3

2144 Palabras
El país había estado presentando síntomas de lo que estaba por venir, yo lo sabía, mi madre me lo dijo y no fui capaz de unir las piezas. Esa era una demostración de que no soy como las chicas de las historias de la última década: dotadas de súper inteligencia, agilidad y fuerza. Yo era más bien todo lo contrario: un poco torpe, sin ser capaz de dar una respuesta ofensiva o actuar de forma ingeniosa cuando se necesita. No consideraba que no fuese inteligente porque sí reconocía que tenía mis momentos, pero lo que intento expresar es que era una chica común. El caso es que quizás yo debí unir cada pieza, cada pista que el universo me mandó, pero no lo hice. Quizás todo fuese diferente hoy si lo hubiese hecho. Me reprocho a mi misma en este momento al recordar esa última tarde en familia, al menos antes de que todo esto ocurriese y me encontrase en esta esquina con mi mente rota y mi corazón dañado: —¡Vamos Coda! ¡Salta! Entre mi padre, mi madre y yo animábamos a mi hermano a que se lanzara a la piscina por el tobogán, este no era muy alto pero para los ojos de Coda quizás lo era. —¡Tengo miedo! —gritó en la punta. —¡Tú puedes hacer todo lo que quieras! —dijo mamá. —¡El miedo está en la mente! —le dije yo. —¿Vas a atraparme, papá? —preguntó más decidido. —¡Siempre, campeón! Y cerrando los ojos, Coda se lanzó gritando más fuerte de lo que nunca imaginé en mi vida. Solo pude estallar en risas esperando que cayera al agua. Justo antes de que pudiese hundirse, papá lo tomó por las costillas y lo alzó. —¡Este es mi muchacho! —animó saltando. —¡Lo hice! ¡Lo hice! —Aplaudió – ¡Me lancé! ¡Lo hice! —Así es pequeño —mamá quitó el cabello de su frente —, eres muy valiente. —¡Quiero hacerlo otra vez! —dijo Coda sorprendiéndonos a todos. —Yo creí que te daba miedo — lancé un poco de agua en su cara. —¡No, ya no! — Me sacó la lengua mientras papá lo llevaba al borde de la piscina —, papá va a sujetarme, ¿cierto? —Así es hijo. Ese domingo mi padre había decido llevarnos a un hotel para que pudiésemos disfrutar un día entero en familia. Yo los observaba a todos agradecida de Dios por todo lo que me había permitido tener. Mis padres seguían juntos y estaban vivos, intentábamos mantenernos lo más unidos posibles, compartíamos al menos una comida al día y los domingos eran sagrados, era para la familia. Teníamos nuestras diferencias, solo Dios sabe cuántas, pero todo funcionaba. Quizás era la época del año lo que les había llenado de trabajo a los dos llevándome a estar más a solas con Coda. Papá tenía más trabajo y mamá más turnos, si habían tenido problemas económicos y por ello habían comenzado a trabajar más, no me lo habían dicho y no era el caso tampoco. Unas horas antes, durante el desayuno, papá me había confesado que últimamente había más casos de agresión en la calle, más robos que dejaban a heridos y era como si cada día aumentasen más. Por la misma razón, mamá había tenido que hacer varios turnos extras. Sin más rodeos, y aprovechando que Coda estaba en el baño, le conté a papá sobre Loco, él estuvo atento a mis palabras pero en vista de que tenía una semana sin verle, mi papá bajó la guardia. Le conté acerca de sus amenazas sobre que tenía que irme de allí antes que todo explotara y me calmó diciéndome que enviaría una patrulla cerca del edificio y que si llegaba a verlo lo llamara de inmediato. Mi padre era muy protector, quizás por todo lo que había visto a lo largo de su carrera, yo tenía que estar en casa a las siete de la noche a lo mucho, al menos que fuese al cine o a comer y una patrulla estuviese cerca. Me daba mi libertad sin embargo, el auto que me había obsequiado  hace dos meses para mi cumpleaños número veinte era una muestra de que confiaba en mí. Y es que yo no le daba problemas a ninguno, no era del tipo fiestera, amaba quedarme en casa los sábados, salía con mis amigas de vez en cuando o simplemente se quedaban conmigo. Cuando había decidido estudiar actuación a ellos no les sorprendió, dijeron que yo era tan dramática que era de esperarse. Creí que no me apoyarían esperando que yo escogiese una carrera un poco más... relevante pero no fue así y lo agradecía.             