Capítulo 6: El cambio.

2665 Palabras
            -        ¡Corre! ¡Corre! —le grité a Sullivan mientras lo jalaba de la mano.             -        ¡Estoy corriendo, Wasausky! ¡Hago lo que puedo mujer! —me gritó devuelta. Íbamos tarde. Nos habíamos quedado hasta tarde en práctica porque ambos no habíamos terminado de contestar los formularios y demás. Si no llegaba, Adam me odiaría... Y asesinaría a Sullivan. Después de que yo le había insistido para que lo invitara a su graduación, y que ni yo fuera... ¡No puede ser!             -        Ya, ya... Ya llegamos —suspiró Sullivan deteniéndose. Justo entonces... Todos salieron del gran salón. Con diploma en mano, y rodeado por un grupo de estudiantes, Adam estaba en la entrada.             -        Me va a odiar —murmuré.             -        A mí ya me odia, así que... —se encogió de hombros mi amigo y suspiró.             -        He fallado —lloriqueé—. Me va a odiar toda la vida...             -        Oye, no. Tranquila —rio Sullivan apartando los mechones de cabello que había en mi cara—. Solo finge que... Ah, pero que no puedes mentir... Uy, estas acabada.             -        ¡Sullivan!             -        ¡Bella! —gritó Sandra, llegando con Andrew a mi lado—. ¿Está todo bien? ¿Por qué no han llegado a tiempo?             -        Estuvimos en el colegio —habló Sullivan—. Teníamos que terminar algo urgente e hicimos lo que pudimos.             -        Eso explica la bata —murmuró Andrew en el oído de Sandra—. Te queda bien —dijo esta vez en voz alta. Sonreí.             -        Oh, oh. Ahí viene Satanás —murmuró Sullivan.             -        Bella... —su voz me dejó helada. Ah mierda—. No te vi entre el público —llegó a mi lado y me miró expectante.             -        Perdón —murmuré agachando la cabeza.             -        Da igual —bufó. Sí, estaba molesto—. Voy a ir con unos amigos, así que llegaré tarde a casa.             -        Enserio perdóname —me quejé jalándolo del brazo.             -        Ya te dije que me da igual —gruñó.             -        No le hables así —intervino Sullivan.             -        Ya vámonos, cariño —murmuró Andrew jalando a Sandra lejos de nosotros.             -        ¿A ti quién te habló? —le respondió Adam a Sullivan. Mi amigo guardó silencio, pero mantenía su mirada fija en los ojos de Adam, lo miraba de manera amenazante. Adam soltó un suspiro y tomó mi mano—. Vámonos a casa, quiero dormir.             -        ¿Eh? ¿Y tus amigos?             -        Solo vamos a casa —insistió. Miré a Sullivan, quien solo rodó los ojos y asintió dando la vuelta para irse.             -        Está bien... ••••••••             -        ¿No vas a ir con tus amigos?             -        ¿Por qué no llegaste? —dijo ignorando mi pregunta.             -        Me quedé en el colegio haciendo un trabajo —balbuceé—. En verdad quería llegar... Pero es que hoy la suerte no estuvo de mi lado, y parecía que entre más me apuraba, más se me hacía tarde —me senté en la cama viéndolo dejar sus cosas sobre el escritorio.             -        Tonta.             -        ¿Eh?             -        No solo hoy —continuó—. Llegas tarde a todo... Si por ti fuera, ni siquiera comerías con tal de seguir estudiando. Eso es nuevo en ti.             -        Ah, eso... Tú, ¿estás molesto por eso?             -        No molesto, solo preocupado —admitió sentándose junto a mí.             -        ¿Preocupado? Uh, pero estoy bien —sonreí—. Duermo bien, no me salto las comidas, he subido mis calificaciones... ¡Ya pude hacer la práctica con las jeringas!             -        Eso está bien —asintió—. Pero yo no lo estoy —se tumbó en la cama y cerró los ojos.             -        ¿Mm? ¿Te sientes mal? ¿Te duele la cabeza? —posé mi mano en su frente—. No tienes fiebre.             -        Estoy cansado —murmuró—. No has estado tanto en casa, y no he dormido por tu culpa.             -        Perdón.             -        ¿Estuviste con... Sullivan?             -        ¿Eh? Pues sí, somos compañeros en las prácticas y demás —asentí. Adam gruñó y se cubrió la cabeza con la almohada—. ¿Qué sucede?             -        No me has dicho felicidades —cambió el tema. Sin embargo, lo dejé pasar.             -        ¡Ah! ¡Felicidades! —chillé abrazándolo—. ¡Ya por fin lo lograste! ¡Ya acabaste tu carrera! ¡Yeih, viva mi esposo! —reí y besé su mejilla—. Oh dios, eres mi esposo. Sí, suena bien.             -        Hablas demasiado la mayor parte del tiempo... Solo quería mi felicitación. Ah, y mi regalo. Quiero un regalo —asintió—. Y comida. Tengo hambre.             -        ¿Regalo? ¿Eh? ¿Acaso mi amor no es suficiente?             -        No, quiero mi regalo —insistió divertido—. Y mi comida.             -        Ah, vaya... —me acosté a su lado y suspiré. Lo miré de reojo—. ¿Quieres en verdad un regalo?             -        Ajá —asintió—. Y...             -        Comida, claro —bufé. Rodé sobre la cama hasta colocarme sobre él.             -        Pesas, mujer —gruñó sin aire.             -        Gorda o no, me quieres —sonreí. Adam rodó los ojos.             -        Antes me quedo con Megan Fox —murmuró. Lo miré ofendida, pero terminé por reírme.             -        El día en que Megan Fox, te haga caso, Ed Sheeran me amará.             -        Jo, ¿así de grave? —se burló arqueando una ceja. Sonreí divertida y besé nuevamente su mejilla—. Hm, qué molesta. Quítate de encima... —lo miré con los ojos entrecerrados y resoplé.             -        Molesta, ja. En el mundo debe haber alguien que anhele estar conmigo —bufé.             -        Pero no pueden, porque estás conmigo.             -        ¿Y?             -        Y me amas, y yo te amo —sonrió inocentemente. Continúe con mi mirada amenazante y el solo se rio—. Ven acá, sabes que eres mía —murmuró antes de besar mis labios.             -        ¡Adam, ya...! ¡Perdón! —exclamó Martha. Me separé bruscamente de Adam, casi cayendo al suelo y la escuché reír—. Eh, ¿a qué vine? Ah, Sally, Juliet y el pequeño Nate, están abajo... —canturreó.             -        Ya bajo —murmuró Adam cubriéndose la cara. Martha río saliendo—. Por eso me quiero mudar —balbuceó poniéndose de pie—. Intimidad, solo eso. No más —reí viéndolo salir. ¿Pequeño Nate? Ah, ¿recuerdan la llamada con Juliet, donde me revelaba que cabía la posibilidad de un embarazo? ¿Se dio? No en ese momento. Ni después. Juliet estuvo triste, al saber que no lo había logrado... Sin embargo, tras hablar con Adam, él le aconsejo que iniciará un tratamiento, para que quedase embarazada. Lo está. Aún no nace, pero falta poco. Su nombre será Nate, en honor a Adam, claro está. Supongo que las cosas van bien... Suponía que sería así. Solo suponía. Siempre... Supuse todo. Porque cuando menos me lo esperé, las cosas cambiaron. Fue tan solo una semana después, cuando todo empeoró. Ojalá pudiéramos volver en el tiempo, y arreglar nuestros errores. Fue tan solo una semana después, cuando Adam anunció que comenzaría a poner su empresa.             -        ¿Es broma?             -        No. Clark me está ayudando con los planos y, algunas otras personas también lo hacen —sonrió orgulloso—. Voy bien, ¿no? Me acabo de graduar y ya empecé con mi proyecto.             -        Creí que esperarías un año para ponerlo en marcha...             -        Sí, pero eso lo dije hace un año.             -        Ah —reí—. Y, ¿de qué será tu empresa?             -        Eh, bueno, no es una empresa en sí... Es un hotel —anunció con una sonrisa—. Quiero una cadena de hoteles. Tengo un compañero que está haciendo el proyecto también conmigo, y tenemos buenos recursos. Todo va bien.             -        Es... Es asombroso —sonreí abrazándolo—. Te irá bien, ya lo verás... Le iría bien. Adam siempre hacía todo bien, jamás fallaba. En nada. ¿Yo estaría bien? Sí. No hay nada en lo que pueda fallar... Es decir, sí, soy mala en la escuela... Pero mejoré. ¿Nosotros? No lo sé. •••••••• Y fue justo el 24 de diciembre. Mi cumpleaños, Noche Buena. Sí, primero mi cumpleaños porque soy especial. No empecé bien el día. Me levanté exaltada y con un lapicero pegado con cinta en mi mejilla. Me había quedado dormida haciendo un proyecto.             -        ¡Feliz cumpleaños Mike Wasausky! —gritó Sullivan entrando a la habitación—. ¡Ya estás vieja mujer! ¡Veintitrés años! ¡Ven acá y dame un abrazo! —sonrió enredando sus brazos a mi alrededor y besando mi cabeza.             -        Gracias —reí.             -        ¡Y feliz casi Navidad! Adivina adivinadora, tengo dos regalos... Y de ti depende cuál obtienes. Hay un boleto para un concierto de Ed Sheeran junto con su meet and greet, y hay un perrito —sonrió emocionado—. Di, izquierda o derecha. ¡Rápido!             -        ¡Eh! ¡Ah, eh! ¡Izquierda! —chillé.             -        Huh —exclamó Sullivan—. Has escogido izquierda, acompáñame abajo...             -        ¿Gané los boletos? —pregunté emocionada—. ¡Quiero los boletos! Ya abajo. Todo estaba en silencio. Martha había salido en la mañana como siempre, tenía que ver a su familia y no regresaría hasta pasadas las fiestas. Roger estaba con Clark... Y Adam... Lo más seguro es que estuviese también con Clark. ¿Por qué no llegó a casa anoche? Suspiré cansada, sin embargo, sonreí y esperé mi regalo mientras Sullivan lo iba a buscar a su auto. ¿Cómo entró a mi casa? Tiene llaves, a escondidas de Adam yo se las di por alguna emergencia.             -        ¡Tada! —lo escuché gritar. Se escucharon rápidos pasos, como rasguños sobre la madera y un perro pequeño, peludo y blanco, corrió hacia mí—. Feliz cumpleaños —sonrió acercándose para sentarse a mi lado. Tomé el perrito en mis brazos emocionada. Era sin duda hermoso. Acaricié su pelo con emoción y lo besé seguidas veces en la cabeza. Espero que Batman se lleve bien con él.             -        ¿Tiene nombre? —pregunté. Sullivan negó dudando.             -        Bueno, yo lo he estado llamando Tony Stark —balbuceó—. Porque tenía una cobija de Iron Man cuando me lo entregaron —sonrió—. Sin embargo, le digo Tony porque pensé que sería raro porque... El perro de Adam es Batman...             -        Es un buen nombre —reí—. Gracias Sully —besé su mejilla agradecida y suspiré—. Es hermoso, pero no puedo evitar desear las entradas de Ed Sheeran —gruñí.             -        Tada —del bolsillo de su chaqueta mostró los boletos—. Esto te lo voy a dar de todas formas, porque yo tengo ya el mío y... Porque es casi Navidad y me agradas —rio—. ¿Estás... Llorando?             -        ¡Cómo te adoro! —lloriqueé abrazándolo. Tony se bajó de mis piernas y recorrió la sala—. Eres el mejor amigo de todo este universo.             -        Gastón se pondrá celoso —rio avergonzado—. Pero anda, ve a tomar una ducha y a cambiarte. Vamos a festejar en grande tu cumpleaños y...             -        ¿Qué hay de Adam? —intervine—. Tal vez esté por llegar, eh...             -        ¿No te ha felicitado? —preguntó incrédulo. Rasqué mi brazo nerviosa y negué.             -        ¡Pero debe ser porque está trabajando!             -        Bella...             -        ¡Lo llamaré! Así le sugiero que venga con nosotros —reí nerviosa mientras caminaba hacia mi habitación mirando con emoción a Tony, quien iba a mi lado y las entradas de Ed Sheeran. ••••••••             -        ¿Hola?             -        ¡Adam! —lo saludé—. ¿Cómo va el... Trabajo? ¿Todo en orden? Eh, verás...             -        ¿Huh? Todo está bien, ¿por qué lo preguntas?             -        Ah, para saber que... Todo este bien —reí—. Como te decía, hoy es veinticuatro de diciembre y...             -        ¡Ah! ¡Es cierto! —exclamó. Sonreí esperanzada—. ¡Tengo una reunión esta tarde! ¡Gracias por recordármelo! ¿Te veo luego?             -        ¿Eh?             -        Escucha, me tengo que ir. Pero, nos vemos en la noche.             -        ¡Ah! ¡Si! Yo, te... —y colgó— amo. No lo recordó. ¿Ni siquiera Noche Buena? Es tan fácil recordar mi cumpleaños porque es el mismo día... Gruñí aventando mi teléfono sobre la cama. Era inevitable sentirme mal. Mi esposo acababa de olvidar mi cumpleaños. ¡Toc! ¡Toc! Miré la puerta durante unos largos minutos. ¡Toc, toc, toc, toc, toc, toc, toc, toc! ¡Bam! ¡Bam!             -        ¡Ya voy! ¡Ya voy! —reí. Abrí la puerta y me encontré con un sonriente Sullivan.             -        ¿Nos vamos? ¿Viene Adam?             -        Ah... No —sonreí—. Tiene mucho trabajo. Una reunión o algo así... Pero vamos. Tal vez él y yo cenemos luego.             -        No lo recordó —murmuró atónito. Negué—. Con un carajo con él...             -        ¡Está bien! Ha estado muy ocupado —reí tratando de animarme—. Ya verás que se acordará luego... Mientras tanto, vayamos a comer. ¿Qué dices?             -        Agh. Solo porque te amo Wasausky y no quiero arruinar la cara de tu esposo en tu cumpleaños. ••••••••             -        Ya puedes irte, Sully —balbuceé cansada.             -        No. No hasta que ese bastardo llegue y te felicite —dijo antes de bostezar—. Te va a felicitar sí o sí, Bella.             -        Pero ya son las dos de la mañana —suspiré pasando una mano por mi cara. Recosté mi cabeza en el respaldo del sillón. Tony se tiró en mis piernas, mientras que Batman, quien ya se había acostumbrado a él, se acostaba en mis pies.             -        ¿Y? Ese idiota aún no llega...             -        Sullivan, está bien en verdad —le sonreí. Me miró unos instantes y murmuró algo, después negó con la cabeza.             -        No me iré. Así me corras, no me iré hasta que Adam llegue. No puedo creer que siempre llegue a estas horas...             -        Ya no es mi cumpleaños —bufé divertida—. Ya no importa —insistí—. Además, te estás cayendo del sueño. Sullivan no dijo nada y simplemente se recostó en mi hombro. Lo escuché tararear una canción mientras jugaba con sus manos.             -        No me voy.             -        ¡Sullivan!             -        No quiero dejarte sola, porque vas a llorar —murmuró—. Estás triste porque tu padre no está aquí, y porque la única persona importante en tu vida que tienes a tu lado, no te ha felicitado. Lo miré estupefacta un buen rato, antes de echarme a llorar. Sullivan palmeo mi espalda con compasión y besaba mi cabeza.             -        Ya, ya. Desahógate, Wasausky —susurró tratando de consolarme. Era verdad. Extrañaba a mi papá, incluso a mi mamá, extrañaba escuchar la música de Elvis por las mañanas y el intento de voz de Elvis del vejestorio cuando me cantaba "Feliz Cumpleaños". Adam había sido mi pilar estos años en cada festividad. Y hoy no estuvo para mí. Sí, dolía. Pero, no estuve sola, tuve a Sullivan a lado todo el tiempo. Sikha y Haless me felicitaron, Andrew y Sandra... Gastón por supuesto que lo hizo. Martha e incluso Roger. El señor Clark me envió un mensaje. ¡Clark por dios! ¿Y dónde estaba Adam?             -        ¿Ya está? ¿Te has desahogado? —preguntó Sullivan cariñosamente.             -        Eso creo —asentí.             -        Escucha, así sea tu plato de segunda mesa, tu pañuelo para lágrimas, yo me quedaré siempre a tu lado —me animó—. Porque eres la persona más importante que me queda. Y definitivamente no te voy a perder.             -        ¿Sullivan?... —balbuceé.             -        Bella, yo... La puerta de entrada se abrió silenciosamente.   Escena Extra:             -        Necesitamos hacer más grande esta zona. El terreno que tenemos, es enorme, podemos abarcar estos espacios...  —anunció Adam. Los empresarios asintieron mirando con curiosidad el plano—. Por supuesto, tenemos que empezar a ver, qué se pondrá en las habitaciones y su amplitud, por así decirlo.             -        Si queremos que sea un buen hotel, más que bueno, excelente, es necesario hacer de buen tamaño cada habitación... Para hacerlos sentir cómodos a los huéspedes —agregó un chico tratando de sonar intelectual. Absurdamente se robó la atención de los empresarios, sin embargo, Adam lo dejó seguir mientras pensaba en tratar de ampliar más el lugar.             -        ¿Hoy es veinticuatro? —exclamó el líder de los hombres de traje—. Ah, mi esposa me espera en casa —rio el viejo—. Tengo que irme, señor Lotheir. Pero, confió en usted y su proyecto —afirmó el hombre tomando el hombro de Adam con confianza. Ah, 24 de diciembre... ¿Huh? ¿Noche buena? Adam se detuvo en seco antes de salir de la sala de juntas. Miró el reloj, 9:45 pm. Vaya, ya no alcanzaría a felicitar a Juliet y a Sally. Les enviaría un mensaje. Pero algo faltaba... Algo se le estaba olvidando. Se rasco la barbilla curioso y sacudió su cabeza. No era nada. Al salir del gran edificio, camino a su auto, se fijó en las calles. Había poca gente, sin embargo, su vista se centró en una familia. Iban tomados de la mano. El padre, la niña y su madre. Los tres reían. La niña iba vestida de princesa... ¿Princesas en Navidad? Sonaba como algo que haría Bella, rio Adam mentalmente. De nuevo se detuvo en seco. ¡Mierda, Bella! Hoy es 24, se dijo así mismo, mañana es Navidad, y aún más importante, el cumpleaños de Bella. ¡Oh mierda! ¡No era posible! ¡No! Adam entró apresurado al auto y maldijo. ¿Qué mierda le compraría a las 10:00 pm, en Navidad? ¡Navidad! Mientras manejaba miraba con atención cada local. Estaban ya cerrados, era obvio. ¿Y ahora qué haría? Detuvo el auto y suspiró. La había cagado en grande esta vez.   Escena extra 2: Definitivamente no iba a llegar con las manos vacías, así que tontamente recurrió a Gastón, quien se había regresado a Estrasburgo hace poco. Y sí, mantenía una relación a larga distancia. Lo primero que recibió al anunciar que había olvidado el cumpleaños de su esposa, fue un golpe en el estómago.             -        Buen trabajo, amigo —gruñó Gastón—. ¿Lo ves? Si me hubiera casado con ella, ahora estaría llena de flores.             -        Di eso enfrente de tu novia —le retó Adam molesto—. Solo ayúdame, idiota.             -        Son casi las once y media. No hay mucho que hacer, pero... Tengo un regalo más para Bella... Es especial, y si me ayudas con algunas cosas, te lo daré.             -        ¿Qué es?             -        Una pulsera. Simple pero bella. Ayúdame a estudiar y entonces te la doy.             -        ¿Hablas enserio?             -        ¿Yo? Siempre.    
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