.             -        Si, sí. ¡Ah! ¡Nos gusta la lluvia! Nos gustan las galletas que hace Martha... Mm... -suspiré sin saber qué más decir-. ¡Oh! Nos queremos -sonreí-, es mutuo, ¿verdad?             -        ¿Dejando de lado que amas a Ed Sheeran y yo a Megan Fox? -asentí-. Huh, sí -golpeé su hombro a modo de juego-. Ah, ¿sabes qué podemos hacer?             -        ¿Qué?             -        Eh, hay ciertas casas que, hemos estado viendo, ¿no es así? Visitemos las que más nos han gustado -sonrió. Asentí feliz mientras lo veía sacar su celular para pedir permiso de ir a verlas. Adam y yo, como ya les había dicho, estábamos pensando en buscar una casa para vivir nosotros por nuestra cuenta. Martha y su familia, se quedarían con la casa actual. •••••••              -        ¿Muy pequeña la cocina? -pregunté. Adam concordó, recorriendo con la mirada los espacios.             -        Subamos -murmuró. La casa solo constaba de dos pisos, y comparada con la que tenemos ahorita, era obviamente pequeña. Eso era un inmenso problema para Adam.             -        Habitación principal -indicó el chico encargado de enseñarnos la casa. Observé a Adam hacer una mueca, no parecía muy a gusto estando tan encerrado-. Y solo tenemos otra habitación...             -        Huh, un poco muy pequeña -agregó Adam.             -        Eh, los dejaré discutir sobre el lugar, ¿les parece? -preguntó el encargado. Ambos asentimos y él salió de la habitación.             -        Es un buen comienzo -hablé.             -        Solo hay dos habitaciones... Y son demasiado pequeñas. En la segunda habitación no cabe una cama junto con algún otro mueble.             -        Pues sí...             -        Piensa en, eh, es una suposición, pero piensa en si tuviéramos dos niños -habló torpemente-. No habría espacio. Ni siquiera un bebé estaría a gusto en una habitación tan pequeña.             -        Bueno, es verdad -afirmé un tanto sonrojada ante el hecho de que Adam pensara en ello.             -        Quieres... Tener hijos, ¿no? -murmuró.             -        ¡Si! -asentí mientras asentía con rapidez. Adam sonrió y noté que estaba sonrojado.             -        Se siente raro. Eh, es como si hubiera pasado poco tiempo desde que te conocí.             -        Lo es -respondí. Entonces una duda surgió en mi-. Oye, esposo, ¿cuándo empecé a gustarte? -dije mientras volvía a recorrer la habitación.             -        ¿Huh? -lo vi hacer una mueca, mostrando su confusión-. Creo que... ¿Cuándo te mudaste conmigo? Sí, creo que fue entonces.             -        Tú... ¿Hablas enserio? -balbuceé. Adam asintió.             -        ¿Todo bien? -el encargado de la casa entró a la habitación y ambos asentimos, para después simplemente darle las gracias y decirle que lo pensaríamos, aunque no fuera así. Fuimos a otras casas, y el tiempo pasaba rápido. Ninguna era la suficientemente adecuada. Demasiado grande y cara, demasiado pequeña, incómoda, rodeada de casas. Adam, e incluso yo, queríamos un lugar espacioso y simple, ¿era mucho pedir?             -        Solo falta una casa -murmuró-. Podemos comprarla... Se ve bien por fuera, pero... Debemos verla por dentro.             -        Oh, está bien -asentí. Al llegar a la dichosa casa, que se encontraba en una privada, bastante espaciosa, había dos familias viendo la casa. Al entrar dos niños pasaron corriendo empujando un poco a Adam, lo escuché bufar y reí.             -        Solo son niños -le dije mientras comenzábamos a ver la casa.             -        Qué molestos...             -        Así son -me encogí de hombros-. Oh, qué bonita sala...             -        Sí, pero no actuarían de tal manera si los padres fueran estrictos -insistió.             -        Huh, parece que no te gustan los niños, pero cada vez que estás cerca de Daryl te mueres por el -me burlé. Adam frunció el ceño y resopló.             -        Porque Daryl es tranquilo...             -        Y, eh, ¿y si...? -balbuceé-, ¿y si nuestro hijo o hija fuera latoso?             -        Hm, eso es diferente... Bueno, no lo sé.             -        ¡Oh! -exclamé al ver a una chica con un bebé en brazos-. ¡Está hermoso! -chillé emocionada. El bebé me miró fijamente y sonreí-. Hola... Aw, qué bonito bebé -murmuré con voz cariñosa mientras me acercaba. La chica me sonrió y el bebé la imito-. ¿Cómo te llamas?             -        Anthony -respondió la chica, manteniendo su sonrisa.             -        Ow, qué bonito, qué bonito -chillé. Anthony soltó una risa. Estando jugando unos minutos con el bebé, Adam terminó por jalarme del brazo para apartarme.             -        ¿Qué sucede? -me quejé.             -        Vinimos a ver la casa tonta -bufó-. No a jugar.             -        Ah, sí, lo siento -miré a la señora y al bebé, y me despedí sacudiendo mi mano. Recorrimos la casa por cada rincón. La cocina era un poco más grande que la que teníamos en la casa actual, el comedor era amplio, había un cuarto extra en la primera planta, y tenía un jardín simple, pero de alguna manera, traía tranquilidad. En la segunda planta, estaba una sala de televisión, que daba con un gran ventanal. Tenía 4 habitaciones, una de ellas, estaba perfectamente amueblada con cosas de bebé. Supongo que la familia aún no ha sacado todo.             -        Oh, es Winnie Pooh -murmuré al ver al dichoso oso amarillo en una esquina del cuarto. Me acerqué y lo tomé divertida-. Hola papá Adam -bromeé mientras movía los brazos del oso. Adam resopló y de un manotazo, tiró a Winnie Pooh-. Qué cruel.             -        Es incómodo -habló mirando cada rincón en la habitación.             -        ¿Incómodo? ¿Porque no te imaginabas que esto sucedería? -me burlé.             -        Uhu -asintió-. Tú hablando de ser mamá, no puedo evitar recordar cuando te conocí y pensar que estamos ahora sí. Aún es... Extraño -sonrió.             -        ¿Cuándo me conociste? -reí-. Una chica amante de Disney, fan de Ed Sheeran, rara, eh, ¡absolutamente hermosa! -bromeé-. ¿Así me viste? ¡Oh! No, no, espera, ¿soy diferente a las demás? -lo codee aun jugando.             -        No -negó-. Es decir, en el mundo debe haber millones de chicas que sean como tú, que hagan lo mismo que tú... Pero entre todas ellas, te escogería a ti.             -        Oh -sonreí avergonzada-. Podemos esperar -hice una mueca-. Aún somos jóvenes, ¿no es así? Además, aún estoy estudiando... Un bebé... -sacudí mi cabeza eliminando cada imagen mía cargando a Daryl-. No.             -        Huh, así es -afirmó Adam saliendo de la habitación. Solté un suspiro y miré cada pared azul con varios muñecos pintados en ella.             -        Ed Lotheir -murmuré-, espera mucho más. •••••••             -        Me gusta -asintió Adam cuando salíamos de la dichosa casa.             -        A mí también -concordé con él.             -        ¿Te parece si lo pensamos un poco más antes de comprarla? También es importante que todo esté bien en el trabajo. Digamos que... En un mes. ¿Está bien? -me miró atento. Clavé mis ojos en los suyos y sonreí sacudiendo la cabeza, dando a entender que estaba bien. Si tuviera un bebé, quiero que tenga los ojos de Adam. Quiero que sea un mini Adam. Me sonrojé ante el pensamiento y agaché la mirada mientras caminábamos. Oh, una niña como Adam... Sería tan guapa y me opacaría... ¿Cómo se llamaría si fuera niña? ¿Adama? No, Dios, no. Hm, ¿Kerén? ¿Madeleine? ¿Tessa? ¿Lana? ¿Pauline? ¿Yunuén? ¿Claren? ¿Y si es niño? Puede ser Ed, pero... Mm... ¿Adam? Podría tenerlo. ¿Nate? Es su segundo nombre, me gusta. También... Uh... ¿Johannes? ¿Anthony? Muy formales... ¿Somer? ¿Christopher? ¿Alex? ¿Max? ¿Terry? ¿Justin? ¿Harry, Niall, Louis, Liam...? ¿Zayn? ¿Sam?             -        Oye tú, ¿se te fue el avión o qué? -preguntó Adam burlón. Me exalté y negué avergonzada.             -        No, no. Estaba pensando en tonterías -reí. Adam arqueó una ceja y me miró expectante-. De verdad...             -        Bueno, ¿a dónde quieres ir ahora?             -        A ver... Déjame pensar... ¡Tienda de mascotas! Debemos comprarle un disfraz de Batman a Batman, y uno de Iron Man a Tony Stark. Vamos, vamos -lo animé.             -        Bien, tú ve ahí y mientras yo voy a la biblioteca -habló aburrido. Lo miré mal y negué.             -        Tu ven conmigo, por favor -sonreí tomando su mano. Miré nuestras manos unidas y solté una risa estúpida.             -        ¿Por qué he de hacerlo? Solo te pregunté a donde querías ir, no aseguré que lo haríamos -se burló sacando su celular que comenzaba a sonar-. ¿Diga? -respondió. Caminamos un poco antes de llegar a un centro comercial, Adam aún al teléfono y yo viendo cada tienda.             -        Oh -me detuve enfrente de un local lleno de colores pastel, y con ropa de bebé. Señalé un pequeño conjunto en la vitrina y miré a Adam quien estaba distraído hablando en su celular-. Entremos -le susurré. Sin hacerme caso y solo siguiéndome, Adam y yo entramos a la tienda. Veamos... Como quiero ser la tía favorita, hay que comprarle cosas a Daryl. Adam tenía una mirada molesta, pues el lugar estaba lleno de mujeres y algunas se le quedaban viendo con curiosidad, mientras él trataba de continuar con la llamada de hace rato. Rebusqué entre varios estantes de ropa y no podía evitar soltar un chillido cuando algo lindo aparecía.             -        ¿Madre primeriza? -una de las encargadas de la tienda me habló. La miré unos segundos tratando de procesar su pregunta y negué.             -        Buscaba algo para mi sobrino -le dije.             -        Ah, ya veo -sonrió apenada-. ¿Algo en especial?             -        No, solo estoy viendo, pero... -busqué con la mirada a Adam y lo divisé rodeado por un grupo de mujeres mientras él miraba los juguetes de los bebés, aún con el celular en mano. "Poco a poco Bella, cuando menos te lo esperes, ambos querrán tener a su propio hijo", recordé las palabras que Haless alguna vez me dijo.             -        Es un señor muy guapo, ¿verdad? -suspiró encantada la encargada. Asentí aun viendo a Adam-. Ah, me pregunto si tendrá hijos... Debe ser un papá asombroso, y qué suerte la de la esposa -gruñó.             -        Ya lo creo -dije sin pensar-. Sí, es guapo... Pero por alguna razón no salía con nadie, me crucé con él y ahora estamos aquí. Tengo suerte.             -        ¿Eh? -exclamó atónita la chica.             -        ¿Bella? -Adam se giró tras colgar el teléfono. Miró asombrado a las señoras a su alrededor y me reí-. Ah, hola... ¿Me dan permiso? -en automático todas se movieron dándole el paso-. Gracias, supongo.             -        Un nuevo club de fans -bromeé acercándome a él y dejando a la encargada.             -        Eso parece -se encogió de hombros. Nos quedamos mirando unos segundos el uno al otro y luego su cara se iluminó recordando algo-. Ah, mira, mira, ven -me tomó de la mano y señaló emocionado un juguete-. ¿Crees que a Nate le guste? -preguntó sonriente. Uy, qué suerte tiene el bebé de Juliet, y aún no ha nacido.             -        Uh, sí. Solo que lo usará estado más grande -le sonreí incómoda. ¿Por qué los demás bebés para él son...? Sacudí mi cabeza y tomé su mano-. Pero le gustará.             -        ¡Ya sé! Hay que comprarle algo de ropa, un peluche o algo. Aprovechando que estamos aquí. Adam arrasó con casi toda la tienda, compró esto, lo otro y demás. Sonreí enternecida millones de veces, pero aquella punzada de tristeza permanecía dentro de mí. Mientras Adam pagaba, recorrí la tienda con la mirada. En una de las esquinas estaba una niña disfrazada de Blancanieves jugando con un peluche. Uf, a mi edad yo moría por un disfraz así... También Gastón.             -        ¡Mamá! ¡Mamá! Mira, mira, para ti -chilló un niño mientras jalaba a su madre de la camisa. La señora, embarazada, hizo una mueca, pero siguió a su hijo-. ¿Te gusta? -el pequeño le enseñó un peluche pequeño.             -        Ah, pero mira qué bonito es, sí me gusta -le dijo su madre. Agaché la mirada y próximamente me volví hacia Adam, quien inesperadamente me estaba viendo. Le sonreí como si nada y me acerqué para ayudarle. ••••••••              -        ¿Huh? ¿Un hospital? -pregunté incrédula-. ¿Hablas en serio, Sullivan?             -        Pero claro que sí, Mike -palmeó mi cabeza-. Me pregunto en cuál de todos nos tocará... Ojalá sea juntos.             -        Eso espero, imagínate que haré cuando se traten de inyecciones -balbuceé.             -        Tu solo me quieres por eso -frunció el ceño y sonreí.             -        Uh, ya acabó el descanso -miré la hora en mi celular-. ¿Qué crees que hagamos en un hospital?             -        Huh... Atender a partos, cuidar de los pacientes, asistir a operaciones. Cosas básicas, Bella -respondió.             -        ¿Y eso me sirve si voy a ser psiquiatra?             -        Si, es medicina básica -insistió-. Yo seré médico forense, o sea, esto es lo básico. La especialidad es un extra, si así lo quieres ver.             -        Qué aburrido -balbuceé-. ¿Y si vendemos tortas en una esquina o algo así? -reí esperando su reacción.             -        Eso estará más difícil, ninguno de los dos sabe cocinar -habló fingiendo preocupación.             -        ¿Tortas quemadas?             -        Me pregunto si por lo menos podremos abrir los ingredientes -bromeó. Reí y ambos entramos al aula sonriendo.   Escena extra:             -        Hola hermano, ¿qué haces? -habló Juliet con voz divertida. A lo lejos se escuchaba a Sally saludarle con un "¡Adam, hola Adam!".             -        Estoy con Bella, en una especie de cita rara... Y acaba de entrar a una tienda de bebés, genial -se quejó Adam mientas la seguía. Al entrar, el indudable olor a bebé y nuevo, lo inundó. Vio a Bella alejarse y soltó un suspiro, permitiéndose relajarse.             -        Tienda de bebés, eh. Deberías aprovechar, a lo mejor así te animas... Escucha, sé que dijiste que no querías tener hijos, pero eso era antes de casarte, ¿verdad? -Adam guardó silencio-. ¿Sigues ahí?             -        Creí que con el tiempo ella ya no querría tener bebés, Juliet -murmuró avergonzado.             -        Adam, si es por lo de Clark...             -        No solo eso -gruñó-. Apenas tengo tiempo de estar con Bella, ¿qué haré con un niño?             -        Por favor Adam, en ese caso mide tus tiempos de trabajo... Bella quiere niños, ¿no? Adam, no te estoy obligando a que lo hagas, pero piensa en ella también... -su hermana soltó un suspiro cansado-. Le habías dicho que cuando ella quisiera...             -        Sé lo que dije -intervino-, pero era porque no quería pelear con ella.             -        Adam, no.             -        Sé también que debo decirle, y lo haré. Solo debo encontrar cómo...             -        La vas a lastimar, Adam.             -        No quiero hacerlo, pero ella me entenderá.             -        Enserio -habló irritada.             -        No te molestes, vas a amargar a Nate -rio Adam, tratando de cambiar el tema.             -        Si, sí.   Escena Extra 2: Al estar pagando todo lo que le acababa de comprar a Nate, Adam esperó paciente el ticket y se giró para hablar con Bella. La vio parada y viendo con una mirada triste hacia una madre y su hijo. Su corazón se estrujó, ¿qué tenía de bueno tener hijos? ¿Qué era lo que ella podía ver de bueno? ¿Por qué no lo podía entender? Bella se giró y su mirada triste permaneció unos segundos, antes de falsamente suavizarse y acercarse a él con una sonrisa, que a él le dolía en el alma.      
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