Mi madre tenía el cabello del mismo color que Coda, rubio, él se parecía mucho a ella, mientras que yo me parecía más a mi padre, teníamos el mismo cabello castaño y la nariz respingada.             —¿Qué día será la presentación de Invierno? —preguntó mamá mientras nos sentábamos en las cómodas sillas de playa con batidos en mano.             —El once de diciembre —dije rápidamente —, espero puedas estar allí, esta vez las coreografías parecen sacadas de esa película Step up y estoy muy emocionada por ello.             —Si eso es así, entonces me animaré a asistir, trataré de no aceptar turnos extras ese día —se acostó —. Esto era lo que yo necesitaba, tantos casos esta semana que mi mente estaba a punto de explotar.             —Papá dijo que se debía a que últimamente ha habido más actos de vandalismo, ¿es cierto?             Miré a Coda con papá, ambos todavía jugaban en el tobogán.             —Eso y que las personas se están volviendo locas últimamente —movió las manos exagerada —, verás, pareciese como si todos decidieran drogarse al mismo tiempo, hay personas que se apuñalan a si mismos, otras se lanzan de un segundo piso o se vuelven agresivas unas contra otras, pasando de simples discusiones y llegando a los golpes.             Aquello me habría sorprendido si no hubiese recordado que en algún lado lo escuché o lo vi, quizás lo vi en f*******: pero tampoco le presté mucha atención.             —¿Y sabes a qué se debe?             —Están investigándolo, quizás sea algo en los alimentos o simplemente este siglo —informó —, tu solo mantente lejos de recibir algo de extraños, regresa a casa temprano y no dejes a Coda en el colegio más de lo necesario.             Estuve de acuerdo con ella, lo mejor que podía hacer era quedarme en la seguridad de mi casa junto a Coda pero a este punto, pensar en lo que Caín había estado alertándome me daba más que escalofríos.             Tenía entonces esta presión en el pecho que yo bien conocía como un presentimiento, siempre había sido parte de mi sentir cuando había algo por suceder y hacía mucho que no lo sentía, pero ahora, parecía intensificarse.             O quizás era yo la que estaba exagerando el asunto.             Toda la tarde transcurrió lo más normal posible, nos divertimos y tuvimos que sobornar a Coda con una bolsa de gomitas para que pudiese salirse de la piscina.             —Can anybody find me...—comencé a cantar para cuando estábamos en el auto.             —Somebody to... —continuó papa como lo esperé.             —Love? —expresamos al unísono.             Mi padre siempre continuaba con la canción que yo comenzaba a cantar, mi madre por otro lado nos escuchaba y se reía. Coda, tocaba el piano de aire para todos.             Tres canciones después y solo restaban dos calles para al fin llegar a casa, estaba exhausta quería dormir y el clima había caído de nuevo. Las gotas caían en la ventana mientras que yo observaba el movimiento de la ciudad.             Una calle restante y fue cuando lo vi.             La respiración me faltó durante ese segundo que visualicé la chaqueta negra con capucha y mi corazón martilló para el momento en el que vi su rostro.             Era el mismo chico del día anterior, del sábado en el que estuve leyendo.                Su mirada se dirigió hacia el auto, no se encontró con la mía por el vidrio ahumado pero al menos pude ver su rostro más de cerca.             Sus facciones sí eran pronunciadas, sus labios eran delgados y formaban una línea recta, sus ojos eran de color, no podría decir cual pero eran de un color distinto al marrón porque resaltaron en medio de la lluvia.             Mi pecho se hinchó, y para cuando el auto lo dejo atrás yo me giré para verlo cruzar la calle.             Lo miré hasta que mi padre cruzó la esquina y lo perdí de vista.             