Capítulo 41

1023 Palabras

La madrugada era oscura y silenciosa cuando Gino despertó a Greta. El tintineo de las llaves en su mano fue suficiente para que ella abriera los ojos con fastidio, todavía atrapada entre el sueño y la irritación constante que le causaba su captor. —Levántate, Greta. Nos vamos —ordenó él con su tono característicamente frío, dejando una chaqueta sobre la silla cercana. —¿A dónde? —preguntó, mientras se incorporaba lentamente y lo miraba con desconfianza. —A un lugar más seguro —respondió sin dar detalles, lo que sólo aumentó su escepticismo. Greta no tuvo más opción que obedecer. En menos de una hora, ambos estaban subiendo a un automóvil n***o que esperaba frente al orfanato. La madrugada era helada, y aunque no intercambiaron palabra durante el trayecto al aeropuerto, la tensión entre

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