Me sentí decepcionada para entonces, una parte de mi quería verlo más.             Era alto, muy alto y su espalda se notaba era ancha. Su ceño había estado fruncido dándole una apariencia dura y distante. Quizás era mi imaginación pero cuando vio el auto, fue como si su rostro se iluminase durante un instante.             Bello. Me había enganchado con un chico que quizás no volvería a ver.             Otro presentimiento había surgido en la boca de mi estómago.             Ahora puedo saber por qué, al menos lo creo: el pelirrojo traía malas noticias y creo que desde esos primeros momentos en que lo vi, lo supe. Pero claro no pude reconocerlo, ni las diferencias entre él y Caín hasta que los conocí en persona. Más o menos, no es como si hubiese compartido mucho con ellos, solo han pasado un par de horas desde que llegué a esta casa luego de correr con Coda.             Un par de horas en las que tenía que calmarme y lo único que mi mente podía hacer era recordar, repasar cada detalle que tuve que haber apreciado antes.             Como el primer encuentro con uno de esos hermanos y justo ahora es que viene a mi mente. Indudablemente me había topado con uno de ellos mucho antes y no lo había captado.             Yo había llegado del cine, tan sencillo como eso. Los padres de Amber habían ido a dejarme y por tal motivo me habían dejado al frente del edificio.             Bajé del auto luego de despedirme y me encaminé a la puerta principal, fue entonces cuando vi a un hombre parado a unos cuantos metros de la misma, estaba recostado de la pared con los brazos cruzados y una chaqueta negra con capucha que me daba la impresión de que estaba mirando hacia el museo de artes.             Un presentimiento me había golpeado en la boca del estómago y en el centro de mi pecho, que ahora que puedo analizarlo, en determinados momentos de mis encuentros con esos dos me sentí como si alguien me hubiese dado un golpe.             —¡Caoimhe! —gritó la madre de Amber.             Inmediatamente me detuve y giré para mirarla.             —No se te olvide decirle a tu madre que iré mañana al consultorio para el chequeo —agregó.             —No se preocupe, le diré.             —¡Buenas noches, Caoi! —me gritó Amber.             —¡Nos vemos! —le grité de vuelta.             Me giré para recorrer los metros faltantes y así entrar al edificio cuando mi mirada se encontró con la del hombre.             Me quedé helada durante algunos segundos pero no tan helada como me siento ahora que puedo identificarlo.             Era Abel, el pelirrojo.             ¿Por qué frecuentaban tanto por mi casa?             Era estúpida la pregunta, ellos no estaban vigilando mi casa o a mi, ellos veían y vigilaban el Museo de Artes que estaba justo al frente. Pero hay algo que no termino de entender: si Caín y Abel sabían del ataque terrorista, ¿por qué no hicieron nada por detenerlo? Nada tiene sentido más que el profundo dolor que se extiende en mi pecho por las imágenes que regresan a mi mente. Todas esas personas cayendo heridas al suelo, la explosión, el baño de sangre en las calles. Era demasiado para poder soportarlo. Necesito ayuda, necesito a alguien y ya no puedo seguir reprimiendo los sollozos. Me levanto del suelo y camino consciente del temblor en mis piernas, hasta el bolso que había preparado en casa. Remuevo las cosas un poco, agarro una botella con agua y tomo un poco intentando tragar el nudo de mi garganta pero es imposible. Busco el teléfono satelital de nuevo quizás mi teléfono podía funcionar pero lo había dejado en el auto y no tenía el valor suficiente para salir de la casa, no importando que fuese la única en kilómetros y que el mapa indicara que estaba en zona segura. Presiono el primer número para llamar a Monique pero no puedo continuar. Tengo todas esas imágenes repitiéndose en mi mente y por favor, yo soy actriz, no doctora, enfermera o guerrera. Esto me está asfixiando.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR